SOCIEDAD
- Por: Lorenzo Basbus, Faustino Esbry y Joaquín Peruffo 4° IENM – Catalina Vantesone y Julieta Nieva 4° IMVA.
El último 2 de abril, en la muestra itinerante en honor a los veteranos de Malvinas, que se realizó en Villa Allende, la Fundación Josefina Valli de Risso presentó un documental realizado por el Departamento de Medios Audiovisuales Milenio, que reúne testimonios de veteranos de Malvinas. La propuesta fue más que un simple homenaje, tratándose de una pieza sensible y profunda, que reveló fragmentos del pasado a través de relatos directos e imágenes personales de quienes participaron de la guerra.
Andrés Kenig, excombatiente y vecino de la localidad, fue parte del rodaje y fue también uno de los veteranos distinguidos durante el evento oficial de presentación. La experiencia, comentó, lo sorprendió. “Nos cuesta el relato. Entonces tenemos que ser acompañados de nuestros relatos con imágenes, con palabras de alguien que nos acompañe. En este caso, el colegio ya había trabajado con Malvinas, y eso nos permitió abrirnos más”, expresó.
La grabación del documental se volvió además un espacio de reencuentro. En uno de los momentos más conmovedores, la madre de un soldado fallecido pudo conversar y conocer, por primera vez, las razones por las cuales su hijo había sido asignado a una determinada zona del frente. Al respecto, Kenig recordó: “Su hijo era profesor de matemáticas y podía dar bien las coordenadas. Fue muy fuerte. Ella se enteró ahí”.
Además, en torno al proyecto, valoró: “Fue fiel, porque fue la palabra de cada uno, apoyada con imágenes”. La repercusión entre el público durante la inauguración también lo impactó y rememoró: “Los aplausos no pararon”.
El reconocimiento institucional, se suma a una serie de gestos que, con el paso de los años, van consolidando una nueva forma de acercarse a la memoria de Malvinas. “Todo reconocimiento es válido- señaló Kenig- Hasta si un día voy a tomar un café y me dicen ‘está pago’, todo eso es reconocimiento”.
Las iniciativas desde los colegios ocupan un lugar central en este proceso. “Las maestras de los pueblos sabían que sus alumnos se habían ido a la guerra. En su momento, los buscaron para que contaran qué pasó. Las escuelas fueron las primeras que nos abrieron la puerta después de diez años de silencio”, remarcó Kenig. En la posguerra, comentó, no sabían cómo hablar ni con quién. Ahora, el diálogo con las nuevas generaciones ayuda a sanar: “Es una pequeña terapia y nos ayuda mucho”.
Herida que persiste

Para Kenig, hablar de Malvinas es también hablar de lo acontecido al retornar. “La guerra sorprende, pero la posguerra es un camino que fue transitado como pudimos. Volvió un soldado derrotado y ni siquiera la familia estaba preparada para recibirlo. Llegabas a tu casa y decías: ¿y ahora qué hago?”, recordó. La reinserción fue difícil. El país, explicó, no tenía una guerra hacía mucho tiempo y la sociedad no estaba lista.
También añadió: “La sociedad no preguntaba y nosotros no hablábamos. Venía un 2 de abril y no sabíamos qué hacer”. Con el tiempo, eso fue cambiando. “En el Hospital Militar hay un centro de salud mental para veteranos que da una ayuda valiosísima. Yo hace años que voy. Si no voy, me llaman. Eso no existía antes”.
Los gestos de afecto, aunque parezcan mínimos, siguen siendo esenciales. “El abrazo de un vecino es necesario. Todo lo que sea afecto es importante para el veterano de guerra”, resaltó. Y aunque no se considera un héroe, reconoció que vivió algo que lo marcó para siempre. “Fui muy ingenuo, me tocó a los 18 años. Había horas que era valiente y otras en que no. La valentía es algo episódico y no creo que nadie esté preparado para eso”, valoró.
El reconocimiento actual, tanto a nivel social como institucional, ayuda a cerrar heridas que aún duelen, a la vez que plantea nuevos desafíos. “Malvinas no es mío, es de todos ustedes”, expresó. Además, agregó: “La historia tiene que pasar limpia. La posta la tienen que tomar ustedes. No desde lo bélico, sino desde el conocimiento. Hay que prepararse en geopolítica, en historia, en lo que hay que defender”.
En ese sentido, valoró especialmente que se sigan produciendo contenidos que rescaten la memoria. “Es como pasar la antorcha. Nos alivia un poco, nos cuesta menos que nos entiendan”, afirmó. Porque lo que sucedió en Malvinas –y lo que vino después– no puede ni debe apagarse.
“El pueblo que no le interesa su historia, que no se sienta a hablar con sus abuelos aunque sea un rato a la semana, es un pueblo al que no le va a interesar el país. Y eso es lo que no podemos permitir”, remarcó.
Un registro del pasado y el presente
El documental que se presentó en Villa Allende fue realizado por el Departamento Audiovisual de la Fundación Josefina Valli de Risso, bajo la dirección de Cristian Salas. Si bien fue un trabajo realizado en poco tiempo, dejó una huella profunda tanto en quienes participaron como en quienes lo llevaron adelante.
Según relató Salas, la propuesta surgió desde la Municipalidad de Villa Allende, en diálogo con autoridades del Instituto Milenio Villa Allende, para pensar una forma de colaborar con la muestra gestada en virtud de la efeméride. El departamento ya había trabajado con el municipio en otras iniciativas audiovisuales, como spots de concientización vial o cortos sobre San Martín y Malvinas.
La producción fue rápida e intensa. “Fue 15 o 20 días antes del 2 de abril, así que hubo poco tiempo para algo muy elaborado. Armamos un set de filmación dentro del departamento de medios, en una oficina”, contó Salas. Las entrevistas se realizaron en un solo día de rodaje, y luego se dedicaron entre siete y diez días a la postproducción. En esta ocasión, no hubo participación de alumnos o docentes como en otras experiencias, aunque sí estuvieron presentes algunos estudiantes pasantes del periódico escolar, que presenciaron los encuentros.
El contenido de los diálogos apuntó a condensar lo esencial de la experiencia de quienes fueron a la guerra. “Tratamos de indagar, ya con el paso del tiempo, si ellos tuvieran la posibilidad de volver a 1982 sabiendo todo lo que iban a vivir, ¿qué harían?”, relató. La respuesta fue contundente: todos, sin excepción, dijeron que volverían a hacerlo. “Es muy fuerte. Hay un aprendizaje profundo, una identificación con la tierra, con lo nacional. Malvinas tiene un alto impacto en sus vidas, y cuando encendés la cámara, se genera un clima de inmersión muy particular”, explicó Salas.
El documental reunió voces de soldados conscriptos, suboficiales y oficiales de carrera, tanto del Ejército como de la Fuerza Aérea. “Obviamente se conocen, son camaradas. Ya no hay rangos, hay recuerdos profundos que los unen. Se nota el aprecio, la hermandad”, destacó. Para Salas, ver esa conexión entre ellos fue una de las cosas más impactantes de todo el proceso.

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