29 mayo, 2026

El Milenio

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Historias que nacen en el aula y crecen en el mundo

Las aulas del Instituto Educativo Nuevo Milenio han sido el punto de partida de las trayectorias de vida de quienes pasan por la escuela. Desde sus primeros años hasta la vida adulta, exestudiantes comparten cómo el IENM dejó huellas que hoy siguen presentes en sus decisiones, vocaciones y formas de habitar el mundo.

Primeros pasos laborales

“El Nuevo Milenio me ayudó a encontrar mi vocación y lo que hoy es mi profesión: el periodismo. Con su orientación en comunicación, fui de a poco abriendo las puertas de ese mundo y me di cuenta que era lo que quería estudiar luego de egresar.

Hoy miro todo a la distancia, ya recibida de periodista y trabajando en el medio más grande de Córdoba, pero tengo bien en claro que mis raíces fueron en unos trabajos prácticos de Producción en Lenguaje; que aprendí a desenvolverme en las clases de Teatro; que aprendí a comunicarme mejor en las Pasantías de Radio, y que mi primer trabajo fue en El Milenio.

Ojalá siga creciendo la institución, es un excelente espacio lleno de grandes profesionales. Gran parte de mí es del Nuevo Milenio y hoy le digo gracias”. 

Antonella Monguzzi, egresada en el año 2021.

Una formación que abre caminos

“Hay decisiones que uno toma sin dimensionar del todo su impacto, y con el tiempo entiende que marcaron un antes y un después. Para mí, una de esas decisiones fue haber elegido el Nuevo Milenio a los 11 años. Hoy, mirando en perspectiva, no me queda ninguna duda: fue de las mejores de mi vida.

La propuesta educativa del Nuevo Milenio era distinta. En un contexto donde muchas opciones se parecían entre sí, este colegio apostaba por algo más: el idioma, el teatro, el periodismo, una forma más amplia de ver el mundo. Ese enfoque no solo enseñaba contenidos, sino que despertaba inquietudes, abría caminos y, en mi caso, fue clave para descubrir mi vocación: la fotografía, y hoy tengo la suerte de dedicarme a lo que amo.

Ser parte del Nuevo Milenio es mucho más que haber asistido a una escuela, es un sentido de pertenencia profundo, un orgullo que se lleva en el corazón. Es algo que se vuelve todavía más evidente cuando uno está lejos, como me pasa hoy viviendo en Barcelona. 

Han pasado ya 12 años desde que terminé la escuela, y el mundo cambió muchísimo. Sin embargo, sigo sintiéndome profundamente identificado con los valores del colegio, y eso, para mí, habla de algo que trasciende el tiempo”. 

Emiliano Del Piccolo, egresado 2013. 

Despertar artístico

“La verdad que estoy eternamente agradecido con el colegio porque recuerdo mucho a mis primeros maestros, sobre todo aquellos relacionados a lo que hago hoy, que es cine y actuación. Tengo muy presente a Cristian Salas, que me dio mi primer trabajo en el cine en las series El Cactus y La Vida es Sueño; al periódico El Milenio y esa pasantía hermosa; recuerdo mucho a Nico Torres, mi primer profe de teatro; a Eloisa Johnson; a Mabel Tula y Agostina Chaviaza; a las maestras de la Primaria como la Seño Vivi, Fer y Mariela; y a Cecilia Bertone, Liliana Mira, Rosita y Alejandra que han sido grandes tutores para mí. 

El instituto me ha dado grandes amigos y me ha abierto las puertas al mundo: he conocido Brasil e Italia. Hoy vivo en Barcelona y la verdad que le estoy eternamente agradecido a los espacios de formación, ya que gracias a eso decidí estudiar cine, entonces en cierto punto es como si el colegio me acompañara todos los días de mi vida”. 

Santiago Vaca Narvaja, egresado 2016

Como en casa

“Soy alumna del Milenio desde 2009, cuando tenía 3 años, así que crecí en los pasillos del instituto. Estoy segura que pasé más tiempo de mi vida ahí que en mi propia casa y ese es el valor que le doy a mi colegio, es hogar.

Más allá de todo lo teórico que me haya podido dejar y que hoy en día es esencial en mi vida, porque seguí estudiando periodismo, lo más importante que me dejó son los valores y las amistades que mantengo desde hace más de 15 años. Quizás parece exagerado, pero yo defiendo a mi colegio como defiendo a mi familia, porque al final son parte de ella: me dieron contención, amor, valores y cuidado, tanto como en mi casa.

Deseo que el colegio siga siendo siempre como en mis recuerdos, y que mis hijos algún día tengan la posibilidad de crecer en el lugar que tanto amo. Cuando me egresé, mi directora, Alejandra Gait, me dijo en medio de una charla, como las que teníamos siempre: “Las puertas del colegio siempre van a estar abiertas”. Puedo dar fé, dos años después, que cuando más necesité volver ahí estuvieron todos recibiendome con un abrazo como si el tiempo no hubiera pasado. Soy una afortunada y completamente agradecida de haber crecido en donde crecí”. 

Alfonsina Villar, egresada 2024 


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