26 junio, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Mendiolaza: Candela García Masjoan y Canela Adanto Risso, a dos toques

Mientras el futsal femenino todavía pelea por conseguir espacios, dos profesoras cordobesas impulsan una academia que ya reúne a más de 130 jugadoras de entre 3 y 57 años. Entre entrenamientos y proyectos de expansión, buscan construir algo más profundo que un equipo: un lugar seguro donde jugar al fútbol deje de ser una excepción para las mujeres.

Por: Matilda Heredia y Morena Rodríguez 4° IENM – Bianca Romero, Isabella Furrer y Martina Pérez 4° IMVA.


Por momentos, Candela García Masjoan habla del fútbol como quien recuerda una ausencia. No porque el deporte no haya estado presente en su vida -de chica jugaba con sus hermanos y creció rodeada de actividades deportivas-, sino porque durante años no encontró un lugar donde sentirse parte. “No encontraba el espacio para mí”, resume.

Esa sensación, compartida por muchas mujeres de su generación, terminó convirtiéndose años después en el motor de una idea. Junto a Canela Adanto Risso, profesora de educación física y jugadora desde la infancia, crearon una El Campus, academia de fútbol femenino que hoy funciona en Córdoba capital, se expande hacia Sierras Chicas y reúne a más de 130 jugadoras de distintas edades.

Lo que empezó como un pequeño espacio de entrenamiento entre amigas se transformó, con el tiempo, en un proyecto deportivo y pedagógico que busca pensar el fútbol desde otra lógica: una atravesada por el cuidado, la formación y la construcción de espacios seguros para niñas, adolescentes y mujeres.

La llegada a Sierras Chicas aparece, en ese contexto, como una extensión natural del proyecto. Para ellas, la región todavía tiene una enorme vacancia en términos de fútbol femenino formativo. Existen clubes, ligas y competencias tradicionales, pero los espacios pensados específicamente para mujeres siguen siendo escasos.

“No se trata solamente de abrir una escuelita. Queremos demostrar que estos espacios son necesarios y que pueden sostenerse en el tiempo”, explica Adanto Risso.

El futsal como escuela

No resulta casual la cantidad de jugadores de elite que dieron sus primeros pasos -sobre todo en la infancia y la pre-adolescencia en el futsal. El formato obliga a pensar y a tomar decisiones en cuestión de décimas de segundo. La cancha reducida exige incorporar los fundamentos básicos hasta volverlos naturales: repetir, mejorar y resolver. La gambeta, el control rápido, el pase preciso y la lectura del juego aparecen constantemente en un esquema de cinco contra cinco.

El fútbol de sala no reemplaza al tradicional formato de once, sino que muchas veces funciona como una previa: un punto ideal para desarrollar habilidades técnicas bajo una dinámica que obliga a estar en contacto permanente con la pelota.

La decisión de incorporar el futsal a la escuela surgió después de participar en los Juegos Evita, donde ambas descubrieron el potencial formativo de esta disciplina. Desde entonces comenzaron a capacitarse y a pensar entrenamientos específicos.

“En 2022 fue la primera vez que se incluyó al futsal en los Juegos Evita y ahí despertó todo el amor que nosotras tenemos por ese formato del deporte, donde incluso nos conocimos. Es un formato que no se juega mucho en Córdoba y decidimos desafiarnos a proponerlo”, cuenta Candela.

Muchas chicas llegan a la escuela sin haber tenido experiencias previas en el fútbol. Es ahí donde el futsal funciona como una plataforma formativa. “Trabajamos mucho desde lo básico: cómo frenar una pelota, cómo dar un pase, cómo trasladarla. Parece algo simple, pero es la base de todo”, señala.

Sin embargo, impulsar el futsal femenino en Córdoba implica enfrentarse a múltiples obstáculos. El principal: la falta de infraestructura y de competencias sostenidas.

Actualmente existen pocos espacios organizados para jugar futsal femenino y muchas veces las iniciativas dependen exclusivamente de la voluntad de entrenadoras, profesoras o pequeños grupos autogestivos.

“En masculino hay ligas, inferiores y estructuras mucho más armadas. En femenino todavía cuesta muchísimo sostener una competencia”, explica Adanto Risso.

En tanto, durante los últimos años apenas pudieron participar de una pequeña liga local de cinco equipos. Cuando alguno se bajaba, todo el torneo quedaba en riesgo. En ese sentido, García Masjoan plantea la necesidad de generar espacios en los que el fútbol femenino no funcione solamente como un satélite del masculino, sino como un proyecto con identidad y desarrollo propio.

La fuerza que todo empuja

La visibilización aparece constantemente en la conversación. Ambas creen que buena parte del crecimiento reciente del fútbol femenino tiene que ver con la posibilidad de que las chicas comiencen a verse y a encontrar referencias en otras jugadoras.

“Cuando yo era chica la pasaba mal por querer jugar al fútbol. Hoy llegan nenas de 3 o 4 años y pueden hacerlo naturalmente. Falta muchísimo, pero algo cambió”, dice García Masjoan.

Como prueba de ese cambio, Canela cuenta: “Lo que estamos viendo en este último año y medio, es un boom de mamás o abuelas de las jugadoras que quieren jugar también, que quieren ser parte. Las que no pudieron cuando eran chicas hoy quieren apropiarse de esto”.

Mientras tanto, el proyecto sigue creciendo entre playones municipales, espacios prestados y entrenamientos que muchas veces se sostienen más por convicción que por recursos.

Las dos saben que todavía falta mucho para que el fútbol femenino tenga las mismas condiciones que el masculino. Pero también saben que, hace algunos años, imaginar una academia con más de cien mujeres jugando al fútbol en Córdoba parecía una utopía.

“Nosotras seguimos intentando contagiar esto”, dice García Masjoan. Y amplía: “Nuestro objetivo es abrir espacios en lugares donde no haya nada. Acá en Sierras Chicas hay muy pocos espacios de fútbol femenino. Queremos que se generen otras escuelas porque la competencia es importante. Muy rápido las chicas empiezan a preguntar ‘¿cuándo hay partido?’ y hay que responder a esa demanda”.

Escuchar a Candela y Canela es ser testigo de ese efecto contagio. La convicción con la que hablan del juego solo se ve superada por la ilusión con la que impulsan la inclusión de las mujeres en un deporte que, a pesar de los cambios de época- todavía les sigue dando la espalda en muchos aspectos. Pero ya no hay nada que las frene. Los prejuicios, las viejas premisas o la falta de infraestructura no alcanzan para detener el impulso.


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