24 octubre, 2026

El Milenio

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Lala Pasquinelli: “La exigencia de belleza es el mandato más naturalizado”

Durante su paso por Sierras Chicas, la poeta, abogada y activista feminista Lala Pasquinelli analizó en un mano a mano exclusivo los principales ejes que atraviesan la labor de Mujeres Que No Fueron Tapa, la organización que fundó y que hoy reúne a casi 600 mil personas en redes.

Por: Delfina Monti, Pía Clavero y Bárbara Durán 4° IMVA – Colomba Franco y Gomez Santiago Joaquín 4° IENM.


Como parte de las actividades previas a su participación en el 39.º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries, que se realizó en Córdoba, el miércoles 7 de octubre Lala Pasquinelli presentó sus libros La estafa de la feminidad y Maternidad: ¿deseo o mandato? en la Biblioteca Tere Andruetto de Unquillo.

En el primero de estos, publicado en 2024, analiza la cultura de la belleza y sus efectos sobre la vida de las mujeres. En tanto, en su libro más reciente, pone en discusión la asociación entre maternidad y realización personal, y recupera experiencias que suelen quedar fuera de los relatos idealizados.

Poeta, abogada y artivista feminista, fundó en 2015, al calor del primer Ni Una Menos, Mujeres Que No Fueron Tapa (MQNFT), una organización que cuestiona los estereotipos de género presentes en la cultura masiva y las representaciones de las mujeres en los medios y las redes sociales.

A través de campañas como Hermana, soltá la panza y Hermana, soltá el reloj, el colectivo propone revisar los mandatos que atraviesan los cuerpos, los deseos, además de desarrollar propuestas educativas para abordar estas problemáticas. Entre ellas el Festival de Hackeo de Estereotipos, que ofrece actividades y materiales para que docentes y estudiantes analicen críticamente las imágenes, los discursos y los modelos que circulan.  En 2023, la BBC la incluyó entre las 100 mujeres más influyentes del mundo.

El Milenio: ¿Cuál es hoy el mandato sobre las mujeres que más naturalizado está?

Lala Pasquinelli: Yo creo que el mandato más eficiente que hoy existe sobre los cuerpos de las mujeres es la belleza. Es la exigencia de belleza, algo que se radicalizó a partir de las redes sociales. Nosotras las veíamos en publicidades, en la tele; había una posibilidad de escapar de algo de eso. Aun así, nos arruinó la vida. Lo que notamos en nuestro trabajo con estudiantes es que pueden identificar los ideales de belleza, pero no siempre relacionarlos con lo que les pasa con su cuerpo, la vergüenza o la desesperación de no poder hacerse el skincare o pasarse la planchita.

El ideal de belleza te rompe, porque te hace sentir que nunca estás a la altura. Y ese malestar lo vivís como una experiencia individual: pensás que tenés un trauma o un problema de autoestima, como si la autoestima no se construyera colectivamente ni tuviera que ver con los discursos públicos sobre cuáles son las buenas mujeres y qué valor tiene un cuerpo que encaja. Somos nosotras mismas las que nos vigilamos y nos convertimos en policías de nuestros cuerpos.

Además del daño psicológico, aprendés que tu tiempo no vale nada porque se lo entregás a los rituales de belleza, que tenés que gastar plata en cosas que no sirven y que tenés que callarte la boca y no ocupar espacio. Hay una sofisticación que lo vuelve invisible y hace que cueste desarmarlo.

EM: ¿Por qué sigue siendo más fácil aceptar a una mujer que quiere ser madre que a una que no quiere?

LP: El ideal femenino se construye en relación con la maternidad. No solo tenés que ser linda, sino que tenés que ser madre para convertirte en mujer. Cuando una mujer dice que no quiere ser madre, enseguida le dicen: “Eso decís ahora porque sos joven” o “ya vas a cambiar de opinión”. ¿Por qué vos, mujer, no podés saber qué querés para tu vida? Se instala la idea de que, si no sos madre, nunca vas a conocer el amor o vas a ser infeliz.

La maternidad puede ser una experiencia hermosa para algunas mujeres, pero no para todas. Y esa idealización también genera frustración y sufrimiento. Si te contaron que ser madre es sinónimo de felicidad y realización, pero te encontrás con malestar, agobio y explotación, lo primero que pensás es: “¿Qué me pasa? ¿Qué tengo roto yo?”.

EM: ¿Qué intereses sostienen la presión social en torno a la maternidad?

LP: Tiene que ver con un sistema económico que se basa en la idea del crecimiento infinito. Para sostenerse, necesita cada vez más consumidores y trabajadores. Esa lógica se traduce en discursos públicos y publicidad que presentan la maternidad como el centro de la felicidad y la realización de las mujeres.

En el libro historizo cómo se construyó la idea del deseo materno. Hasta mediados del siglo XX, muchas mujeres eran madres porque tenían pocas posibilidades de decidir sobre sus vidas: no contaban con autonomía económica y podían estudiar solo si las dejaban. Con la aparición de la píldora anticonceptiva, empezaron a tener más posibilidades de decidir cuántos hijos tener y cuándo. A partir de entonces, se difundió un modelo de maternidad muy parecido al que conocemos hoy, que promete felicidad, amor y realización personal.

EM: ¿Cómo conviven las redes sociales como espacio de disciplinamiento de los cuerpos y al mismo tiempo como una red de contención comunitaria?

LP: Es una contradicción permanente. Desde que existe Mujeres Que No Fueron Tapa, intentamos estar en las redes sin cumplir las órdenes de las plataformas. El algoritmo te lleva a tomar decisiones para tener vistas: bailar, tomar mate, cocinar, maquillarte. Es como un dueño invisible que todos intentamos adivinar y al que nos vamos sometiendo. Intentamos no caer en esa lógica, aunque eso implica muchas veces una invisibilización. Es importante estar ahí tratando de ser nosotras, con las conversaciones y los recursos que nos interesan. Pero también está la violencia en redes, que es una de las cosas que más te silencia. La pregunta es cómo estar ahí y cuál es el costo.

EM: En el marco del Encuentro Plurinacional en Córdoba y frente a una época que empuja al aislamiento y a las salidas individuales, ¿qué potencia tiene encontrarse cara a cara?

LP: Creemos que tiene una potencia que no se compara con nada. Encontrarte en un mismo espacio con otras personas, que haya escucha y conversación, hace que pasen cosas que no pasarían por Zoom. Hay algo del registro del cuerpo que no existe en lo virtual: la piel, el olor, la tensión. Además, desvirtualizar te permite hablar de cosas que no hablarías en otros ámbitos, sobre todo en términos políticos. En estos encuentros se construye un espacio relativamente seguro donde se pueden decir más cosas. Nos encontramos muchas mujeres, lesbianas, travestis y trans de todo el país, pensando desde distintos lugares.

Eso no quiere decir que estemos de acuerdo: las discusiones pueden ser duras, nos peleamos y nos enojamos. Pero eso hace que pasen otras cosas y que nos sigamos juntando. Cuando el encuentro sucede, pasan cosas inesperadas que, si no nos encontramos, no ocurren. Me parece que por eso existen las plataformas, por eso se rompieron los lazos colectivos y se pone al individuo por sobre todas las otras formas de existencia. En el encuentro, en lo colectivo, en dedicarle tiempo a algo que no es solo para mí, hay una potencia política tremenda.


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