PONIENDO PALABRAS AL SILENCIO

La docente y escritora Magdalena Hernández presenta mañana su segundo libro “El hijo de la guerra”, una novela histórica juvenil que busca acercar a los adolescentes a una etapa a veces poco recordada de la historia argentina (la Guerra de Malvinas) y reivindicar las vivencias de los jóvenes que participaron en ella.

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

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Magdalena Hernández sigue llevando su pasión por la enseñanza mucho más allá de las cuatro paredes del aula. En septiembre del 2015, esta docente de nivel primario y vecina de Villa Allende había publicado su primer libro “Un amor de muchos años”, una obra infanto-juvenil ambientada en la ciudad donde vive que rescata el profundo lazo afectivo entre un abuelo y sus nietos.

En esta ocasión, la maestra y escritora renueva su apuesta con una novela histórico-romántica juvenil que vuelve sobre uno de los capítulos más tristes y, en cierto modo, menos recordados de la historia argentina: la Guerra de Malvinas. “El hijo de la guerra” se presentará mañana 11 de agosto en el auditorio del Instituto Milenio Villa Allende, a las 18:45, con entrada libre y gratuita.

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Como ya había ocurrido con “Un amor de muchos años”, la nueva obra literaria de Hernández no está exenta de la misión educativa que caracteriza a su autora.


“Soy docente de nivel primario y me encanta, creo que, si volviera a nacer, elegiría de nuevo la docencia. Y los escritores también estamos siempre enseñando. En definitiva, uno no puede dejar de lado lo que es, y yo primero soy docente”, afirmó en entrevista con El Milenio.


El Milenio: ¿Cómo empezaste a escribir?

12039694_153773574968415_5557447276392414093_nMagdalena Hernández: La verdad empecé de grande. Yo no tuve mucho acceso a los libros en mi niñez: mi familia era gente de campo, muy austera, así que en mi casa había pocos libros. Aun así, en el primario empecé a escribir poesías, tenía buenas notas en Lengua y los profesores siempre me buscaban para hacer alguna redacción para los actos y esas cosas. De alguna forma, eso fue algo que quedó adentro mío.

A los 35-36 años sentí la necesidad de volver a escribir. Tuve la oportunidad de publicar dos libros y tengo muchos otros textos escritos, poesías, cuentos para chicos, que aún no me animo a sacar a luz. Así que mi despertar en la escritura fue de grande, tal vez porque, para escribir, hay que tener el alma en calma. Y por ahí, cuando uno cumple cierta edad, es como que le va encontrando el sentido a las cosas.

EM: ¿Y cómo sentís que se relaciona tu vocación docente con tu actividad como escritora?

MH: Creo que son dos actividades que se relacionan bastante bien. Por ahí es un poco difícil porque la docencia lleva mucho tiempo y dedicación, pero a la vez es una fuente de inspiración para mí. Además, ambos libros tienen que ver con mis alumnos, porque el primero es un relato para niños que rescata los valores, el respeto por la familia, el rol de los abuelos y muchas cosas que hoy se están perdiendo; y el segundo está más orientado a los jóvenes del secundario, con la idea de que los chicos puedan meterse en una historia que quizás está bastante olvidada, porque incluso en las mismas escuelas no dedicamos mucho tiempo al Día de los Veteranos y Caídos en Malvinas, es una efeméride más, cuando en realidad ha sido una etapa histórica muy intensa y muy cercana, en la cual mucha gente participó y hoy se siente olvidada. De algún modo es una herida abierta.

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EM: ¿De dónde surgió la idea de escribir un libro con esta temática?

MH: Nació de mi propia historia personal, porque yo tengo un primo que combatió en Malvinas y siempre me quedó algo dando vueltas con ese tema. Cuando el volvió, yo, en mi adolescencia ingenua, la pregunté cómo le había ido y él me dijo: “no tengo nada para contar”. Y desde ese día, nunca habló sobre Malvinas, excepto en muy pocas ocasiones. Vivió algo terrible y realmente nunca lo pudo expresar.

Entonces en este libro yo quería contar un poco las cosas que esos chicos pasaron, porque si bien es una novela de amor, el escenario es Malvinas y la Guerra de Malvinas y aparecen cartas donde un soldado escribe las cosas que va viviendo en el momento, como un diario. Este libro fue como poner en palabras ese silencio de mi primo y el de tantos otros.

EM: ¿Por qué decidiste apuntarlo al público joven? ¿Tu intención es que se trabaje el libro en las aulas?

MH: Sí, me parece que se puede acoplar al programa del nivel secundario, aunque obviamente cualquiera lo puede leer. Mi objetivo es que los docentes puedan utilizarlo para trabajar valores como la amistad y el amor, así como también para introducir a los alumnos en un contexto que les permita desarrollar otros temas.

Es un libro con mucho contenido histórico y a la vez es una forma distinta de llamar la atención de los jóvenes. No es lo mismo engancharlos a partir de una historia de amor, que es algo que está muy presente en la adolescencia, que largarles un libro de historia sobre Malvinas que no les va a generar ningún interés.

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EM: En este sentido, ¿qué opinás sobre la relación de los niños y jóvenes con la literatura?

MH: Creo que todos los chicos tienen un interés innato por la literatura, pero que se desarrolle o no depende no sólo del acceso a los libros, sino fundamentalmente del estímulo que les damos los padres y los docentes, de la forma en que los adultos los incentivemos y les abramos las puertas a la literatura. Que no sea simplemente “lean la página tanto”, sino jugar con ellos, crear situaciones, despertar su curiosidad antes de ir al libro. Para que un chico lea no basta con regalarle un libro, hay que impulsarlos.

EM: Por último, ¿qué conclusión te queda a vos tras escribir “El hijo de la guerra”?

MH: En el proceso de escritura, muchas veces sentí una enorme tristeza, porque para mí era algo que había vivido muy de cerca. Yo amaba a mi primo, yo tenía 12 y él 18, era un ídolo para mí, y recuerdo muy bien esa sensación de no saber si iba a volver. Yo creo que los ex combatientes no son reconocidos y se sienten olvidados, es una herida que no pueden cerrar. Al escribir este libro me quedó la satisfacción de decir bueno, yo los reconozco, y desde mi humilde lugar, yo les agradezco.

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