En medio de una comunidad que impone altos estándares para conseguir aceptación, las personas viven en una competencia constante en busca del éxito. El antropólogo Diego Gogna y el psicólogo Diego Tachella explicaron qué es la sociedad del éxito y cómo afecta a las personas en su desarrollo (Getty Images).

Colaboración:

Ticiano Bernardi, Lautaro Pérez, Sofía Aparicio y Rocío Robledo

Instituto Educativo Nuevo Milenio


Inmersos en una sociedad que establece parámetros cada vez más exigentes para considerar a una persona exitosa, los seres humanos anhelan, a diario, cumplir ciertas metas y ocupar un lugar importante en el ámbito en el cual se desenvuelven. Entre la crítica y los juicios de terceros, nadie queda exento de la presión por conseguir la perfección. Si bien algunos no se dejan llevar por los estándares, la gran mayoría vive pendiente de conseguir los méritos necesarios para encajar en una comunidad “exitosa”.

El Milenio dialogó con Diego Gogna, antropólogo, quien explicó que la “sociedad del éxito” es una “construcción social y humana”, una idea sostenida desde “un modo de ver la vida como competencia”. “Hablar de una sociedad del éxito implica decir que vivimos en un mundo regido por la competencia, donde buscamos ocupar un lugar que otro no ocupará. Esa visión esconde que lo que realmente se produce es exclusión, debido a que no todos partimos de una situación de igualdad”, detalló el antropólogo.

Por su parte, Diego Tachella, licenciado en Psicología (MP 3257) y vecino de Mendiolaza, manifestó: “Hoy la sociedad espera que cada uno de nosotros y nosotras logremos ciertos objetivos básicos: terminar la primaria y la secundaria, ingresar al sistema de consumo de bienes (tener ciertas cosas y de cierta calidad) y de producción de los mismos (trabajar para ganar y generar dinero), desarrollar determinadas actividades sociales (deportes, viajes, etcétera), entre otras metas. Quienes logran esos fines, son considerados exitosos”.

Como señaló Gogna, si bien la competencia es algo que existe desde los inicios de la sociedad, la noción de éxito es una invención moderna. Hoy en día, este concepto promueve el individualismo y la falta de empatía, frente a la cooperación y la consideración por los demás, debilitando en cierta medida los lazos sociales que constituyen y sostienen la comunidad.

Expectativas sociales


Los likes (me gusta) de las redes sociales determinan gran parte de nuestras conductas. Foto gentileza quien corresponda.


Como se mencionó anteriormente, existe una constante presión a nivel colectivo e individual por ser una “persona exitosa”, se ponen ciertas expectativas en juego y se genera una lucha diaria para alcanzar el triunfo.

Siguiendo las reflexiones del sociólogo Pierre Bourdieu, Gogna explicó que el éxito puede verse como la acumulación de capital, ya sea económico (como tener un auto caro o un celular de tal marca) o cultural (por ejemplo, poseer una gran cantidad de títulos educativos), como así también, social y simbólico. Este capital define la posición que cada sujeto ocupa en un determinado campo, formado por un conjunto de relaciones objetivas.

Esto implica que, en cada etapa de su vida, las personas buscarán acumular distintos tipos de capital según el ambiente en que se desenvuelven, sus representaciones y preconcepciones. “Incluso se juega con las expectativas de si una educación privada es mejor que una pública o viceversa. Se pone en tela de juicio hasta si se es buen padre, dependiendo del colegio al que asisten sus hijos. Todo esto toca la subjetividad del ser humano”, opinó el antropólogo.

Cuando el modelo de ser exitoso se convierte en inalcanzable, la gente comienza a buscar otro camino. Así aparecen muchas conductas que consideramos desadaptativas en relación a los parámetros establecidos”, manifestó, por su parte, Tachella.

Además, el psicólogo añadió: “Vamos aprendiendo qué es lo deseable y qué nos hace destinatarios del afecto de quienes nos rodean. De alguna manera, asumimos que necesitamos el éxito para ser queridos y queridas”. Por eso, ante las expectativas ajenas, Tachella opinó que a veces es necesario cambiar de entorno cuando éste no nos permite adaptarnos o tratar de modificar el mismo para estar mejor.

Esta idea omnipresente del éxito como objetivo primordial, lejos de generar motivación, puede tener impactos negativos en la vida cotidiana. “Una de las consecuencias de buscar el éxito como única meta, es que se pierde la posibilidad de disfrutar del día a día, del viaje, porque sólo se piensa en llegar a cierto destino. Además, el éxito pasa por una sensación de bienestar, y, ante el fracaso, el malestar se vuelve insoportable, llevando incluso a los sujetos a una paralización que les impide continuar en su desarrollo”, expresó.

Vivimos en una sociedad regida por la competencia, buscamos ocupar un lugar que otro no ocupará. Esto esconde una gran exclusión, ya que no partimos todos de una situación de igualdad. Diego Gogna, antropólogo.

La cultura del éxito


La sociedad del éxito se sostiene en un modo de ver la vida como competencia. Foto gentileza quien corresponda.


Una de las manifestaciones de la sociedad del éxito es la llamada “cultura del éxito”, es decir, qué se considera como “ser exitoso”. Debido a que no todas las personas crecen en un mismo ámbito, las concepciones de éxito pueden variar, aunque en general, se trata de una cultura basada en principios individualistas (como se ve hoy en día, por ejemplo, con el auge de la autoayuda, la auto-imagen y la auto-motivación).

Por su parte, Gogna explicó que son los sujetos quienes le dan sentido a la palabra “éxito”, puesto que la cultura del éxito (como la cultura en general) es una construcción social. Esta noción, a su vez, es compartida por los integrantes de una sociedad y corresponde a un momento histórico determinado.

Nacemos en una sociedad que tiene una cultura y nos vamos acomodando y adaptando a ésta”, señaló Tachella, destacando la importancia de buscar el equilibrio, a nivel personal, entre lo social y lo individual, lo que se nos exige ser y hacer y lo que necesitamos y podemos dar y hacer.

En esta línea, agregó: “Es necesario tener en cuenta que siempre tenemos opciones, más o menos difíciles de elegir, pero que son alternativas a esos modelos que se nos proponen (ya sea intencionalmente o no) desde los principales referentes: la escuela, la familia, los medios de comunicación, entre otros”.

Ni siquiera podríamos decir que todo el mundo anhela ser exitoso, debido a que cada uno se desenvuelve en un pequeño fragmento del tejido social. Tampoco podemos decir que el éxito significa lo mismo para todos. Hay que tener en cuenta la diversidad y complejidad que tiene la sociedad”, manifestó Gogna. 

En este sentido, Tachella coincidió en que no se puede generalizar lo que significa el éxito para las personas, ya que es algo sumamente subjetivo, aunque tampoco se puede negar la influencia de la sociedad. “Hoy hay un imperativo de felicidad, desde el feliz cumpleaños hasta las redes sociales, los likes dominan y moldean gran parte de nuestras conductas, que deben registrarse y compartirse en aras de obtener esa retroalimentación”, manifestó.

Fracasar como parte del proceso

En la sociedad actual, la noción de éxito va asociada al poder económico. Foto gentileza quien corresponda.


El miedo al fracaso es algo cotidiano en el mundo del deseo al éxito, donde frecuentemente se penaliza el error. Sin embargo, es sabido que la experiencia de fracasar es una parte necesaria, desde la infancia, del proceso de aprendizaje. El problema es que el fracaso de una conducta, generalmente, es determinado por un observador externo. De la misma forma, en muchos casos, el éxito viene definido por otros y no por uno mismo.

Siguiendo a Tachella, hay factores individuales que cada uno toma de su interacción con el entorno para construir su propia noción de éxito, la cual incluye inevitablemente el fracaso. “La gente considera exitosa a los triunfadores de deportes populares, a las personas que ganan mucho dinero o las que tienen muchos seres queridos, entre otros aspectos”, expresó.

Quienes no logran cumplir esas metas, señaló el psicólogo, quedan fuera del sistema, y se los considera fracasados. En esta línea explicó que, si el éxito es parte de la identidad, el fracaso es vivido como una despersonalización, lo cual conlleva malestar emocional. Lo mismo ocurre con las exigencias externas, desde mandatos sociales, hasta familiares.

Este es el punto en el cual es necesario que la noción personal de éxito se imponga por sobre la de la sociedad, valorando lo que se quiere y necesita en cada momento a nivel propio, para lograr un estado de bienestar equilibrado.

Otra de las circunstancias que se presentan en este marco, es asumir que existe una especie de meritocracia, que el destino, la naturaleza o quien sea está juzgando nuestros actos y nos va a dar lo que nos merecemos por ‘hacer las cosas bien’ según ciertos mandatos, y no es así. La recompensa en lo que hacemos debe estar en la actividad misma, no en esperar que los demás nos den sus reconocimiento o afecto”, manifestó Tachella.

Por otro lado, aseguró que es necesario que el éxito incluya al fracaso como parte del proceso, porque ayuda a redefinir las metas y objetivos personales. “Querer alcanzar esa imagen de éxito que traemos desde la infancia para lograr que nos quieran, es una de las formas de sufrir más frecuentes que se ven en la actualidad”, apuntó el psicólogo de Mendiolaza.

Disfrutar del proceso, no sólo del resultado, es la mejor manera de no frustrarse y de no generar esfuerzos innecesarios que no van hacia lo que nos proponemos. Además, que los resultados a veces no sean los esperados, no quiere decir que no sean satisfactorios”, concluyó Tachella.

Es necesario que el éxito incluya al fracaso como parte del proceso, porque ayuda a redefinir los objetivos personales. Hay que disfrutar el proceso, no pensar sólo en el resultado. Diego Tachella, psicólogo.

Diferencias que lo cambian todo

Diego Tachella dirigió una investigación en 2017 sobre la representación social del éxito en niños y niñas de sexto grado, basándose en dos escuelas de Córdoba (una pública y otra privada). Vale aclarar que la representación social es un modo de conocimiento compartido y construido de modo colectivo, que da cuenta de ciertas características comunes en un grupo.

Los descubrimientos de ese trabajo apuntan que la noción de ‘éxito’ varía según el género. Los varones tienen más presente la idea de ganar fama y triunfar, mientras que las mujeres buscan más la felicidad y el estudio como meta”, señaló Tachella.

Así, la sociedad del éxito afecta de manera diferente a niños y niñas; por ende, los objetivos que se plantean también son distintos. “Las edades, épocas y contextos socioeconómicos también varían, va a cambiar la noción de éxito y los objetivos en función de las posibilidades y recursos ambientales disponibles. Terminar el secundario, en algunos contextos, es lo menos que se espera de un adolescente, en otros, ya es todo un logro”, apuntó.