2 octubre, 2026

El Milenio

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Mendiolaza: Carmen Santur, entre la escena y la palabra

Carmen Santur Arrelucé cuenta con una trayectoria atravesada por la escritura, las artes escénicas y la comunicación. Oriunda de Perú, hace cuatro años que vive en Córdoba, después de haber transitado otros siete años por Argentina. Es docente, comunicadora y dramaturga, disciplinas que lejos de transitar caminos separados, fueron encontrando puntos de encuentro a lo largo de su recorrido.

Por: Guadalupe González, Lucero López y Lourdes Valenzuela 4°IMVA – Ignacio Varea y Felipe Floridia 4°IENM


El acercamiento de Carmen Santur al teatro comenzó en la universidad, en Perú, donde estudió Artes Escénicas. Allí descubrió que, aunque había ingresado con la intención de ser actriz, era la escritura la que despertaba en ella un interés más profundo. La formación le permitió explorar distintos aspectos de la creación teatral, hasta encontrar en la escritura su principal forma de expresión.

El camino la llevó luego a Buenos Aires, donde cursó la Maestría en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). La decisión surgió casi de manera inesperada: después de vivir un tiempo en Nueva York y regresar a Perú, comenzó a buscar alternativas para continuar aprendiendo. Así, una cobertura periodística en el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (FIBA) fue el punto de partida para conocer la propuesta de la UNA. Escribió una obra breve como requisito de ingreso, fue seleccionada y así comenzó una etapa que también la llevó a aprender y ampliar sus vínculos con el mundo teatral.

En la capital nacional, además de continuar escribiendo, trabajó en productoras, eventos y espectáculos vinculados a la performance y al circo. Esa experiencia la acercó a un lenguaje diferente, en el que el cuerpo, el movimiento y los objetos podían ocupar el centro de la escena sin depender necesariamente de la palabra. Más tarde, en 2016, una diplomatura en danza-teatro le permitió profundizar esa búsqueda y comenzar a explorar cómo combinar sus conocimientos de escritura con el teatro físico.

De ese proceso surgió “El Oso Multiverso», una obra creada junto a una compañera vinculada al circo y a la expresión corporal. La propuesta partió de una premisa sencilla: imaginar “cómo hacer volar durante cinco segundos a un oso de peluche”. A partir de allí, el juego, la exploración del movimiento, la danza, el teatro y el texto, se fueron entrelazando hasta construir una pieza en la que un objeto se transforma en protagonista.

Al respecto, estableció: “Ese tipo de exploración y de humor me gustaron mucho para jugarlos y atravesarlos tanto en la escritura como en la dramaturgia. Creo que el humor y la ciencia ficción son mis dos géneros favoritos”. La obra se presentó en distintos ciclos y festivales de danza contemporánea en Buenos Aires, y fue seleccionada en el Festival Escena Contemporánea de México.

Sumado a esta y otras producciones, durante la pandemia creó “Lo que dura un Zoom», su primera pieza en formato virtual, que recibió el subsidio de PROTEATRO. Paralelamente, trabajó como malabarista y zanquista en producciones escénicas y además desarrolló una trayectoria docente que incluye clases de  inglés y talleres de dramaturgia para adolescentes y adultos. Fue docente invitada en el Primer Encuentro de Teatro para Adolescentes en Sierras Chicas y, desde 2022, dicta clases y talleres de dramaturgia y escritura creativa en distintos espacios culturales.

El Milenio: ¿Cómo fue tu experiencia como artista de circo y qué significó para vos esa faceta? 

Carmen Santur: Trabajé como artista de circo hasta que me mudé a Córdoba. Estábamos esperando con mi novio nuestro hijo, vivíamos en Buenos Aires, pero era mucha la presión  del trabajo y para vivir, entonces dijimos: “Vamos a ver a dónde llegamos y llegamos a Córdoba para bajar un poco los decibeles.’’

Estando en Buenos Aires, cuando llegabas a alguna audición, te pedían que sepas actuar, cantar, hacer algo de circo, tocar algún instrumento musical. Ya para ese momento estaba haciendo malabares en zancos, algo que me gustaba mucho, y tenía un grupo muy lindo de artistas con quienes viajé para algunos espectáculos, como a San Luis por ejemplo. Pero dejé de lado eso, acá no trabajé más como artista de circo porque no conocía el ambiente.

EM: ¿Qué posibilidades te ofrecían los lenguajes en los que te sumergías y qué encontraste después en la escritura narrativa que te llevó a ampliar tu campo de creación? 

CS: Hice la maestría en escritura creativa (narrativa) en la Universidad de Valencia y los talleres que dicto actualmente se tratan de eso. La dramaturgia es diferente. Cuando escribís una obra de teatro, se narra en presente porque son diálogos, no hay pasado. Incluso si necesitás un pasado, es un flashback. Entonces el texto tiene que estar vivo y tener un ritmo un poco más rápido. En cambio, en la narrativa, más allá de la extensión del texto, permite pensar, permite explorar un poco más.

Cuando estaba haciendo la maestría en España, tuve una experiencia muy interesante. En un momento veíamos todos los tipos de literatura que hay actualmente en el mundo y pensé: “me encanta escribir historias”, pero ¿qué pasa con las nuevas generaciones? No es solamente el gusto por leer o no leer, y no es una cuestión generacional; también hay gente de nuestra edad que no lee. Entonces, ¿cuál es el punto? ¿Qué está pasando ahora?

Uno de los estudios hablaba de que hay un tipo de literatura que se llama Twitteratura, porque la información tiene que ser corta y transmitida rápido. Entonces, el nuevo desafío para escribir es: ¿qué presento?, ¿qué economía de palabras uso?, ¿cuál es el mensaje para que todos y todas quieran leer o, por lo menos, tengan un acercamiento? Esto es algo que nos permite replantearnos.

Una pregunta que me hago mucho, no solamente para escribir, incluso para dictar clases, es ¿cómo hacer para que todos y todas disfruten la lectura? Porque para lograrlo hay que disfrutar el proceso, no tanto del resultado.

EM: En los talleres que dictás, ¿qué aprendés de quienes participan en esos espacios? ¿De qué manera la docencia alimenta tu propia escritura y tu mirada creativa?

CS: Una de las cosas que aprendí y aprendo todavía trabajando con adolescentes, es la forma de ver el mundo. Es un nuevo concepto para mí la inmediatez, y las preguntas que me hacen o las historias que escriben me llevan a salir de mi zona de confort.

Además, ahora estoy terminando de escribir una antología de seis cuentos. Siempre escribí a mis personajes como personas adultas y es la primera vez que en una de mis historias mi personaje es un adolescente. Todo lo que pasa lo aprendí por lo que hablo con mis alumnos. Me parece interesante también explorar cómo lidiar con toda la emocionalidad que tenemos a esa edad, con el proceso de la adolescencia, de descubrir cosas.

EM: ¿Qué aprendizaje sigue presente en tu manera de crear actualmente?

CS: Creo que el observar, de alguna u otra forma, es muy importante para hacer cualquier tipo de cosas, y por eso trato de estar en modo observadora. Además, creo que la constancia también me permitió y me permite crear, algo que a la vez es lo que más me cuesta porque hay que sentirse bien para hacerlo.


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