Oriunda de Buenos Aires, pero con su corazón siempre cerca de Sierras Chicas, Garba va de escenario en escenario llevando una propuesta tan multifacética como ella misma. Cuentos, canciones, juegos, dibujos y actuaciones se combinan en un show que se adapta para llegar a niños, jóvenes y adultos.

Colaboración:

  • Paulina Rousseu-Salet y Gino Amata
  • 4to Año. Instituto Milenio Villa Allende
  • Lautaro López Vega e Ignacio Romero
  • 4to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio

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Hace once años, Garba desembarcó en La Quebrada. La artista (que siempre se presenta con su seudónimo) trajo en la mochila un sinfín de propuestas para compartir con su público y, desde entonces, se ha ganado un lugar en el corazón de la comunidad de Sierras Chicas. Y es que la polifacética mujer ofrece espectáculos para todos los gustos, los cuales convocan a chicos y grandes, trascendiendo cualquier frontera etaria.

Teatro, dibujo y música son solo algunas de las disciplinas que despliega arriba del escenario, mientras en la intimidad también se dedica a escribir desde textos diversos hasta canciones, al tiempo que encuentra refugio e inspiración en la literatura y la filosofía.

En ella, la palabra artista implica decir actriz, cantautora, música, narradora, pintora, dibujante y profesora. En esa conjunción de facetas, Garba prefiere definirse como “juglar”, aquellos personajes de la Edad Media que iban de ciudad en ciudad llevando diversión, canciones e historias.

Ya de niña, la artista adoptó las tablas como su hogar. “Mi mamá me llevó al teatro cuando tenía tres años. Me subí al escenario y, a partir de ahí, no me bajé más”, recordó en su charla con El Milenio. A los doce empezó con tímidas funciones animando fiestas infantiles y, lentamente, fue forjando su identidad.

Hoy, con un amplio acervo cultural y una formación académica interdisciplinaria, recorre todo tipo de espacios, hasta las aulas. No sólo realiza presentaciones, sino que, tiempo atrás, también se sumergió en la enseñanza escolar. “Creo que las artes visuales deberían ser una materia obligatoria porque son grandes maneras de sanar a las comunidades. A mí me han dado una profunda libertad y hoy miro la vida desde la formación en este oficio”, remarcó.


Actriz, cantautora, música, dibujante, narradora y profesora, Garba se ha convertido en un clásico de la región. Foto gentileza.


El Milenio: ¿Cómo combinás la actuación con la música y la escritura?

Garba: Arriba del escenario trabajo muchas propuestas. Es una mezcla, siempre lo que hago tiene música y yo me defino ‘juglar’, porque voy de acá para allá cantando y contando historias. Desde ese lugar, hay momentos para la música, para los cuentos, para la actuación y para los juegos. Con el tiempo, también fui agregando cosas mías, textos literarios o canciones de otros géneros.

EM: ¿Tus presentaciones son planificadas o hay espacio para la improvisación?

G: Son planificadas y hay lugar para la improvisación al mismo tiempo. La diferencia con algo totalmente definido de antemano es que me dejo influenciar por lo que va sucediendo, pero la improvisación es muy organizada.

Lo que yo tengo es un repertorio muy grande, el cual voy adaptando al público, porque al trabajar la oralidad, los espectáculos se completan con el accionar del público. Cuando hago música pasa lo mismo, voy viendo el ambiente, el ánimo, la respuesta de la gente. Cuando trabajás en escuelas, por ejemplo, depende mucho de cómo son los chicos, en qué contexto están. Los estudiantes tienen intereses y estímulos distintos, por eso se necesita un esquema y una cintura para poder improvisar.

EM: ¿Cuáles, dentro de tu amplio abanico de disciplinas, te gusta más realizar?

G: Para mí la escritura, la pintura y el dibujo son algo más íntimo, más para adentro; mientras que la actuación y la música van para afuera. Me cuesta mucho combinar ese adentro y afuera, hay épocas que estoy más de un lado o del otro, pero me gustan las dos cosas.

La cuarentena nos mostró que sin arte y cultura estaríamos mucho peor, pero ¿cómo sostiene la gente a quienes le ofrecen eso? Vivimos en una sociedad que recibe mucho de los artistas, pero les da muy poco

EM: ¿Qué mirada tenés del público que asiste a tus obras?

G: En muchos casos el público es “esclavo”, como en las escuelas, donde te contratan, pero los chicos no eligen. Cuando alguien paga una entrada es otra cosa, quiere decir que te sigue, le gusta lo que hacés, por lo general ya te conocen, entonces los códigos son distintos.

Pero, quienes más te enseñan o de quienes más aprendo yo, son los adolescentes, que representan una gran prueba para todo artista. Son súper honestos y eso los vuelve el público más difícil. Si hacés una función con jóvenes y te va bien, aprendés un montón, y si te va mal, también.


La artista compone música popular para adultos, pero también muchas canciones para niños. Foto gentileza.


EM: ¿Cuál fue el trabajo artístico que más te ha marcado?

G: La posibilidad de trabajar desde muy chica en televisión, cuando vivía en Buenos Aires. Eso me marcó bastante porque pude ver que, si alguien te va a pagar por tu trabajo, es porque lo que hacés vale.

Me parece que eso ayuda a ser profesional, o sea, vivir de lo que hacés, ya que es muy difícil decir ser artista si no vivís del arte. Si trabajás en una oficina, sos oficinista, no sos artista que trabaja en la oficina, o eventualmente sí, pero lo que define realmente tu profesión es la remuneración.

EM: ¿Cómo ves el arte en la actualidad?

G: Las personas que nos dedicamos al arte estamos muy desprotegidas, no hay leyes que contemplen nuestras condiciones laborales. Todos nos necesitan un montón, pero no nos pagan. La gran mayoría pasa la cuarentena mirando películas, escuchando música o consumiendo diversos productos culturales, pero eso no se refleja en nuestra manera de vivir. Hay una valoración del resultado, pero no de la persona que lo realiza, salvo cuando se trata de los grandes artistas, que tienen resuelta la economía.

Lo que hacemos es producto de la comunidad, si no hubiese público, no podría existir el arte, pero la gran pregunta es ¿cómo sostiene la comunidad a quienes le ofrecen cultura? Hay gente que piensa que cada uno tiene que arreglárselas, como si hubiera una condena por ser artista, cuando en realidad no se elige cómo ser. A mí me encantaría tener otra profesión que me dé otra estabilidad económica, pero esto es lo que soy. Lamentablemente vivimos en una sociedad que recibe mucho de los artistas, pero les da muy poco.