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“Me siento un músico intimista”

Esteban Jaureguiberry presentó en Villa Allende su espectáculo musical, homenajeando a Jaime Dávalos y Juan Falú, dos imprescindibles del folklore nacional. A solas con El Milenio, el cantautor porteño, inundado de sonidos provincianos, ahondó en el porqué de su relación con la música tradicional argentina y su rica historia.


 Por Ignacio Parisi | ignacioparisi@elmilenio.info

Colaboradores: Eva Aguirre, Marisol Delfino. 4°A IENM.

Sofía Chada y Genaro Manno. 4°A IMVA


Nacido en la Capital Federal hace ya 63 años, y adoptado desde muy pequeño por Córdoba, Esteban María Jaureguiberry abrazó desde sus comienzos los compases que décadas después siguen acompañando su vida. La referencia continua y devoción por algunos de los nombres, que en definitiva marcaron un quiebre en el folklore nacional, son recuerdos valiosos de aquel niño que repartía sus años entre Ascochinga y Unquillo.

Esteban, es oficial retirado de la Fuerza Aérea Argentina, e ingeniero agrónomo. Sin embargo no duda un segundo en definirse como “fundamentalmente poeta y cantor”. En ese sentido, agrega: “En realidad la música fue lo que me motivó toda la vida. He hecho folklore y tango, pero me gusta toda la música y desde los cuatro años comencé a tocar la guitarra”.

Pocos meses atrás, este músico de larga trayectoria realizó en Villa Allende un homenaje a algunos de los exponentes de la música tradicional argentina, y al respecto asegura: “Esta presentación que hice tuvo como ejes la obra de Jaime Dávalos y la de Eduardo Falú. Son dos músicos que tienen que ver mucho con mis comienzos y dos referentes superlativos del folklore en las décadas del 50, 60 y 70”.

Este cantautor e intérprete sostuvo su carrera como solista profesional durante más de quince años, período en el cual se embarcó en proyectos que incluyen trabajos de grabación en los años noventa, en un repertorio que fusionaba composiciones propias con canciones de grandes poetas. Así pues, llegó a formar parte de los grandes festivales de la región, como Jesús María y Villa Allende, además de exponer su música en los auditorios de Radio Nacional.

A pesar de ello, admite que su terreno predilecto nunca fueron los grandes escenarios, y que sí, en cambio, las presentaciones más pequeñas y cercanas le dieron el aire necesario para poner en juego su música. “La verdad es que no soy para festivales, me siento un músico más intimista. Pude tocar durante más de quince años en teatros, anfiteatros, lugares en los que no existía una distancia entre mi lugar y el del público. Considero que siempre he hecho y le he dado al folklore un sentido cultural, he investigado en las raíces de nuestra música. Hice música didáctica en los colegios durante muchos años. Iba con un cuadernillo, con la letra de los temas y un casete, pero buscando desarrollar no solamente la parte musical”.

“La música argentina tiene orígenes muy interesantes, lo que sucede es que pocos los conocen”, afirmó Jaureguiberry.

EM: ¿Encontraste lugares para poder exponer tu arte en el exterior?

EJ: Sí, y es algo que considero muy importante. Canté en diferentes países, como México, Perú, Chile, Estados Unidos, Canadá. Quizás el día que toqué en Jesús María, en 1997, había veinticinco mil personas, pero cuando subís solo a ese escenario gigante, te das cuenta que hay mucha gente en otra cosa. Te escuchan los que están en la platea y uno busca otro tipo de receptividad. Por eso valoro más haber podido mostrar mi música tan lejos de mi casa, que en cualquier espacio o festival al cual muchos puedan considerar como “consagratorio”.

EM: ¿En esas giras, como el salir a los teatros y otros escenarios implicaba el movimiento de toda tu familia?

EJ: Sí, era difícil. Con seis hijos significaba todo un esfuerzo, pero también me ha tocado trasladarme por mi trabajo, en las Fuerzas Armadas, al sur. Me instalé en Río Gallegos y pude poner en práctica cosas muy lindas, grabaciones interesantes, así como también recorrer teatros. Siempre tuve la colaboración y el apoyo de mi familia. Casi todos los meses solicitábamos el teatro municipal o provincial y de forma independiente armábamos nosotros el recital. De algún modo transformábamos el lugar en una especie de “café-concert”.

EM: Esa didáctica en relación a la música de la que hablas, ¿fue volcada también a través de la radio?

EJ: Eso intentamos. Durante nuestra estancia en Río Gallegos, mi esposa y yo, teníamos un programa que se llamaba “Argentina, naturaleza y folklore”.  En la emisora que nos dio el espacio hacíamos un mix de varios temas que hacen al contexto y la cultura del folklore. En ese sentido íbamos desde la geografía de los lugares en donde se tocaba, hasta las comidas, vestimenta e instrumentos utilizados. Tratábamos de brindar un panorama y dejar una enseñanza. La música argentina tiene orígenes muy interesantes, lo que sucede es que pocos los conocen.

EM: ¿Qué motiva tu arraigo en particular con algunos cantautores? ¿Cuál es la huella fundamental que dejaron y te gustaría remarcar?

EJ: Yo creo que a fines de la década del cuarenta y principios del cincuenta, se produce una gran inflexión en lo que es la historia de nuestro folklore. Se empieza a escuchar música con muchísimo contenido poético. No era solamente Jaime Dávalos, sino un grupo de gente como Manuel Castillas, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, amigos que comenzaron a transformar la poesía folklórica a través de un mensaje con una profundidad y complejidad increíbles. Juan Falú toma ese arte y lo hace trascender. Creo que por ahí va la cuestión que a mí me interesa destacar y conservar.

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