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Juan Farías y un legado eterno

El 11 de junio, una amarga noticia sorprendió a la comunidad educativa de la Fundación Josefina Valli de Risso. La triste partida del profesor Juan Alberto Farías, fundador de la Escuela de Atletismo Milenio, dejó tras de sí años de trabajo dedicados a promover el deporte en Sierras Chicas. Apasionado, entusiasta y atento, Juan fue recordado con cariño y admiración por todos sus compañeros, colegas, estudiantes, amigos y familiares.

“A Juan Farías lo conocí a fines de 2011 como un papá que estaba evaluando la posibilidad de que su hija, Daniela, quien ya era una destacada atleta, fuera estudiante de nuestra escuela”, rememoró Juan Manuel Risso, representante legal del Instituto Milenio Villa Allende (IMVA). En ese momento, no sospechaba que la persona que tenía al frente se convertiría en su amigo y colega.

Pocos años después, a principios de 2015, los colegios que conforman la Fundación Josefina Valli de Risso (FJVR) asistían al nacimiento de la Escuela de Atletismo Milenio, un espacio deportivo encabezado por Juan Alberto Farías, abierto tanto para estudiantes de la comunidad educativa como para otros jóvenes de Sierras Chicas, que le dio a la FJVR numerosos momentos de orgullo en competencias regionales, nacionales e internacionales.

Hoy, ante su prematura partida a los 54 años, sus compañeros y estudiantes recuerdan al “profe Juan” como un incansable amante del atletismo, generador constante de nuevas propuestas, atento y minucioso con cada atleta que formaba parte de su escuadra deportiva. «Siempre acompañaba a cada niño, los corregía y los alentaba porque consideraba la contención como algo imprescindible”, destacó Viviana Díaz, quien lo conoció a partir de su hija, la atleta y estudiante del IMVA Martina Araya Díaz.

“Estaba todo el tiempo pendiente. Arrancaba temprano y se quedaba hasta la noche, siempre mandaba mensajes sobre cómo había resultado el trabajo y organizaba todo para el día siguiente. Teníamos charlas interminables. Era mi oreja y el hermano varón que nunca tuve”, afirmó con tristeza Viviana, quien formó parte de la Escuela de Atletismo Milenio y, más tarde, de la Asociación Atletismo Sierras Chicas, invitada por Farías para colaborar en la organización de los encuentros deportivos.

“Dejaste en todos nosotros un recuerdo imborrable de dedicación y cariño. Descansa en paz, querido Juan”. Fundación Josefina Valli de Risso.

Para Juan Risso, la calidad y la calidez humana de Farías eran admirables: “Tenía una determinación, un entusiasmo y un optimismo que eran sobresalientes, un apasionado. Lo recuerdo como hacedor, como una persona que generaba realidades. Como profesor de la Escuela de Atletismo, profesaba y vivía con sólidos valores, con un compromiso y dedicación que contagiaban su amor por el deporte”.

“De sus cualidades nada habla mejor que la calidad humana y deportiva de quienes fueron entrenados por él; el respeto, disciplina, fortaleza, compañerismo y tantas otras virtudes que estos atletas esgrimían cada vez que representaban a nuestra institución”, señaló el representante legal, que recordó con orgullo las ocasiones en que la institución educativa se destacó deportivamente gracias a la labor de Juan.

“El objetivo no son las medallas, sino el desarrollo del buen deportista, para llegar a la buena persona. La medalla sólo es un accidente”, Juan Farías.

Para la Federación Atlética Cordobesa, el adiós también duele. “Familiero, siempre acompañado de sus hijas y esposa en el desarrollo de los emprendimientos atléticos (…) dentro de la pista estaban Daniela, Valentina y Agustina y afuera Irma, invalorable juez de atletismo, al igual que el propio Juan cuando el evento se lo permitía, si no tomaba el papel de entrenador”, compartió la FAC.

“Teníamos charlas interminables. Era mi oreja y el hermano varón que nunca tuve”, afirmó Viviana Díaz, integrante de la Escuela de Atletismo Milenio.

De frente a un porvenir con una ausencia que pesa, Viviana Díaz declaró: “Nos deja el trabajo que comenzó, la trayectoria que fue delineando y el gran peso de tratar de encaminar lo que creó, lo que él quería para el atletismo en Sierras Chicas. Nos ha dejado su legado deportivo y muchas cosas pendientes y ojalá encontremos la forma correcta para seguir con su labor”.

Para Juan Manuel Risso, el dolor ante la pérdida de Juan Farías “sólo se compara a la dimensión de su legado y la huella que dejó tras su paso”. “Tenemos mucho que seguir haciendo en pos del atletismo, los proyectos continúan. Juan también tenía otra cualidad muy importante: la capacidad de reponerse a las situaciones difíciles y salir fortalecido. Esta característica, junto a su manera de entender el deporte y la vida, seguramente nos servirán de inspiración”, concluyó.

Apasionado del atletismo

Juan Farías nació el 29 de noviembre de 1964, en Córdoba. Su pasión y dedicación por el deporte comienza en la década del ‘90, cuando realizó una serie de estudios como profesor de Educación Física y como entrenador en la Asociación Internacional de Asociaciones de Atletismo.

A partir de entonces, empezó a generar una serie de propuestas, muchas de ellas solidarias, que buscaron promover los valores de la práctica del atletismo. Entre ellas, se puede rescatar la creación de la Escuela de Atletismo de Villa Cornú, en el año 2000, que llegó a integrar a más de 100 jóvenes.

En 2015 creó la Escuela de Atletismo Milenio y tan sólo un año después, propició el nacimiento de la Asociación Atlética Sierras Chicas, a la cual se sumaron clubes deportivos de toda la región y otros puntos de la provincia.

El 2019 fue un gran salto para su carrera. Viajó a Estados Unidos con cuatro atletas del IMVA para las competencias de Tampa y Atlanta. De allí regresaron con 20 medallas y una, de oro, especialmente dedicada por la USA Track and Field a Juan Farías por su trabajo y dedicación como entrenador.

En 2020 su atleta hipoacúsico y egresado del IMVA Caín Arufe, clasificó al Sudamericano de Sordos en Brasil y luego al IV Mundial de Atletismo de Sordos de Polonia, al cual viajarían juntos como integrantes de la Selección Nacional en agosto. Este mismo año, Juan también había recibido su membrecía como coach de Estados Unidos, una distinción a la que pocos acceden y que provocó la felicidad de él y su familia.


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