Enseñar más allá del aula

Magdalena Hernández es docente y vecina de Villa Allende desde hace varios años. Recientemente, ha añadido un nuevo adjetivo a esta pequeña descripción: escritora. “Un amor de muchos años” es el título de su primer libro, una historia sobre el profundo lazo afectivo entre un abuelo y sus nietos, ambientada en la ciudad donde ella misma vive. En entrevista con El Milenio, Hernández habló de su trabajo con los niños y con la palabra.

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

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“Mi despertar en la escritura fue a los 40 años, tal vez porque, para escribir, hay que tener el alma en calma. Cuando uno cumple cierta edad le va encontrando el sentido a las cosas”, comentó la escritora Magdalena Hernández.

Magdalena Hernández es una de esas “seños” que van mucho más allá de los deberes del aula para convertirse en maestras de la vida. Hace poco, esta docente de nivel primario se convirtió en escritora y decidió volcar toda su dulzura y su aprendizaje en un libro que busca rescatar los valores fundadores y fundamentales de la familia, en medio de una época que parece olvidarlos cada vez más.

“Un amor de muchos años” es la historia de un abuelo y sus nietos en ese “lugarcito bello” que es Villa Allende, ciudad donde reside Hernández, un relato tierno y emotivo que reivindica la figura de estos miembros tan importantes y a veces tan olvidados de la familia. “Benditos son los abuelos que le quitan tiempo al reloj y se los regalan a sus nietos”, dice un fragmento de esta novela infanto-juvenil, pensada para niños de 9 a 15 años. “Escribí por todos los que siguen apostando a su lugar, a sus afectos y a los recuerdos, que son una mirada profunda al corazón”, manifestó la autora.

El Milenio: ¿Qué te inspiró a escribir “Un amor de muchos años”?

Magdalena Hernández: La idea de este libro siempre fue trabajar sobre los valores, fundamentalmente los valores de la familia. A la vez, decidí hacer hincapié en la figura de los abuelos porque me parece que cumplen un rol importantísimo en los hogares, son los que están siempre pendientes de cubrir los espacios vacíos o de contener a la familia ante uno u otro problema. En la escuela donde trabajo veo que es muy importante la participación de los abuelos, por ahí las madres estamos más presentes en el hogar.

EM: ¿Por qué escogiste esta temática?

MH: Decidí trabajar en los valores para aportar un granito de arena a las familias y las instituciones de nuestra sociedad. No hay que olvidar que las familias son las primeras gestoras de los valores, allí nacen los principios que después se fortalecen en la escuela, el club o cualquier otro ámbito. Pero tenemos que tener cuidado porque también los valores pueden dejar de existir, por eso hice este trabajo.

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EM: ¿Desde cuándo te considerás escritora?

MH: Yo escribo desde muy pequeña. Como dice en la solapa del libro, en mi infancia no tuve mucho acceso a la literatura porque en casa no se acostumbraba leer y casi no había libros, pero sí pude acceder a la imaginación. Entonces yo me creaba mundos imaginarios y escribía sobre eso. En lengua siempre tenía buenas notas, en las demás materias no pero en lengua sí, porque me encantaba escribir. Aun así, creo que empecé a considerarme escritora desde que pude escribir una historia suficientemente importante como para ser plasmada en una novela. Cuando terminé este libro, me sentí escritora.

EM: ¿Sentís que tu trabajo como docente te incentivó en este sentido?

MH: La verdad que sí. En el cole muchas veces yo les decía a mis alumnos, que son niños de primaria, “vamos a escribir un texto”, por ejemplo, sobre la primavera. Pero cuando me traían la hoja habían escrito tres renglones, cuatro como mucho, y cuando yo les decía que escribieran un poco más empezaban con el “nooo seño”. Entonces, como veía que les costaba, empecé a hacer trabajos en la escuela yo, a escribir junto con ellos, en función de las ideas que se les iban ocurriendo. Ahí empezó esto de escribir para chicos y, a la vez, motivarlos para que escriban ellos mismos.

EM: ¿Ahí descubriste que esto era lo que te gustaba hacer?

MH: De alguna forma sí, además yo muchas veces hacía escritos y los llevaba, poesías para el Día de Malvinas o para el Día de la Madre, y los chicos siempre me preguntaban el nombre del autor, pero yo no les decía que eran cosas mías.

A los chicos siempre les digo que hay un tiempo y un despertar para todo. Mi despertar en la escritura fue a los 40 años, tal vez porque, para escribir, hay que tener el alma en calma. Hay que encontrar el momento, lo cual tampoco es fácil. Y por ahí, cuando uno cumple cierta edad, es como que le vas encontrando el sentido a las cosas.

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EM: ¿Cómo empieza un libro para vos? ¿Qué “pasos” seguís?

MH: Yo empiezo a escribir de manera desordenada o tomando apuntes. Tengo una libreta que llevo a todas partes, cuando se me ocurren frases buenas las voy anotando y a partir de ahí me surgen ideas para seguir escribiendo, son como un pie para mí. Escribo en cualquier lugar que me motive. Después, la propia historia te va impulsando. A medida que vas escribiendo, te vas insertando cada vez más en el mundo ficticio, vas creando los personajes, vas viendo qué le falta, hasta que llega un punto en que decís “ya está, acá terminó”.

EM: ¿Estás escribiendo actualmente?

MH: Sí, estoy trabajando en un libro que se llamará “Cartas en Malvinas” y que también habla sobre los valores, aunque capaz que toque más a los varones. Ojalá pueda terminarlo, porque me está resultando difícil, a veces hasta me angustia, porque uno cuando escribe también estudia, y a veces recibo comentarios o historias de ex combatientes que son muy duras. Al ser mujer, por ahí la guerra te impacta más, porque las mujeres somos creadoras de vida y por eso yo creo que hay cosas que nos emocionan más que a los hombres. A mí me está costando bastante, pero espero poder terminarlo.

 

 

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