Cultura

Un maestro en la casa de Spilimbergo

En el marco de la reapertura de la Casa – Museo del maestro Lino Spilimbergo, el reconocido artista plástico Álvaro Izurieta expone sus obras más reconocidas.

En el marco de la reapertura de la Casa – Museo del maestro Lino Spilimbergo, el reconocido artista plástico Álvaro Izurieta expone sus obras más reconocidas. Con más de 70 años, el pintor solo desea emocionar con su arte al público de la región.

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Álvaro Izurieta junto a la artista plástica Ana Lía Schneider, actual Directora del Museo Spilimbergo, en la inauguración de su mas reciente exposición. Foto: Eduardo Parrau para El Milenio

Por Matías Pérez | matiasperez@elmilenio.info

Colaboración: Alejo Zentena y Lorenzo Acosta, 4° IENM.

¡No vemos más obras suyas en las vidrieras! Tras estos reclamos de los vecinos de la ciudad de Unquillo, el maestro Álvaro Izurieta se cuestionó el no haber expuesto sus trabajos durante más de 10 años en dicha localidad. Fue así, como antes de viajar a la ciudad de Buenos Aires, donde va a realizar una gran muestra en la casa de la provincia de Córdoba, decidió contactarse con las autoridades del Municipio.

El objetivo de Álvaro, y al conocer que la Casa – Museo Lino Enea Spilimbergo se encontraba prácticamente sin actividades, fue el de organizar una muestra de sus últimos 30 años de trayectoria. Pero la gestión del lugar fue más fácil de lo esperado para el artista, ya que recién acababa de asumir como directora del histórico lugar, la artista plástica Ana Lía Schneider.

En este sentido y tras acordar un acercamiento con Schneider para comenzar la organización de la muestra, en 15 días la misma quedó inaugurada con la presentación de 21 obras originales, un poco más de lo que se tenía estipulado en un principio.

En cuanto a la temática, el recorrido por la sala mayor de la casa de Spilimbergo llevara a los visitantes por un viaje a través de temas muy diversos como animales, paisajes, retratos, composiciones, interiores, además y como yapa para quienes la visiten, hay una selección de cerámicas.

“Esta es una etapa muy importante en mi vida, puedo decir que a los 71 años he pintado mucho, por lo que hoy tengo un montón de cosas para expresar, porque la vida ha sido intensa y cargó mi espíritu de varias cosas: fracaso, alegría, entusiasmo, frustraciones. Lo que me permite ahora decir algo con contenido”, confió a El Milenio.

Cada vez menos interés

Exponer en la casa del maestro de la pintura, Lino Spilimbergo, tiene un significado muy importante para Álvaro Izurieta. Pero la preocupación del artista ronda en que cada vez más las grandes muestras artísticas pasan desapercibidas, principalmente por la falta de interés en lo que respecta al público.

“Estamos viviendo una decadencia artística, hay cada vez más espacio para la política, para la economía, para el deporte, pero el hombre se aleja cada vez más del arte”, reflexionó ante este medio. Aunque recalcó que “si uno puede llegar a emocionar en estas épocas un poco a alguien, mas no se puede pretender”.

Mesa cargada de contenido

Desde hace un tiempo Álvaro Izurieta comenzó a realizar charlas a través de las conocidas mesas redondas. La primera que realizó fue en la ciudad de Córdoba, y el éxito de la misma lo hizo repensar una para la ciudad de los artistas.

“La inserción del artista en la sociedad del consumo” fue la temática del encuentro, y como le dijo a El Milenio Izurieta sobre dicho significado: “Los artistas plásticos tenemos una forma de ver la vida que es la contracara de muchas cosas y se manifiesta desde el hemisferio derecho, con la emoción, el instinto, el afecto. Mientras que el mundo está encarado, hoy en día, con el hemisferio izquierdo, es decir, el racionalismo”.

El pasado 15 de abril, en el día internacional del arte, en memoria del nacimiento de Leonardo da Vinci. Álvaro Izurieta regaló una hermosa charla, desde sus riquísimos y profundos conocimientos del arte, a modo de mesa redonda en el Museo Spilimbergo de la ciudad de Unquillo. Estas actividades son parte de los proyectos desde la casa de la Cultura.

Un poco de historia familiar

El pintor unquillense viene de una familia donde no existía la vocación artística. En este sentido, Álvaro Izurieta tuvo que sobrellevar un cierto momento de malestar familiar, cuando en su juventud descubrió su amor por la pintura y esto hizo que partiera joven de su hogar.

Pero a la larga agradeció lo que había sucedido entre su familia y él, porque lo hizo crecer y madurar. Gracias a esto, descubrió su pasión por la pintura y esta le dio la llave que le permitió ubicarse en el mundo, entender a los demás, criar a sus hijos y educarlos. Le permitió estar alejado de la competencia, de la puja, de la envidia, de la ambición.

 

“Yo no me dedique a la pintura para ganar plata, si lo hice fue una cuestión de suerte, no lo busqué”, explicó.

 

Además agregó: “Cuando mi papá me exigió estudiar una carrera universitaria y yo le dije que me iba a dedicar al arte, él me dijo que me iba a morir de hambre, pero muchos años después, cuando mi padre estaba cerca de su final, me llama y me dice, ‘hijo, vos hiciste lo que quisiste en tu vida, yo no me animé’”.

Pero la historia cambio cuando formó su propia familia, porque sus hijos y nietos eligieron vocaciones artísticas, porque “mamaron” el arte desde la cuna. Y para el pintor, como le mencionó a este medio: “El arte embellece la vida, el arte ennoblece al hombre, porque no hay mentiras, no hay hipocresías, pero para eso hay que trabajar internamente”.

Detectar necesidades

En cuanto a la nueva gestión, la directora actual de la Casa – Museo Lino Spilimibergo, Ana Lía Schneider, detectó la necesidad concreta de que se cuente con obras originales del maestro: “La gente viene al museo y espera ver las colecciones de este artista, pero no contamos con las mismas”. Por lo que paralelamente a la obra de Izurieta, en la sala chica se está armando una muestra permanente de Spilimbergo y en la sala grande se va a seguir invitando otros grandes maestros como Álvaro Izurieta.

Carta al Maestro Lino Enea Spilimbergo | Por Álvaro Izurieta

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“Querido maestro: Cuando usted se despidió hace ya 52 años aquí en esta casa, yo cumplía 20 años y no sabía aún que sus pasos de pintor apasionado por la figuración. Su mundo expresivo me abrió la posibilidad de orientarme, su ‘obstinado rigor’ por la estructura geométrica tomada de Pietro Della Francesca unida al principio cezzaneano de ‘hacer Poussin del natural’, sería mi propio camino.

Tan clara y renovadora propuesta hizo que muchos lo siguiéramos, confiando que no nos equivocábamos.

Hoy me presento en su Casa Museo para dar constancia de mi esfuerzo.

Aún hoy recurro a Ud. y me sigue dando respuestas.

Gracias por todo”.

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