25 junio, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Dos voces, un mismo pulso: el camino musical de Ámbar y Jazmín

Nacido casi por casualidad, el proyecto de Ámbar y Jazmín creció entre peñas, canciones propias y búsquedas compartidas. Hoy, con el formato dúo y una banda en expansión, construyen una identidad que mezcla géneros, experiencias y una apuesta clara: contar a través de la música el universo propio.

Por: Sofía Guzman y Amy Arufe 4° IMVA – Pedro Squinoval y Joaquín Faraco 4° IENM


Lo que empezó como una coincidencia terminó convirtiéndose en un proyecto. Ámbar Boursiac, de Villa Allende, y Jazmín El Hay, de Unquillo, se conocieron en la Ciudad de las Artes, donde ambas estudiaban música. No cursaron juntas, pero compartieron espacios, materias y, sin saberlo en ese momento, un universo sonoro bastante similar. El vínculo se reactivó años después, en 2020. “Volvimos a hacer contacto”, recuerda Ámbar, paradójicamente. En un mundo signado por el aislamiento que propuso la pandemia, ellas se reencontraron y empezaron a tocar.

No hubo un plan demasiado estructurado. Tampoco una decisión formal de consolidarse como dupla. Las primeras canciones aparecieron frente a amigos, en encuentros informales, casi como un juego. Pero algo empezó a pasar. “Nos preguntaban cómo se llamaba el dúo, cuándo íbamos a tocar”, recuerdan. Las primeras fechas llegaron solas, en peñas y espacios cercanos, y lo que era una experiencia casual, de a poco empezó a tomar forma.

“Comenzamos haciendo folklore porque es nuestro terreno seguro”, sostiene Jazmín. El género, que tiene tanto arraigo en la escena musical de Sierras Chicas, fue el punto de partida. Sin embargo, con el tiempo la propuesta comenzó a expandirse. El pop, el rock y la fusión entre géneros fueron ganando lugar, en un proceso que no respondió a una estrategia cerrada, sino a una búsqueda compartida.

Ámbar y Jazmín conforman un conjunto joven, y a pesar de ello sostienen una notable claridad a la hora de pensar de qué están hechos los senderos musicales cuando se trata de componer de a dos. “Tenemos casi las mismas influencias y eso, cuando vamos a componer juntas, está muy bueno porque nos acorta el camino a la hora de decidir”, subraya Ámbar.

Aun en una identidad musical híbrida, las artistas se encuentran en referencias internacionales que van desde una banda que explotó hacia fines de los años 2000 como Paramore, hasta la siempre vigente Taylor Swift, pasando también por influencias locales como Hipnótica y otras bandas de la escena independiente cordobesa. Ese mapa sonoro también aglutina a referentes indiscutidos como Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta.

En ese sentido, Ámbar amplía: “Yo creo que hay una presencia de lo melódico en nuestra música. Eso parte del rock y del pop en nuestro caso, pero sobre todo de la premisa de encontrar una linda melodía para decir lo que queremos decir”.

“También es importante la presencia de mujeres en nuestras referencias. Cuando una empieza a preguntarse ‘como quién queremos tocar, como quién queremos cantar’, se da cuenta de que no aparecen tantas. No es algo negativo en sí, pero sí es necesario reconocerlo, porque nosotras ya estamos en ese lugar de hacer música y sentimos que los varones tienen ese recorrido y esos modelos más a mano”, señala Ámbar.

Una voz propia

Como suele suceder, el primer paso fue interpretar canciones ajenas. Pero el quiebre llegó cuando apareció la necesidad de decir algo propio. “Hubo un momento en que no queríamos tocar más temas de otros”, cuenta Ámbar. A partir de ahí, comenzaron a componer.

Si la base para comenzar eran las referencias en común, el entramado de fortalezas de cada una fue el punto de despegue y de amalgama. Jazmín suele escribir letras y melodías que luego Ámbar traduce a la guitarra, en un ida y vuelta que termina de definir a a cada canción. “No hay roles rígidos. Es un proceso muy libre, pero nos complementamos”, coinciden.

Ese camino tuvo un punto de inflexión en 2023, cuando fueron seleccionadas en una convocatoria del Instituto Nacional de la Música. El apoyo económico les permitió grabar sus primeras canciones y, al mismo tiempo, las empujó a profesionalizar el proyecto. Esto no solo implicó un avance técnico, sino también una instancia de aprendizaje. Para Jazmín, por ejemplo, fue su primera experiencia en un estudio y confiesa: “Fueron muchos factores nuevos y un piso de aprendizaje”.

“Después de eso entramos en una etapa de solo tocar. Dijimos ‘no pasa nada si no grabamos’, estas canciones son nuestras y está bien si no hay otro registro que no sea el momento del vivo. Si solo querés grabar, lo económico termina trabando el proyecto”, destaca Ámbar.

Hoy, el repertorio está compuesto casi en su totalidad por canciones propias. “Si tocamos diez temas, nueve son nuestros”, señala Jazmín. Y en ese gesto hay una decisión clara: priorizar lo que tienen para decir por sobre cualquier otra lógica.

Entre el vivo y lo que viene

“Hay muchos factores que cambian cuando estás en vivo: el sonido, el espacio, el público. Ya cuando hay un otro al frente, la percepción de uno se modifica. Cambia el cuerpo, sentís los nervios, cambia la respiración”, explica Ámbar.

La respuesta del público, en ese sentido, aparece como un motor central. “Siempre fue muy cálida, y eso nos hizo seguir. Es algo muy loco, que no me había pasado en otros proyectos”, cuenta Jazmín. Esa devolución, que se traduce en nuevas invitaciones y en un interés creciente por el proyecto, funciona como una validación que va más allá de lo musical.

El 2026 trajo una nueva dimensión. Además del dúo, Ámbar y Jazmín formaron una banda llamada Instante Perfecto, con bajista y baterista, que propone una versión más eléctrica y potente de sus canciones. 

“Es una iniciativa que está naciendo, que arrancamos en febrero y que también apunta a que el resto de los integrantes puedan aportar sus ideas y su música para construir una esencia de banda”, comenta Jazmín.

La idea no es reemplazar un formato por otro, sino convivir con ambos: el dúo, más versátil e íntimo, y la banda, con una identidad propia que está en construcción. En paralelo, el objetivo de grabar sigue vigente.

“Hay muchas formas de hacerlo; pero lo interesante es que eso también ayuda a que la música se mueva, a que podamos aplicar a nuevas convocatorias y tener cada vez más credenciales de presentación”, describe Ámbar.

En ese equilibrio entre lo que ya construyeron y lo que todavía está por venir, el equipo avanza sin perder su esencia. Dos voces, dos recorridos y una misma búsqueda: hacer música que diga algo, que encuentre a alguien del otro lado y que, en ese encuentro, se vuelva necesaria.


Descubre más desde El Milenio

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo