Por: Francisco Turturro y Thomas Marshall 4° IMVA – Ciro Appendino, Lucía González y Olivia Gómez 4° IENM
“La mano del artista ha tendido a desaparecer en el arte”, resume Claudio Gómez, desde un paisaje artístico que -tal vez- se aleja cada vez más de las chapas, la madera, las soldadoras y el polvo.
Las postales conviven, es cierto. Algo de eso todavía se hace presente, pero el ruido del metal y la transformación manual de la materia se superpone con la nuevas alternativas, impregnadas por los programas de diseño, los escaneos tridimensionales y las impresiones 3D.
“Son muy exóticas esas personas que aún pintan cuadros impresionistas o expresionistas a pincel. Sí, existen, pero en la actualidad se tiende a que el artista no toque la obra de arte”, cuenta Gómez. En ese sentido, explica que la mayor parte de la gente prefiere otro tipo de acabado, “menos invasivo” que el que ofrecen las máquinas” -resume-.
Gómez hace un fuerte hincapié en el cambio generacional, o mejor dicho, en su continuidad. Al respecto, destaca: “Hace 10 años los compradores de obras de arte tenían poco más de 60. Hoy, ese mismo público -central para el nicho- tiene más de 70 años. Pero que sea el mismo público no implica que no haya mutado en este tiempo”.
A la vez, también modificó la manera de producir. Claudio sostiene que el gusto estético fue cambiando y que hoy se buscan obras más limpias, con terminaciones industriales, materiales brillantes y tecnologías que hace algunos años apenas comenzaban a aparecer.
En medio de una transformación que todavía redefine los límites entre el oficio tradicional y las nuevas tecnologías, el escultor radicado en Unquillo atraviesa uno de los momentos más particulares de su carrera. Después de décadas construyendo una identidad ligada al metal, la madera y las esculturas monumentales, decidió volver a aprender. «No tengo problema en cambiar. Para mí es un desafío nuevo», afirma.
No se trata solamente de incorporar nuevas herramientas. Detrás de esa decisión hay una reflexión mucho más profunda sobre el lugar que ocupa hoy el arte y cómo se ve atravesado por cambios en los modos de crear y consumir que atraviesan el trabajo creativo de principio a fin.

Un lenguaje nuevo
A pesar de los movimientos que propone el presente, para Gómez las herramientas nunca reemplazan al artista. Son, simplemente, nuevas posibilidades. «La técnica siempre está al servicio del artista. Después cada uno decide si quiere usarla o no”, valora.
Por eso aprendió a manejar programas de modelado digital, incorporó el escaneo 3D a sus procesos y actualmente trabaja en el desarrollo de un sistema robótico capaz de ejecutar la parte más pesada del oficio.
La transformación también responde a una necesidad concreta. Después de décadas soldando, cortando chapa y manipulando estructuras de gran tamaño, el cuerpo empieza a pasar factura. En este sentido, comenta: «Tengo muchos años de trabajo. Ya el hombro no me anda muy bien. Estoy pensando en dedicarme cada vez más a la parte creativa y dejar que la parte manual la haga un robot.»
La idea no implica abandonar la escultura tradicional. De hecho, muchas de sus obras más emblemáticas siguen siendo las que realizó hace más de veinte años. Hay coleccionistas que todavía le encargan aquellas piezas de madera que marcaron buena parte de su carrera.
Para él, quedarse haciendo siempre lo mismo sería la verdadera contradicción. «Las personas cambiamos todos los días y el artista también -sostiene-. Todos los días aparecen programas nuevos. A mí me gusta aprender».
“Hay marketing en el arte”
“Hay que armar un plan, una estrategia de trabajo para dar a conocer el arte”, explica un Gómez que no busca ubicarse en la idea romántica del artista que espera ser descubierto.
Para él, producir obra es apenas una parte del trabajo. «Sin un proyecto, un artista no existe. Eso no te lo enseñan en la escuela de arte. Lo aprendés en la calle», remarca.
Por eso nunca dejó librada su carrera al azar. En cambio, construyó un recorrido que ubicó a la tarea creativa en un lugar preponderante, sin dejar de lado un vínculo estrecho con otros actores, como por ejemplo, los arquitectos. Claudio expresa con claridad una idea que reposa en la lógica y el entendimiento del trabajo: la escultura dialoga con el espacio que la rodea. Por eso desarrolló una presencia constante en redes sociales y aprendió que una muestra también puede convertirse en una oportunidad para vender una obra.
«Hay marketing en el arte. Antes parecía una mala palabra decirlo, pero hoy también se vende desde un museo. Las redes sociales cumplen un papel similar. Antes estaba Facebook y parecía una revolución. Hoy Instagram vende los 365 días», dice el artista.
Las esculturas de Claudio han viajado por toda la Argentina e incluso han cruzado fronteras. El mismo se ha ocupado de instalar algunas de sus piezas en el exterior. No obstante, el centro de operaciones sigue siendo el mismo: su querido Unquillo. Esta ciudad de artistas que eligió para vivir hace años, continúa siendo parte preponderante de su plataforma y de su imaginación en torno a futuros proyectos.
Si hubiese que definir a Gómez con un solo rasgo, probablemente sería la versatilidad. Claudio no es un artista atado a una fórmula, sino que parece sentirse cómodo en el movimiento.
No lo vive como una ruptura con su historia, sino como una consecuencia natural del paso del tiempo. Para él, el arte siempre funciona como un espejo de lo que sucede en la sociedad. Y si la sociedad cambia, el arte también cambia con ella. En ese proceso, además de sostener el oficio de ayer, Claudio decidió aprender el lenguaje del presente.
Descubre más desde El Milenio
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

MÁS NOTICIAS
Salsipuedes: robó en un negocio y quedó filmado por las cámaras de seguridad
«Tramitito»: facturación en ARCA a través de Whatsapp
Salsipuedes: invitan a participar en una caravana contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada
La Calera: se realizará una caminata recreativa nocturna
Donación de sangre en Salsipuedes: cómo participar y cuáles son los requisitos
Villa Allende: Escuela y familia, una alianza para educar
Felipe Schroeder: “Sierras Chicas tiene algunos de los circuitos más atractivos de Córdoba”
Río Ceballos: Con el cuerpo y el alma
Proyecto Colibrí: Acompañar también es sanar