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El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Turmalina y los sonidos de la tierra

Turmalina lleva más de diez años recorriendo los escenarios de Córdoba y Sierras Chicas desde una combinación armoniosa y potente. Celeste Oliva, guitarra y voz del conjunto femenino, abre la intimidad del proceso creativo para una banda que nace en el reggae y fluye en el aire serrano, los mantras y la música africana.

Colaboración:

Martina Vujovich y Elisa Ruiz.

4to Año. Instituto Milenio Villa Allende.

Constanza Barale y Pilar Ochoa.

4to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio.


La conexión con la tierra y la naturaleza que nos rodea es una premisa compartida y grabada a fuego para las integrantes de Turmalina. Se nota en el pulso de sus canciones y en las melodías ancladas en los tiempos fuertes de cada compás.

Siguiendo las palabras de Celeste Oliva, guitarra y voz de la banda, la conexión con el ambiente se impregna en la vida de cada miembro de este trío más allá de la música. “Lo tomamos también como medicina. Pensamos en los momentos que pasamos en vínculo con la naturaleza y todo lo que emerge de ese contacto. Es una forma de vivir en conexión, somos uno con la tierra y tratamos de reflejarlo en nuestros sonidos”, reflexiona la vecina de Cabana (Unquillo).

Lejos del silencio, la propuesta de esta potente banda de amigas fluye y termina invitando al movimiento constante. Si bien reconocen al reggae como raíz de su música, Turmalina encuentra uno de sus puntos diferenciales en la incorporación de mantras hindúes, la influencia siempre latente de los ritmos afro, la cercanía de las sierras y la aparición de la música urbana, que se introduce en sus composiciones de la mano del rap latino. 

“A su vez, en nuestras canciones hay mucha letra serrana, con anclaje cordobés. Pero si tuviera que pensar en un norte, creo que estamos muy enfocadas en lo femenino, ese quizás es nuestro elemento definitorio”, destaca Celeste al hablar del lazo y la causa que las une.

Además de Celeste, la fusión tiene que ver con las vivencias de Regina Grigioni en trombón y voz eIle Pez en programación electrónica, vibráfono y voz. Todas formaron parte de proyectos diferentes y cada una lleva consigo un entramado diverso de relaciones con el arte, que van desde el conservatorio hasta la incursión en escuelas de música popular. Las distintas formaciones musicales, el yoga, las danzas africanas y el deseo de compartir van armando el rompecabezas de una banda que según apunta Oliva, busca “prestar el oído a sentires diferentes”.


El Milenio: ¿Cómo trabajan la composición? ¿Qué es lo importante para ustedes en el momento creativo?

Celeste Oliva: Nosotras trabajamos mucho en lo que es la libre expresión. Ese es nuestro momento para abrirnos a lo que cada una tiene para aportar. Tratamos de aprovechar esa libertad para poder expresar lo que queramos en ese instante, y lo único que nos interesa a partir de eso es generar un decir auténtico, que tenga una mirada de unión entre compañeras, y poder escucharnos. Es muy importante para nosotras fluir entre nuestras tres visiones del mundo y generar algo distinto que no sea de ninguna, sino de todas.

EM: A la hora de pensar en qué disfrutan más o que les implica un trabajo más intenso, ¿cómo es la balanza entre las presentaciones en vivo y producción de un contenido musical?

CO: Yo creo que ambas aristas van de la mano, porque cuando producimos también está presente esa conciencia de que lo que hacemos va para otras personas y que se tiene que generar un ida y vuelta. Obvio que en este momento tan particular le estamos poniendo mucho más tiempo, esfuerzo y dedicación a la producción, pero siento que nunca dejamos de pensar en cómo va a ser el encuentro con el otro, eso que se da en cada toque en vivo.


EM: ¿Cómo es la respuesta del público de la región?       

CO: El público de la zona en general es muy amplio. También sucede que nuestra música mueve a un rango etario bastante grande, desde gente grande hasta niños, por lo cual es algo muy variado. Hay gente que nos sigue por Spotify, por ejemplo, pero definitivamente nuestra zona de influencia es Sierras Chicas y Córdoba capital.

EM: ¿Cómo se modificaron el día a día y los proyectos de la banda en función del distanciamiento social?

CO: Estamos trabajando, intentando limar las distancias porque las chicas viven en Córdoba y yo (que estoy en Unquillo) tengo dificultades para viajar en este contexto. Por lo cual, tratamos de unirnos a través de los buenos usos de las tecnologías. Luchamos también en contra del vaciamiento de los espacios culturales. Siento que muchos artistas nos estamos abriendo a crear contenidos nuevos a través de las redes y está bueno generar otras formas de acercarnos al público. Es ver un poco cómo podemos adaptarnos a este nuevo cambio de paradigma, a través de nuevas plataformas. Nos estamos reinventando.


EM: ¿Qué las mantiene ocupadas a nivel artístico hoy?

CO: En agosto sacamos un tema nuevo que se llama “Vaciate Lento”. Ahora estamos grabando otra canción que se llama “Ábrete corazón”, que es lo que se denomina un canto chamánico del bosque. La voz principal del tema es Regina Grigioni, nuestra trombonista. Le agregamos una parte de rap compuesta por mí, y la estamos grabando y masterizando en Trilocao Records.

Además, estrenamos en octubre “Natura sabe”, otro simple que trabajamos con Rods, un productor de bases de reggae. Recibimos su invitación, no lo conocíamos personalmente, nos envió la música en formato mp3, yo escribí la letra y la grabamos nosotras de manera casera en la casa de Regina. Ahora él la está terminando de producir así que es una composición colaborativa muy interesante.

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