Por: Alfonsina Giordano, Pierina Scocco y Renata Santa Cruz 4º IMVA – Federico Antoun y Mateo Cistoldi 4º IENM.
“Una feria necesaria y urgente”, así la denomina Agustina Merro, coordinadora de la editorial Fruto del Dragón y una de las impulsoras de este proyecto itinerante y autogestivo. La primera edición se llevó a cabo hace poco más de dos años, reuniendo editoriales de distintas localidades de Sierras Chicas. “Me parece importante ir y encontrarte con personas de tu propia localidad: artistas que escriben, editan, ilustran y que, por supuesto, enriquecen el campo cultural y la comunidad”, comentó.
El concepto del evento está ligado a la idea de construir un refugio “en medio del caos, o de un contexto hostil. Un espacio amoroso, contenido y cuidado” -en palabras de Merro-. Además, agrega: “donde nos apoyamos y nos fortalecemos mutuamente. En este contexto, editar es como un acto de resistencia”.
La propuesta ya recorrió distintos puntos de la provincia y apuesta a visibilizar proyectos editoriales independientes, muchos de ellos alejados del circuito centralizado de Córdoba capital. De esta manera, se organiza colectivamente entre las editoriales participantes y, el acompañamiento de los espacios que reciben la propuesta, resulta fundamental para poder sostenerla.
Así, las editoriales sostienen la “bibliodiversidad”, un concepto que defiende la diversidad de publicaciones y la existencia de proyectos editoriales por fuera de la concentración de los grandes grupos. Según Merro, el propósito es potenciar múltiples proyectos de distintas escalas, capaces de ampliar las voces, los imaginarios y las formas de edición dentro del campo cultural.

El Milenio: ¿Cómo nace esta propuesta y qué motivó a las editoriales a organizarse de manera colectiva?
Agustina Merro: La Feria Refugio tuvo su primera edición en abril de 2024. De hecho, la última que hicimos en Mendiolaza fue la número diez u once. La iniciativa surgió como una necesidad de los proyectos editoriales independientes de la provincia de Córdoba, es decir, proyectos de pequeña escala que apostamos por un catálogo y por autores que creemos que vale la pena editar, alejados de los grandes grupos editoriales.
Todo esto apareció en un contexto social, económico y político que veíamos muy complicado a fines de 2023, cuando se empezó a tomar una serie de medidas relacionadas con el desfinanciamiento de los sectores culturales y, en ese marco, decidimos reunirnos y asociarnos colectivamente para organizar una primera Feria Refugio en La Rosa de Cobre, una librería y espacio cultural ubicada en el centro de la ciudad de Córdoba.
A partir de ahí se fueron encadenando invitaciones y la iniciativa de continuar con esta propuesta en distintos espacios de la ciudad y de la provincia. Estuvimos en la Biblioteca Córdoba, en la librería Séptimo Arte, también en Capilla del Monte, en Salsipuedes, en Unquillo y en muchos otros lugares. Por eso decimos que es una feria nómade, porque recorre distintos puntos de la provincia y, ojalá, en algún momento también del país.
EM: ¿Cómo se financia la feria y qué participantes son piezas claves para su sostenimiento?
AM: Es una feria autogestiva porque somos las propias editoriales participantes las que, en cada edición, nos ponemos de acuerdo sobre qué necesita la feria, qué propuestas pueden darse, quién puede leer, presentar algo o encargarse de cada tarea. Generalmente también hay un cierre musical. Ese fue el objetivo con el que surgió esta iniciativa que llamamos Refugio y que, desde la primera edición, definimos como “una feria necesaria y urgente”, con la impronta de asociarnos colectivamente para dar una respuesta a un contexto que obviamente nos atraviesa.
Es una gestión muy colectiva y muy a pulmón. En ese sentido, el espacio que nos aloja es un actor fundamental, porque nos hace lugar, nos invita y nos provee lo que tenga disponible, a veces con más recursos y otras veces con menos. También somos fundamentales los editores, que ponemos el cuerpo y llevamos adelante todo lo que implica organizar y difundir la feria para que más personas conozcan el proyecto. Por eso también es importante el apoyo de quienes ayudan a visibilizarla, y vale la pena que más gente se entere para poder seguir haciendo más ferias.

EM: ¿Qué editoriales y propuestas se pueden encontrar en la Feria Refugio?
AM: Somos más de 20 editoriales y, aunque no en todas las ediciones participamos todos, hay una gran diversidad de catálogos. Eso es algo muy interesante de las editoriales independientes: cada una, a partir de sus intereses y apuestas, define una línea editorial y una identidad propia. Entre todas construyen este concepto que llamamos “bibliodiversidad”. Así como en biología se habla de biodiversidad, en el ámbito de los libros y las industrias culturales hablamos de bibliodiversidad para referirnos a la potencia que existe en la diversidad de publicaciones y en la posibilidad de que no haya un monopolio de grandes editoriales que concentren todo lo que se puede publicar, porque eso achica mucho el pensamiento, las ideas y el imaginario. Es decir, la bibliodiversidad apuesta a que existan muchos proyectos distintos y de diferentes escalas.
Por eso, entre las editoriales independientes hay quienes editan literatura infantil y juvenil, quienes hacen ediciones artesanales cosidas a mano con cartón y papeles impresos en sus propias casas, editoriales de libros ilustrados o que trabajan el cruce entre texto e imagen, otras dedicadas a la no ficción, los ensayos y las ciencias sociales, y también las que apuestan por la literatura, el cómic, la historieta o la novela gráfica. Esa diversidad hace que el público lector también sea muy amplio y que cualquier persona interesada en los libros pueda encontrar en la feria una publicación para ella.

EM: ¿Qué impacto consideran que tiene la feria en la vida cultural de la zona?
AM: En Sierras Chicas hay un público muy ávido de este tipo de propuestas y creemos que una feria como Refugio ofrece realmente algo distinto: una posibilidad de conocer, sorprenderse y encontrarse con autores y publicaciones que tal vez no aparecen en otros espacios. Lo que siempre rescato de las ferias es la posibilidad de conversar con quienes hacen los libros. En una librería el diálogo con los libreros también es muy enriquecedor, pero en las ferias aparece además la posibilidad de hablar con quienes estuvieron detrás de la cocina de ese libro: por qué eligieron a determinado autor o autora, cuál es la línea editorial, cómo trabajan el diseño, la ilustración o el proceso de edición. Muchas veces uno agarra un libro y parece algo sencillo, pero detrás hay muchísimo trabajo, creatividad y tiempo compartido entre muchas personas. Las ferias permiten justamente eso: acercarse a quienes están detrás de ese proceso y generar un encuentro directo entre quienes editan y quienes leen.

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