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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

De Medio Oriente a Sierras Chicas

Medio Oriente parece un lugar lejano para muchos vecinos de Sierras Chicas, pero no para Bailarines Unidos Córdoba, un ballet de casi 30 integrantes dedicado a las danzas árabes y a la difusión de la cultura de esta región del mundo. Tras su presentación en la Casa de la Cultura de Villa Allende, representantes de la agrupación cuentan de qué se trata esta particular disciplina artística y la complejidad de su práctica.

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Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Colaboración: Ludmila Macchiarola y Katia Dietrich (4° IMVA).

Cuando se habla de “danzas árabes” muchos se imaginan la clásica figura de la odalisca envuelta en ropas translúcidas que baila moviendo las caderas con sensualidad al mejor estilo Shakira. Sin embargo, las danzas árabes son la expresión de las milenarias culturas de Medio Oriente y nacieron mucho antes de que Hollywood las popularizara a través de la conocida “Danza del Vientre” (belly dance) allá por 1930.

Así lo explicaron María Eugenia Vicentini y Fernanda Beatriz Fabro, ambas vecinas de Sierras Chicas y representantes de Bailarines Unidos Córdoba, una agrupación de danza especializada en los ritmos árabes que, desde hace más de 20 años, trabaja con dedicación y esfuerzo en la difusión de las culturas de Medio Oriente.

El Milenio: ¿Cómo surgió este grupo de bailarines?

María Eugenia Vicentini: El grupo nace a partir de una expresión artística que es la danza terapia, donde mujeres de diferentes edades nos juntamos para levantar la autoestima digamos, porque en la actualidad hay muchos problemas en torno a la mujer: que si trabajás no sos mamá, si bailás sos una loca, si trabajás y dejás a tus hijos está mal.  Entonces, a través de diferentes temáticas, nos unimos un par de profesoras como para distraerlas de todo eso. Yo empecé a trabajar en la cárcel de Bouwer de hecho. Ahí nació la propuesta de que diferentes mujeres nos juntemos una vez cada tanto para entretenernos y olvidarnos de los problemas.

EM: ¿Cómo se traslada una danza que es típica de Medio Oriente a un lugar como Argentina?

MEV: Yo vengo de la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba, que es una entidad donde se enseña todo lo que es cultura de Medio Oriente. Entonces primero tenés que respetar esa cultura que no es la de tu país, lo cual puede ser muy difícil, más con todos los problemas que hay en esa región.

Fernanda Beatriz Fabro: Más que nada porque para ellos encierra todo el tema de la religión, que por ahí es vista como machista. Entonces vos tenés que respetar sus costumbres en ese sentido, más allá de que nosotros estemos en un lugar donde las mujeres somos totalmente libres y hacemos un montón de cosas que tal vez allá no son bien vistas. Nosotras estamos muy relacionadas con el cónsul de Siria, él nos abala todas las actividades que hacemos. Además manda todo a Siria entonces desde allá nos hacen comentarios sobre los vestuarios por ejemplo, o nos indican si alguna danza no estuvo de acuerdo con las costumbres, porque más allá de las fusiones que existen hoy en día, hay normas que tenés que respetar.

MEV: Es una cuestión de respeto hacia la disciplina, las costumbres, los países: Siria, Líbano, Egipto, Marruecos, Turquía, Estambul, etc. En Medio Oriente está el cristianismo ortodoxo pero también la religión musulmana, y a pesar de las diferencias hay muchas cuestiones de hermandad entre las diferentes religiones, como el Comipaz (Comité Interreligioso por la Paz). Yo soy musulmana y Fernanda es cristiana de hecho.

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EM: ¿Cómo aprendieron a bailar ustedes?

FBF: En realidad esto es algo que se transmite de generación en generación. Nosotras tuvimos la posibilidad de estudiar en diferentes lugares con referentes importantes dentro del mundo árabe e ir adquiriendo prestigio, aunque seguimos especializándonos. El tema es que no hay una certificación oficial para esto. No es como psicología que estudiás en la universidad y te dan un título. Entonces hay un montón de escuelas de danzas árabes, un montón de gente que baila danzas árabes y a lo mejor hicieron un año o dos, aprendieron dos o tres pasos y ya se ponen una academia. Y esto es mucho más, esto tiene cultura de por medio, no es sólo un ritmo más. Cada movimiento tiene un porqué, un significado, está asociado a tal o cual dios. Por eso nosotras decimos que somos un ballet, no una academia. Hacemos folclore árabe.

Después está el belly dance por ejemplo, la “danza del vientre”, que se baila con el traje de dos piezas mostrando la panza, lo que se ve en todas las películas de Hollywood y en realidad eso es algo que no existe o que difícilmente vas a ver allá, porque la mujer está tapada todo el tiempo, se baila con túnicas y demás. Todo ese belly dance de las películas en realidad es algo que la mujer hace para su marido solamente, dentro del hogar, en el harén. En la calle la mujer está toda tapada, tiene prohibido mostrar el pelo y las extremidades. Las que son muy ortodoxas no muestran ni los ojos, porque todo es para su marido.

MEV: Depende del país en realidad. Por lo general eso es más fuerte en Pakistán, Irán, Irak, que son los países donde predomina el islam y en el islam a la mujer se la cuida como un tesoro. Depende mucho del ambiente en que vos estés. Oriente Medio abarca 22 o 23 países de los cuales Egipto es como la base de toda la cultura mitológica y la civilización en esa región. Entonces la danza hace que vos te incorpores con los dioses a esa cultura milenaria que ingresa a tu cuerpo y se expresa. Pero cada país tiene su música, su vestuario, su maquillaje.

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EM: ¿Está bien llamarlas danzas árabes?

MEV: Danza es una sola, la expresión del cuerpo en movimiento. Lo de árabe viene porque hay un lenguaje que une a estos países, pero cada país a nivel folclórico baila de una forma diferente.

FBF: Y cada danza tiene su vestimenta también. Lo que pasa con las fusiones (con el clásico, con el tango, etc.) es que, a nosotros nos puede gustar o no, pero ellos ven eso y es como si nosotros viéramos un folclore bailado con short y pupera, o un tango en malla. Su danza es su tradición, su cultura, y eso lo respetan a raja tabla.

EM: Hablando del tema del vestuario, ¿quién confecciona sus trajes?

MEV: Como en toda danza milenaria, es todo un ritual hacer el traje, y cada danza tiene sus requisitos de vestuario. Hoy en día un traje oriental original no baja de los 5 mil u 8 mil pesos, porque son piezas de strass, lentejuelas tornasoladas, cristal de cuarzo (todo bordado a mano uno por uno), gasa de seda natural, que acá no se consigue. No es así nomás, es un ritual, no podés usar cualquier traje. Nosotros trabajamos, participamos en eventos, hacemos shows y juntamos el dinero para comprar tela a por mayor, pagar el maquillaje, los aros. Por suerte la colectividad árabe nos atiende especialmente, porque nosotros representamos a sus países, pero nada es gratis.

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EM: ¿Son todas mujeres en el grupo o hay hombres también?

MEV: Hoy somos alrededor de 30 bailarines de edades dispersas, desde los 15 hasta los 50 años, y de distintos lugares, muchos de la zona de Sierras Chicas. Hemos logrado que se acerquen los hombres, tenemos entre 8 y 10. Es algo medio difícil porque les da vergüenza. De hecho hacemos una danza tradicional sirio libanesa que se llama “Dabke” que es interpretada exclusivamente por hombres. Es como un zapateo, parecido al malambo.

Tiene su historia también. La región del Líbano es una zona lluviosa y los techos de las casas se hacían de barro, pero de tanta lluvia empezaban a romperse, entonces el dueño de la casa subía al techo y empezaba a apisonar el adobe. Luego venía otro vecino y le ofrecía ayuda, entonces se tomaban de las manos y pisaban juntos. Después alguna esposa les recitaba un poema, otros tocaban música y así empezaban a bailar mientras arreglaban los techos. El Dabke es una danza de hermandad del pueblo.

EM: ¿Qué opinan de este boom de Medio Oriente que hay ahora a raíz de las novelas turcas?

MEV: La gente piensa que viendo una novela como “Las mil y una noches” conoce más de la cultura oriental, y no es así, porque no se representa cómo son las cosas en realidad. Se ve que las mujeres son golpeadas permanentemente y no es así, la mujer es un tesoro para ellos. El vestuario es todo musulmán y está bien, pero hay otra realidad también. Acá también tenés Recoleta de un lado y la Villa 31 del otro. Es como en las películas cuando muestran una cárcel y “ai, son todos sucios, violentos”. Yo trabajé 8 años en la cárcel de Bouwer y nunca me faltaron el respeto ni necesité nada. Yo fui a darles danza a las presas una por una, y ellas aprendían de bordado, ritmología, música, cultura, porque las danzas árabes conllevan muchas disciplinas.

FBF: Es una moda digamos, hasta les ponen nombres árabes a los recién nacidos y ni saben qué significa. Algunas cosas sí se difunden más y están buenas, pero el maltrato de la mujer yo considero que no es tan así allá. Lamentablemente eso es lo que vende, lo que la gente quiere ver.

EM: ¿Y les generó más espectáculos esta moda?

MEV: La verdad que no, pero gracias a Dios nos llaman de muchos lugares, para casamientos, fiestas de quince, egresos, etc. No paramos nunca, tenemos programado todo el año. Incluso tenemos planeado viajar este año al Sur, a Buenos Aires, Colombia, Chile, Perú. Nosotros trabajamos mucho para brindar un buen espectáculo, que la gente realmente disfrute el show y no se lo olvide más.

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EM: ¿Y van a competencias?

MEV: A nosotras no nos gusta competir, porque hoy las competencias están muy fusionadas al belly dance y porque es una cuestión que afecta mucho al autoestima. Nosotros preferimos lo solidario y amistoso. Ayudamos a que los que vienen se sientan más cómodos consigo mismos, les hacemos entender que cualquier persona puede bailar. Desde el día que entrás, ya sos parte del ballet, y entre todos ayudamos para que vayamos a un ritmo parejo. Más que una danza es un ritual de unión, donde aprendemos movimientos y hay una cultura de fondo. La danza te da vida, no se trata de hacer algo para competir, sino de hacerlo porque realmente te hace bien.

EM: ¿Cuál consideran que es el mayor logro de este ballet?

MEV: La unión de amistades, la fuerza grupal, el respeto, el seguir adelante ante la adversidad y los problemas. Nos juntamos hace más de 20 años, aunque no siempre han permanecido los mismos, la esencia siempre se mantuvo. Aunque haga frío o estemos complicadas, vamos igual. Hay mucho compromiso.

EM: ¿En qué proyectos trabajan actualmente?

MEV: Trabajamos en un montón de proyectos pero podríamos resumirlos en seis palabras: bailando juntos creamos una realidad diferente. Es un muy buen proyecto que trato de aplicar en todos lados. Bouwer fue mi mejor experiencia, porque sacarles una sonrisa a jóvenes de 15 años que se equivocaron, quedaron embarazadas o se metieron en la droga y ahora nadie les da trabajo, nadie las reintegra, es realmente muy valioso. Es una forma de ayudar, a través de la danza uno puede rescatar a gente buena que en algún momento de su vida cometió un error, a mujeres golpeadas, que es un tema terrible que vemos todos los días y lo vivo con mis alumnas incluso.

FBF: Muchas jóvenes se ponen de novias y ya a esta edad sus parejas las golpean, y ellas muchas veces lo permiten lamentablemente. Entonces a través de este grupo las ayudamos a ver: “si tu novio es muy celoso y te hace escándalos, chau”.

EM: ¿Dónde se imaginan de acá a 5 años?

FBF: En el mismo lugar.

MEV: Por ahí pensamos: “uh estamos grandes, ya está”, pero es algo que amamos y, si ya nos quedamos tantos años, calculo que nos vamos a seguir quedando.

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