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El poder de las pequeñas grandes acciones

Viviana Godoy es directora nacional de Tijeras Solidarias Argentina, una fundación que se dedica a realizar diversas acciones humanitarias, entre las cuales se destaca el corte de cabello a niños, jóvenes y adultos en situación de vulnerabilidad. En marzo de 2019, presentó un libro que reúne el trabajo de esta organización que hoy incluye a más de dos mil voluntarios.

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Por Vicente Schechtel

vicenteschechtel@elmilenio.info

Colaboración: Agustín Popoff y Felipe Sánchez (6to IMVA).


Tijeras Solidarias es una fundación que nació en España con el fin de proporcionar higiene, adecuación y mantenimiento del cabello a cualquier persona o colectivo que se encontrase en una situación de emergencia social, contribuyendo así a su desarrollo físico y psicológico en condiciones de dignidad.

Hace tres años, la peluquera cordobesa Viviana Godoy vivió en primera persona el trabajo de esta organización y decidió replicar la iniciativa en nuestro país. En poco tiempo, Tijeras Solidarias Argentina se extendió a 19 provincias, reuniendo a más de dos mil estilistas voluntarios.

Tras los primeros años de trabajo, Viviana escribió “Las pequeñas grandes acciones”, libro que publicó en marzo de este año y trajo al Instituto Milenio Villa Allende a mediados de octubre en el marco de la XIII Feria del Libro de la Fundación Josefina Valli de Risso. 

La obra cuenta cómo nació esta organización y su experiencia con otros peluqueros voluntarios en distintas partes del mundo, ayudando no solo con la higiene de las personas, sino también en diversas causas solidarias.

Viviana Godoy encabeza la Fundación Tijeras Solidarias Argentina hace tres años.


El Milenio: ¿Cómo comenzó el proyecto Tijeras Solidarias?

Viviana Godoy: Es una iniciativa que conocí hace tres años, de la mano de Saúl Sancho Soriano, presidente de la fundación Tijeras Solidarias España. Con los voluntarios de esta organización fui a la isla de Lesbos (Grecia) a cortarles el cabello a los refugiados de Siria.

Cuando llegué y vi lo que estaba pasando, pensé: este es un mundo que la gente ignora. Porque una cosa es ver en el noticiero cómo es la situación de los refugiados, y otra cosa es vivirlo, sentirlo, escucharlo. Ver sus caras, sus manos, cómo se aferran, cómo te acarician.

Para mí fue una experiencia muy movilizadora, me marcó mucho. Ahí fue cuando Saúl me sugirió traer la idea a Argentina, porque acá hay otro tipo de guerra, que es la del hambre y la pobreza. Así que lo hice, con la intención de ayudar de una manera diferente.

EM: ¿Cómo fue ese proceso de traer Tijeras Solidarias al país?

VG: Fue fantástico, en tres años creció muchísimo. Empecé con cinco peluqueros en Córdoba y hoy en día estamos en 19 provincias y tenemos más de dos mil voluntarios. Por el momento, es una iniciativa que sólo se replicó en Argentina, pero tenemos la idea de llevarla a distintas partes de Latinoamérica.

El objetivo es abarcar todo el mundo. Por eso hoy en día, la Fundación Tijeras Solidarias Argentina ha cruzado el charco. Diecisiete peluqueros voluntarios de Senegal (África) están armando un refugio al cual viajaré el año que viene para encarar una acción conjunta sobre el tema de la higiene.

EM: ¿Cómo se sostiene la asociación?

VG: Cuando hacemos cualquier movimiento, los fondos salen de nosotros mismos. Las donaciones son muy puntuales y se piden un mes antes de la fecha del viaje, así nos manejamos en Argentina. Por eso necesitaba que la gente sepa quiénes somos y, para lograr eso, escribí el libro.

Allí cuento cómo nació todo esto, pero también hablo de mis agobios, porque en un momento pensé que se me iba de las manos. Hubo una situación que me hizo volver a agarrar la soga, aunque para saber cuál fue, tendrán que leer “Las pequeñas grandes acciones”.

Por otra parte, al no tener fondos monetarios, el libro sirve también para recaudar dinero para las acciones que hacemos, ya que hoy por hoy es todo a pulmón.

Ser peluquera significa poder devolver la dignidad a las personas y levantarles el ánimo cuando están mal. Son las pequeñas grandes acciones las que pueden cambiar el mundo.

EM: ¿Hubo alguna otra experiencia significativa que hayas incluido en el libro?  

VG: He pasado momentos intensos en estos tres años, pero recuerdo uno que me ayudó a elegir la tapa. Yo nunca había escrito nada, este libro lo hice con el alma realmente. Cuando terminé, tenía que pensar un nombre y cómo iba a ser la portada.

Estaba con esos pensamientos en la cabeza cuando fui a realizar una actividad a una cancha de fútbol de un barrio humilde. Cuando termino de cortarle el pelo a un niño de siete años, me pide un espejo, se mira y sonríe. En ese momento, uno de mis compañeros me dice: “ahí tenés la tapa del libro”.

Ser peluquera significa poder devolverle la dignidad y levantarle el ánimo a las personas que están mal. A quien no le pasó de andar bajoneado, mirarse al espejo e ir a la peluquería para sentirse mejor, renovado. Ahí me di cuenta que las pequeñas grandes acciones son las que pueden cambiar al mundo.

Para sumarse como voluntario o enviar donaciones, comunicarse a la fanpage: Tijeras solidarias argentina (Facebook).


EM: ¿Qué es lo que te motiva a seguir adelante?

VG: La sociedad en la que vivimos, donde estamos perdiendo los valores, donde nadie dice gracias, ni buenos días, ni perdón. Hay que volver a esos gestos sencillos, pero tan significativos, que son los que mantienen a la familia y a la comunidad unida.

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