Edu Valdés y su hermano Pancho son el eje de un proyecto musical amplio y sin miedo a las fronteras que definen a los distintos géneros compositivos. Con mirada hacia el mundo, pero con impronta cordobesa, esta banda navega con comodidad en las aguas del pop y la electrónica.

  • Colaboración: Julieta Lafuente y Sofía Marchetti (5to IENM). Juliana Córdoba, Agostina Alecci y Camila Centeno (5to IMVA).


Basta abrir alguno de sus videoclips en YouTube, asistir a uno de sus shows en vivo o prestar atención al depurado sonido de Valdés, para darse cuenta que se trata de una banda que no deja nada librado al azar. La búsqueda tiene un resultado inconfundible y, al mismo tiempo, difícil de definir.

“Nos cuesta catalogar nuestra música. Sabemos que algunos temas tienen una estética más ‘popera’ y otros se inclinan más a lo electrónico, al groove o al funk. Si me preguntan qué hacemos, yo diría que hacemos canción”, admite Edu, el guitarrista, charlando con Radio El Milenio.

Este dúo de hermanos terminó consolidando, hace apenas algunos años, una formación que parecía destinada a decantar tarde o temprano. De madre cantante y padre baterista, la música fue el primer estímulo que los Valdés recibieron en su infancia.

“Nosotros pasamos por muchas experiencias distintas, integramos otras bandas, tocamos con otros músicos. Cuando vimos la oportunidad de armar algo juntos, decidimos que el proyecto sea nuestro, entre otras cosas, para que todas las decisiones importantes de la banda sean tomadas por nosotros”, cuenta Eduardo.

Si bien el punto de partida fue similar para ambos, Eduardo y Pancho moldearon maneras diferentes de vincularse con la música. Siguiendo esa línea, el músico reflexiona: “Quizás la personalidad de Valdés también pasa un poco por esto de combinar dos mundos. El mío, que es un poco más académico, y el de mi hermano, que es súper intuitivo y físico con la música”.

Resulta imposible separar al dúo del contexto musical cordobés actual. Cuando piensa en los orígenes de este impulso, Edu entiende que responde a un ambiente de bandas independientes en crecimiento. La marca más representativa de esta ola fue el sello Discos del Bosque. La discográfica que agrupaba a artistas como Juan Ingaramo, Francisca y los Exploradores e Hipnótica, entre otras, fue determinante en la creación de un panorama local diferente.

“Pancho y yo colaboramos con algunos artistas que integraban ese circuito. Fue potenciando la idea de dar inicio a nuestro proyecto. El público cordobés se ha interiorizado mucho más en lo que producimos a nivel local. Se corrió un poco esa mirada que te hacía pensar que todo lo bueno tiene que venir de Buenos Aires. Se estableció una especie de mercado cultural acá”, sostiene el compositor.

El Milenio: ¿Cómo fueron creando una identidad propia en Valdés?

Eduardo Valdés: A prueba y error. Hay que estar todo el tiempo tocando la música que a uno le gusta y siente, e ir buscando de todas las maneras posibles. Es un proceso que a algunos les puede llevar más tiempo que a otros. Pero en concreto, no hay ningún secreto, simplemente un trabajo de búsqueda constante, de intentar y no aflojar.

EM: ¿Qué significó para ustedes llegar a escenarios como Niceto Club o el Lollapalooza?

EV: Obviamente es algo lindo. Cuando uno arranca en esto, siempre tiene la idea de llevar su música a todos los lugares posibles. Los escenarios grandes tienen esa majestuosidad que los hace interesantes de ocupar, pero yo, personalmente, prefiero tocar en lugares más chicos, donde pueda estar más cerca de la gente.

EM: El año pasado tocaron en el festival La Nueva Generación y este año repiten en la grilla. ¿Se sienten parte de un movimiento artístico en común?

“La personalidad de Valdés combina el mundo de mi hermano con el mío”, sostiene Edu.

EV: Sin dudas, está a la vista. El festival viene trabajando a nivel federal para englobar algo que ya es una escena y es muy interesante. Quizás al principio lo que nos nucleaba era lo indie, con una serie de bandas por fuera de las discográficas, emergentes. Con el tiempo fuimos creciendo, generando mayor convocatoria y música de mejor calidad. Nosotros nos sentimos identificados con ese movimiento y somos contemporáneos a él.

EM: ¿Qué les quedó de tocar en el exterior?

EV: Es hermoso que la música te abra pasajes. Es la oportunidad de tomar contacto con otra gente, otras costumbres, otras culturas. Estuvimos en Chile, Perú, Paraguay y es increíble cruzarse con personas que ya conocen nuestras canciones. Es un halago increíble para Valdés.

EM: ¿Encontraron en otros países una escena musical independiente tan potente como la de Argentina en la actualidad?

EV: Sí, pero creo que son escenas que recién están naciendo. En Chile me sorprendió el empuje musical de otros lugares, fuera de Santiago, como Concepción. En Chile y Perú es llamativo lo mucho que conocen la escena argentina, cuáles son las bandas, qué tocan. Nuestro país es muy reconocido, no sólo por la calidad musical, sino por todo lo que llevan las bandas a los shows en vivo.

“Los escenarios grandes tienen esa majestuosidad que los hace interesantes de ocupar, pero yo, personalmente, prefiero tocar en lugares más chicos, donde pueda estar más cerca de la gente”

EM: ¿Qué cambiaron a nivel musical entre su primer disco y el segundo?

EV: El primer disco lo hicimos muy despojados de un montón de cosas, en el living de casa, sin pensarla tanto, simplemente siguiendo esa necesidad que teníamos de hacer música. El segundo ya tiene todo un planteo, a partir de todo lo que uno quisiera haber hecho mejor en el primero, es un disco más consciente. En los procesos artísticos uno tiene que aprender cuándo soltar una obra, porque de otro modo no termina nunca.

EM: ¿Qué planes tienen en el horizonte artístico?

EV: La idea es crecer, estar constantemente generando música nueva. Queremos experimentar cosas diferentes en todo momento, porque esa es un poco la clave para que no se te acabe la nafta en el arte.