Las leyes nacionales e internacionales protegen el derecho de las personas con discapacidad al estudio. Pero el aislamiento social obligatorio expuso que el sistema argentino no está preparado para cubrir sus necesidades.

Colaboración: Nahuel F. Cambra*


Durante los últimos años, respaldadas por un franco crecimiento del Diseño Universal en la construcción de inmuebles, de entornos laborales, de esparcimiento, por la elaboración de productos y la prestación de servicios, por la adaptación de este fenómeno como práctica imprescindible para el aprendizaje y por las normas legales que viene imponiendo el Modelo Social de Discapacidad, las Personas con Discapacidad (de ahora en más PcD) vienen ganando calidad de vida y fortaleciéndose como sujetos de derecho.

Si le preguntáramos a una PcD de nuestro país cómo vivía hace solo veinte años nos veríamos sorprendidos por lo mucho que se ha avanzado en ese tiempo en materia de inclusión laboral, educativa, de autonomía personal directamente ligada al autoestima y de concientización con respecto a la diversidad funcional como parte de la existencia humana, pues las circunstancias de adaptación en búsqueda de una mayor igualdad de oportunidades en esos ambientes dejaron de ser casos aislados para ir generándose en mayor número según necesidades específicas de determinados colectivos antes marginados.


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El inconveniente es que muchas veces parecen insuficientes estos avances, parece que no se dan en los tiempos adecuados, en los formatos más convenientes, parece que no resuelven de lleno los problemas sino que apenas cubren una parte de ellos. Y en muchos casos esto es así porque las PcD siguen siendo despreciadas, subestimadas, siguen siendo objeto de discriminación por motivos de discapacidad y siguen sin poder sentirse parte de una sociedad que justamente hace intentos insuficientes por incluirlas.

Persona no vidente con perro lazarillo.

Históricamente, quedó en evidencia que conquistar derechos lleva tiempo, y cuando estos vienen a romper con formas de concebir a un colectivo determinado van a surgir por naturaleza complicaciones porque habrá gente que no está dispuesta a realizar los esfuerzos necesarios para asegurar esos derechos. En el caso de la lucha de las PcD por la obtención de sus derechos esto toma forma en justificaciones de gobernantes del tipo “faltan recursos económicos e infraestructura”, o de prejuicios tan antiguos como dolorosos de distintos sectores de la sociedad con respecto a las capacidades de este colectivo.

En este sentido, se debe seguir celebrando la elaboración de la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad (de ahora en más CDPD), promulgada en marzo de 2007 por Naciones Unidas. Este es el documento más amplio y por lo tanto, más importante en materia de derechos de las PcD, contempla desde el derecho a la vida (artículo 10), a la igualdad y la no discriminación (artículo 5) hasta la participación en la vida cultural, las actividades recreativas, el esparcimiento y el deporte (artículo 30).

Pero la adopción de la CDPD fue gradual en distintos países, que al incorporarla a sus constituciones se transformaron en “Estados Partes”. En ese proceso, la lucha de las PcD por la obtención de derechos fundamentales fue esencial para que distintos países justamente fueran comprometiéndose con su cumplimiento. En Argentina, por ejemplo, la CDPD recién adquirió jerarquía constitucional en los términos del inciso 22 del artículo 75 en diciembre de 2014 a través de la ley 27.044.

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Foto de joven con discapacidad usando Internet.


En estas épocas donde por circunstancias que nos exceden nos vemos obligados a quedarnos en casa es pertinente reconocer a la discapacidad y a la accesibilidad como campos íntimamente relacionados, pues la accesibilidad es imprescindible para las PcD, y en realidad es confortable para un grupo mucho mayor que incluye a adultos mayores y a mujeres embarazadas, por ejemplo, porque vuelve los entornos más habitables, los productos y servicios más fáciles de usar y asegura, por medio del aprovechamiento de aparatos tecnológicos, un mayor nivel de inclusión.

En el enorme campo de la educación, descripto por el artículo 24 de la CDPD y por leyes nacionales como la número 25.573, queda en evidencia que las TIC deben ser utilizadas como motor de inclusión, deben generar una mayor autonomía en las PcD. Y en estas circunstancias cobra mayor fuerza esa fusión ineludible entre conectividad y las TIC para lograr inclusión. Eso es grandioso a simple vista, sin embargo, la puesta en funcionamiento es compleja y trae incoherencias desde el propio manejo de plataformas de interacción.

Vamos a ilustrarlo con un ejemplo bien simple para ser claros: las instituciones educativas, ya sea de nivel secundario o superior, están aprovechando al máximo las aulas virtuales, que son espacios en los cuales docentes dejan a sus alumnos actividades para realizar y recursos para seguir con los contenidos esenciales de la materia que imparten. Pensemos en las personas con discapacidad visual. Este enorme colectivo enfrenta dos problemas, uno más profundo que el otro.

Primero, el acceso a la misma aula virtual. La gran mayoría de páginas de Internet lamentablemente, aún no son accesibles para ser interpretadas por lectores de pantalla, (que es el software de accesibilidad más frecuente utilizado por personas con ceguera o con baja visión). Esa es una barrera enorme que genera desigualdad entre el alumno que puede entrar sin problemas y el que no, que sigue dependiendo de otra persona para poder usar el espacio o que debe hacer esfuerzos enormes para navegar por el sitio usando alguna lupa en el caso de una persona con baja visión, por ejemplo, simplemente para encontrar lo que necesita, y que así difícilmente puede cumplir con los deberes solicitados.

«Muchos de esos pdfs que cargan en las aulas virtuales son fotografías de apuntes que alguien escanea y las junta en un pdf. En muchos casos la persona con discapacidad visual debe descartar el documento o deba recurrir a alguien para que le lea en voz alta el archivo, lo que termina siendo muy frustrante»Nahuel Cambra, estudiante de la UNC.

Y el segundo inconveniente que enfrenta una persona con discapacidad visual a la hora de usar un aula virtual, es el formato y la calidad en la cual cargan la mayoría de materiales de estudio.

A esto también lo vamos a explicar de forma sencilla: supongamos que la PcD visual tiene un familiar (en estas circunstancias las posibilidades de apoyo personal se reducen a la familia), que está siempre dispuesto a ayudarla cuando debe acceder al aula virtual. La gran mayoría (por no decir todos) de los archivos que los docentes o ayudantes cargan para leer son pdfs y el problema con eso es que son de muy tediosa lectura para lectores de pantalla y es también muy difícil avanzar y retroceder dentro del documento, por lo que la alternativa más frecuente es convertir ese pdf a un formato accesible como Microsoft Word.

Eso lleva aún más esfuerzo para la PcD visual, que tiene que pedir ayuda para entrar al aula virtual, para encontrar los materiales de estudio, para descargarlos y para convertirlos después a un Word. Todo eso simplemente para acceder al material de estudio, lo que no parece justo cuando las instituciones académicas se agarran de “subir materiales digitalizados” para asegurar que avanzan en materia de inclusión (aunque en estas circunstancias específicas es su única opción), lo que acaba finalmente en una contradicción.

De esto se desprende la segunda arista del problema relacionado al formato que tienen los documentos que cargan en el aula virtual. Hay una gran diferencia entre un material digitalizado y otro accesible. Infelizmente, muchos de esos pdfs que cargan en las aulas virtuales son fotografías de apuntes que alguien escanea y las junta en un pdf. Al estar en formato imagen, cuando el pdf se convierte en Word (cabe destacar que también lleva más tiempo transformar estos archivos porque al ser imágenes son más pesados) no hay forma de escuchar el documento, lo que en muchos casos lleva a que la PcD visual descarte el documento o deba recurrir nuevamente a alguien para que le lea en voz alta el archivo, lo que termina siendo muy frustrante.

Acá se describió uno solo de los problemas que enfrenta una PcD visual en el campo de la educación: el acceso al material de estudio. La educación es solo una de esas bases que la CDPD aborda, y solo se brindó el ejemplo de una PcD visual, el horizonte sobre el cual se debe seguir mejorando es enorme no solo en las distintas formas de existencia humana, sino también en cada una de ellas. Debemos celebrar que hoy se hable sobre accesibilidad y que haya una mayor conciencia sobre la importancia de la misma en torno a una igualdad de oportunidades, pero el camino a recorrer es largo y siempre habrá obstáculos que sortear, lo importante es nunca dejar de caminar hacia adelante.

*Nahuel F. Cambra es estudiante del último año de la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba y vecino de la localidad de Villa Carlos Paz. Además, es colaborador de Red Mate, proyecto universitario que busca adaptar textos para personas con discapacidad visual.