Beto Bernuez, vecino de Cabana e integrante de la Comedia Cordobesa, fue distinguido como mejor actor de la provincia.

Colaboradores

  • Priscila Alzoa y Rocío Martínez.
  • Instituto Educativo Nuevo Milenio
  • Juan Cruz Martín y Nicolás Micucci.
  • Instituto Milenio Villa Allende

Hace treinta años que Beto Bernuéz decidió ser actor, aunque de niño quería ser astronauta y, como a muchos, le costó encontrar su pasión. Primero fueron los estudios de ingeniería eléctrica, luego los de astronomía, pero caminando las calles en Buenos Aires, así como se recorre la vida, se encontró con una clase maestra de clown y acto seguido comenzó los años de estudio de mimo. Fue un salto decisivo que hoy en día lo convierte en el mejor actor de la provincia de Córdoba.

Ya van diecisiete años que este actor, oriundo de Buenos Aires, vive en Cabana. El mismo tiempo que lleva su decisión de abandonar la urbe del arte para brindar una mejor vida a su familia, sin dejar su pasión de lado. Excelente decisión, pues es aquí donde todos conocieron a Beto en personajes como Thelma y Nancy, El Avaro y Ella, entre otras obras que lo distinguieron.


“Al principio, trabajé en Buenos Aires, durante diez años, haciendo teatro para niños; cinco años viviendo allá y cinco viviendo en Cabana, iba y venía. Fueron cinco años de dormir dos noches por semana en el Urquiza, fue un sacrificio con sus contrapartes. Después tenía un fin de semana largo, estaba de lunes a viernes con mis hijos, una bebé recién nacida, el otro de 3 años y era una fiesta. Después rendí el concurso para entrar al elenco de la provincia y pude renunciar a Bs As. En un momento fue una decisión de vida, renunciar a las posibilidades que me daba Bs As para quedarme acá y poder criar a mis hijos de otra manera”, expresó Beto.


Fue el corriente año que lo encontró con el Premio Provincial de Teatro como Mejor Actor, adjudicado por su ductilidad en los registros dramáticos. Este integrante de la comedia Cordobesa aprovechó su momento para reivindicar el trabajo del elenco oficial y destacar que es un “premio colectivo”.

El Milenio: ¿El hecho de vivir acá influenció de algún modo en tu carrera?

Beto Bernuez: Artísticamente no, siempre tuve una inquietud por salir de la ciudad y acá me sentí reconocido en eso, no me arrepiento y lo terminé de confirmar y lo confirmo todos los días. En Córdoba está la posibilidad de hacer media hora de viaje y ver una montaña. El que convive todo el tiempo con la naturaleza a veces se le pasa de largo, a mí no. Todos los días me sigue sorprendiendo y lo sigo disfrutando, así que sigo confirmando la decisión que tomé hace mucho tiempo.

Fue más fuerte el deseo de criar a mis hijos en otro lado que aspirar a conseguir un personaje en alguna novela y hacer castings. Desde el punto de vista de la profesión sí, porque hay un mercado laboral en Bs As para todo lo que es arte, sobre todo para los actores, son muy pocos los lugares donde uno se puede profesionalizar y trabajar. Para que se pueda trabajar y vivir de la actuación hace falta un mercado y no existe, sólo hay un apoyo institucional al teatro independiente. Tengo la suerte de formar parte del elenco oficial de la provincia desde hace 12 años. Creo que es algo que todavía se le debe al país, la federalización de ciertos mercados para que haya profesionalismo, no por la calidad sino para que la gente pueda hacer de una actividad artística una profesión.

EM: ¿Cuándo supiste que esto era lo tuyo y te empezaste a sentir actor?

BB: Fueron varios momentos. La primera vez que me metí en un taller de clown por casualidad, no sabía a qué entraba ni qué hacía, eran gratis en ese momento así que me metí, y pasé a un ejercicio que me gustó mucho y me costó, pero salí y dije “Esto me gusta”. Después hubo algunos momentos particulares, me ha tocado hacer obras con directores muy importantes y actores que admiraba mucho y poco antes de entrar decía “¿Para qué me metí en esto? ¿Quién me mandó? No me van a pagar un peso y encima estoy sufriendo”. Era mucho sufrimiento cruzar el umbral con un personaje y un montón de gente mirando y esperando algo de uno. Ese tipo de presiones me ayudaron, esto es lo que me gusta y es lo que quiero hacer. Y me pasó una u otra vez.

EM: ¿Has tenido maestros o referentes que te marquen?

BB: Sí, en general uno se enamora de los maestros de teatro, sea el que sea. Te invitan a un mundo tan maravilloso que terminás idealizando, enamorándote, siempre hay cosas para aprender y como es una actividad que se le puede entrar por distintos lugares, no hay una técnica especial o científica de cómo representar a un rey que está a punto de matar a su hermano, hay muchas maneras de entrar con caminos más largos o más cortos.

Mi principal maestro fue Raúl Serrano, un gran docente que tiene una escuela y fue quien me marcó técnica y éticamente. Me trasmitió una cosa ética con la actuación, cómo ser honesto con uno mismo y cómo usar esta profesión de una manera ética.

EM: Y cuando te tocó a vos ser docente ¿sentiste esa responsabilidad?

BB: Sí, es una responsabilidad y hay gente que la usa muy mal, es como el psicoanálisis, se genera esa trasferencia y en un momento, donde uno se entrega a la gente, se produce como un enamoramiento que no tiene que ver con lo sexual, sino con idealizar. Me ha pasado acá, hacía teatro con vecinos de Unquillo entonces venía el de la cooperativa de agua, el veterinario, el escribano y el otro que no tenía laburo, pero venía para hacer algo en su día. La mayoría esperaba el martes, era un momento particular como un desahogo terapéutico.

EM: ¿Cómo es trabajar con tonada porteña en la comedia cordobesa?

BB: En Córdoba hay un prejuicio muy grande por parte de los formadores de actores, no quieren que se note la tonada cordobesa, y es como matar la identidad, cosa que me resulta muy raro. ¿Por qué no se puede hacer un Shakespeare con un par de vocales dobles? Se hace todo un trabajo para anular la identidad sonora. En mi caso, tuve que matar mis identidades porteñas que no las notaba tanto hasta que llegué a Córdoba.

EM: Tanto en lo personal como en lo profesional, ¿Qué significa para vos ser el mejor actor de esta provincia?

BB: Me lo dieron por dos obras: El Avaro y Ella. Ahora estuve en Mar del Plata, en el Festival Iberoamericano de Teatro y también recibí una distinción como mejor actor. Es un reconocimiento que me da la sensación de que voy bien, hice mucho hincapié, cuando recibí el premio, en el tema de ser empleado público porque es como decirle a la comunidad teatral de Córdoba “somos empleados públicos, pero le ponemos la pasión como si estuviéramos haciendo teatro sin nada”.

Lo siento como un reconocimiento colectivo a toda la tarea que hacemos; lo que tiene este trabajo es que una vez arriba del escenario estás solo con el personaje y tenés que defenderlo, uno se juega por lo que ama, por eso todo el trabajo previo de ensayo se hace para llegar bien a ese momento, porque está la pasión de uno en juego más allá del trabajo, en todo el elenco de la comedia eso se vive permanentemente.