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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

De cantera gloriosa

Desde sus primeros pasos en el Toluca de México, los recreos en el colegio, las inferiores en Instituto o la apuesta al fútbol suizo, Fabricio Gilardi sigue dando pelea con la cinco en la espalda para abrirse un lugar en el complejo mundo del fútbol.


Por Ignacio Parisi y Francisco Del Río | periodico@elmilenio.info


La cantera de Instituto de Córdoba ha sido a lo largo de los años un semillero inagotable de grandes talentos del fútbol argentino y mundial. En las paredes del club de Alta Córdoba aparecen los nombres de Osvaldo Ardiles y Mario Alberto Kempes, como leyendas absolutas, o nuevas joyas como Paulo Dybala, dibujando la historia viva de uno de los clubes que más alimentó a la selección nacional a través del tiempo.

Ante esa escuela de fútbol tan particular y la mirada puesta siempre en volver a primera, Fabricio Gilardi, de Mendiolaza, realizó toda su etapa de inferiores. No obstante, su trayecto deportivo no fue el tradicional y al respecto explica: “Me tocó vivir en México un tiempo, a los diez años, por el trabajo de mi padre. Ahí pude jugar en el Toluca, un equipo muy importante, en el que, en ese momento, estaba Hernán Cristante, un arquero argentino y entrenador. Además, desde chico siempre jugaba al fútbol en el colegio”.

Ya con doce años cumplidos, en una edad clave para la formación de un futbolista, por el comienzo de las categorías que conducen a primera, Gilardi acudió a una prueba en Instituto Atlético Central Córdoba. Allí los entrenadores seleccionaron al colorado mediocampista, que poco a poco fue encontrando su espacio en el campo de juego.

“Cuando entré a Instituto era más un enganche o un volante ofensivo tirado a la izquierda. Después en las divisiones de AFA, los entrenadores me cambiaron a la derecha y pasé a jugar como ocho. A partir del tercer año en inferiores nacionales, finalmente, los técnicos decidieron ponerme de cinco. Desde ese lugar, alterné algunas veces como volante por derecha, pero la verdad es que donde me consolidé y más cómodo me siento es como volante central”, asegura Fabricio.

“Hay que estar siempre preparado, para el momento en el cual se te da una chance, poder demostrar lo que realmente sos y lo que podés dar dentro de una cancha”, remarcó Gilardi.

El Milenio: ¿Cuándo te diste cuenta de que existía la posibilidad de dedicarte al fútbol?

Fabricio Gilardi: Pienso que cuando estaba en inferiores de AFA, porque ahí te das cuenta más o menos si realmente podés jugar al fútbol o no. Si no lograste continuidad en inferiores es complicado llegar a primera. Te vas haciendo a la idea cuando te volvés más grande, quizás una buena medida es jugar contra las inferiores de los grandes del país, no es lo mismo jugar bien a nivel local que a nivel nacional.

EM: Hoy está muy en boga el debate sobre los volantes centrales o mixtos, ¿qué tipo de volante central considerás que sos?

FG: Yo me considero un cinco más de recuperación que de creación. Soy un jugador que corre mucho la cancha, quizás de chico era más ‘el habilidoso’, pero la verdad es que a medida que vas creciendo en la competencia se empareja todo y ahora soy un mediocampista que prioriza la marca, para quitar y dar un toque rápido.

EM: ¿Cómo fue tu llegada a la primera de Instituto?

FG: A los 20 años, Héctor Rivoira, un técnico histórico, que dirigía la primera en ese momento me subió a primera. Fue al comenzar la pretemporada en 2016 logré firmar mi primer contrato y ascender al plantel de primera.


“Fue difícil, porque a mí me quedaba contrato en instituto, pero sabía que iba a tener muy pocas posibilidades de competir, cuando yo lo que más necesitaba era justamente eso: continuidad”.


EM: ¿Cuáles fueron las diferencias más inmediatas que notaste en cuanto al nivel del plantel de primera en relación a las inferiores?

FG: La diferencia es enorme. Desde los entrenamientos hasta el ritmo de juego, las cosas son diferentes, las pelotas y los campos de juego son mejores. Eso aumenta la velocidad de los partidos, porque se puede jugar a uno o dos toques. Es mucho más complejo y cada equivocación cuesta un gol, en inferiores hay errores que se perdonan.

EM: Tiempo más tarde emigraste al fútbol suizo, ¿qué motivó tu salida al exterior?

FG: Permanecí seis meses en el plantel de primera, y cuando dejó de ser Héctor Rivoira el director técnico llegó Iván Delfino. En la pretemporada, junto con el nuevo entrenador, me lesioné el pie y tuve que ser operado. Quedé parado durante un mes y cuando mi lesión me permitió volver a entrenar la pretemporada había terminado, de modo que tuve que correr de atrás sin tener ninguna chance de jugar partidos.

En el verano del 2017, Delfino decidió que no iba a tenerme en cuenta para la conformación del equipo y me plantea que analice la posibilidad de buscarme otro club. De modo que decidí irme a jugar a Suiza.

EM: ¿Cómo fue ese breve proceso en el que decidiste cambiar, jugártela para ir a otra liga?

FG: Fue difícil, porque a mí me quedaba contrato en instituto, pero sabía que iba a tener muy pocas posibilidades de competir, cuando yo lo que más necesitaba era justamente eso: continuidad. Mi representante consiguió esa chance y si bien fue complejo, también fue rápido, porque me dijeron: ‘de acá a cinco días tenés que viajar’. Creo que fue mejor de ese modo, ya que con más tiempo para pensarlo me hubiese quemado la cabeza y dificultado aún más la determinación.

EM: ¿Te fuiste junto con otros jugadores de Argentina?

FG: Sí, junto con un compañero de Instituto, uno de Racing de Córdoba, otro del club Lasallano, y un jugador de Salta, que estaba en Suiza y se cambió al club nuestro. Irme junto con ellos facilitó las cosas en gran medida, allá nos esperaba algo completamente diferente, otra cultura. Jugábamos en el Club Colina D’ Oro, en la ciudad de Lugano, al sur de Suiza, muy cerca de Italia. Un lugar muy tranquilo, con un lago muy lindo y a una hora de Milán, por lo que cuando teníamos un tiempo libre íbamos a dar alguna vuelta. Un país organizado, en donde todos respetan todo y no me tenía que preocupar por nada que no fuera jugar al fútbol.


“Soy un jugador que corre mucho la cancha, quizás de chico era más ‘el habilidoso’, pero la verdad es que a medida que vas creciendo en la competencia se empareja todo y ahora soy un mediocampista que prioriza la marca, para quitar y dar un toque rápido”.


EM: ¿Con qué fútbol te encontraste en Suiza?

FG: Me encontré con un deporte mucho menos pasional, claramente. La gente no va en gran número a la cancha, de hecho, el deporte principal para ellos es el hockey sobre hielo, aunque de todos modos el fútbol va creciendo. El estilo de juego en Suiza tiene que ver con el pase constante, no se suele ver jugadores que encaren o apuesten al mano a mano. Trasladar la pelota no existe para ellos, es un modo muy táctico de plantear el fútbol, los equipos no presionan alto, sino que esperan al rival en campo propio.

Se les pide, sobre todo a los jugadores latinoamericanos que juegan en posiciones de ataque, que encaren y rompan los planteos tradicionales del fútbol europeo. Nuestro juego era un poco más vistoso en relación a lo que ellos acostumbran a ver. El equipo era de la cuarta división, así que el ritmo es bastante más lento que el de acá. Acá se juega al mil por ciento todo el tiempo.

EM: ¿Notaste alguna diferencia en cuanto a la preparación física o el modo de trabajar fuera de la cancha?

FG: Sí, eso es diferente. Lo más importante es que en Europa ya no se corre en pasadas, sino que todos los trabajos físicos, incluso los de pretemporada se hacen con pelota. Eso es algo que de a poco está llegando a Argentina. Para el jugador, en ese aspecto de la preparación, es mucho mejor e incluso más entretenido.

EM: Tiempo más tarde decidiste volver a Argentina, ¿por qué?

FG: El contrato era de seis meses. El equipo estaba peleando por salvarse del descenso, nosotros fuimos a jugar toda la segunda parte del campeonato y alcanzamos la permanencia en la categoría, por lo cual al objetivo lo logramos. Estábamos a la espera de una mejor posibilidad en el fútbol de Italia, pero al final por distintas situaciones no se dio. En ese proceso se nos hizo tarde para volver al equipo suizo y lamentablemente me quedé sin nada en ese sentido. A partir de ese momento pasé a ser jugador libre, así que traté de jugar torneos  amateur para no perder ritmo, además de entrenarme de manera individual con un profesor.

“Hoy en día yo lo que necesito es jugar, donde sea”.

EM: ¿Dónde está la prioridad deportiva para vos, en este año?

FG: Hoy en día yo lo que necesito es jugar, donde sea. Necesito minutos y mostrarme, no pienso en este momento en lo económico, porque sé que si puedo lograr continuidad y me va bien, lo económico viene solo. Ahora estamos analizando una propuesta de Suiza, de un equipo mejor al que jugué anteriormente.

EM: ¿Cómo se maneja la ansiedad, cuando no conseguís club o no sos titular en donde jugás y tenés que entrenar solo?

FG: Es muy difícil, a veces la pasas muy mal. Hay días en los que no se puede ni dormir, pensás todo el tiempo en conseguir algo y en ocasiones no se da. De todas formas, hay que confiar y seguir entrenando. Hay que estar siempre preparado, para el momento en el cual se te da una chance, poder demostrar lo que realmente sos y lo que podés dar dentro de una cancha.

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