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Por: Ghio Gatti, Franco Becher y Juan Cruz Freytes 4° IMVA – Victoria Pagnucco y Aurora Alonso Miti 4° IENM
Dicen que un argentino nace en cualquier parte del mundo, y Anastasia Votekova da cuenta de ello. Llegó al país luego de enamorarse de un cordobés y, aunque hoy es conocida en el mundo del atletismo como “La Rusa Argentina”, su pasión por esta disciplina nació en Sierras Chicas durante la pandemia. “Era como mi cable a tierra en ese periodo de pandemia que fue todo muy incierto, y como estábamos todos encerrados empecé a trotar”, rememoró.
Comenzó a correr por el barrio y, con el tiempo, se sumó a un grupo de montaña. De a poco fue incorporando mayores distancias, buscando permanecer cada vez más tiempo en movimiento para disfrutar de los paisajes. Así, también descubrió que las carreras de larga distancia implican atravesar diferentes momentos físicos y mentales.
Al respecto, reflexionó: “Al estar tanto tiempo corriendo, pasás por distintas etapas, desde que vas muy bien, después no podés más y te faltan todavía 30 km y ya estás agotada, pero después con la experiencia sabés que ese bache va a pasar, vas a volver a subir. Es algo muy cíclico y siento que es como la vida misma, no es nada lineal nunca”.
A su vez, debió aprender a lidiar con las dificultades que aparecen en el camino. En distancias como los 50 kilómetros, el cansancio muscular se combina con malestares estomacales, frecuentes entre quienes practican ultradistancias. “Tenés que comer mientras estás corriendo y comés geles deportivos que aportan carbohidratos pero no es la comida perfecta para el organismo y en un momento se satura”, explicó.

En ese proceso, el acompañamiento y la planificación adquieren un papel central y destacó la improtancia de que “alguien te guíe porque es muy fácil pasarse, porque hay sistemas en el organismo que se adaptan muy fácil, por ejemplo, el sistema muscular, pero hay otros que se adaptan más lento como el óseo, que requiere una exigencia muy grande”.
Esa necesidad de respetar los tiempos del cuerpo cobró especial relevancia recientemente, cuando tuvo que recuperarse de una lesión de rodilla antes de una carrera en Japón, perteneciente a las series del Ultra-Trail du Mont-Blanc (UTMB), circuito internacional que permite sumar puntos para el evento final.
La competencia se desarrolló durante junio y Votekova logró el cuarto puesto en la clasificación femenina. “Fue una lesión, diría la más grande que tuve y la que me mantuvo más tiempo parada”, indicó.
El Milenio: ¿Cuál fue el desafío deportivo más difícil que experimentaste hasta el día de hoy?
Anastasia Votekova: Yo siento que el desafío más difícil no son las carreras, sino todo lo que está detrás. Porque la carrera, cuando hacés las cosas bien antes, por más que sufrís es la cereza sobre la torta. Es lo más lindo, hay mucha adrenalina y es la parte que más disfruto. Creo que el desafío más difícil es la constancia de entrenar todos los días. Dos veces por semana hago doble turno, voy al gimnasio y a correr; a veces son las seis de la mañana, todavía es de noche, hace frío y yo tengo que salir con la linterna al polideportivo a sufrir, porque son series de correr muy rápido. Después volver a casa cansada y al día siguiente, salir de vuelta a hacer cuestas dos horas, subiendo y bajando. Siempre pienso: «¿Cuánto tiempo más voy a poder sostener este ritmo de entrenamiento?», porque son todos los días. Los sábados son entrenamientos largos en la montaña, de tres, cuatro o cinco horas. En verano también es duro: Me acuerdo de poner el despertador a las tres de la mañana para largar a correr a las cinco y terminar a las diez u once, antes de que hiciera tanto calor.

EM: ¿Qué implicancias tiene para vos competir representando a Argentina y no a Rusia?
AV: Eso se hizo muy presente ahora, antes de viajar a Japón. Pasé por Rusia para visitar a mi familia y allá me preguntaban: «¿Te anotaste como Argentina o como Rusa?». Y la verdad es que me anoté como Argentina porque siento que empecé a correr acá y que toda mi carrera deportiva la construí en este país, con mi entrenador, mis compañeros y todo el equipo que tengo detrás. Entonces siento que mi parte argentina corre más que la rusa. Cuando vivía ahí, yo no corría. Ahora que volví vi que también hay muchos lugares. Mi ciudad natal está pegada a un cordón montañoso, Montes Urales, que divide a Europa y Asia en la parte de Rusia. Realmente es un lugar privilegiado para correr en la montaña, pero como empecé acá me siento más argentina.
EM: ¿Cuáles son tus metas a futuro?
AV: Me gustaría ir sumando distancia, que es algo un poco adictivo, siempre está ese desafío de ver hasta dónde puedo. Por ahora me gustaría hacer 100 kilómetros. Estoy inscripta para el año que viene en una carrera que creo que es una de las más importantes de Argentina, que se llama Patagonia Run y se hace en San Martín de los Andes. Por ahora estoy en la distancia de 70 kilómetros. No sé si la voy a subir o la voy a mantener; depende de mi entrenador, si me deja o no. Yo ya subiría, pero no sé si en esta carrera o un poco más adelante.
Antes de empezar a correr no sabía ni siquiera que era posible. Tenés los 100 kilómetros, después los 170 kilómetros y vos decís: «¿Cómo se hace eso? ¿Duermen?». Todavía no lo puedo percibir, me cuesta imaginar que eso exista. Por ejemplo, recientemente hubo un récord en Estados Unidos, era una carrera de 250 millas y la persona que ganó, la primera en llegar a la meta entre hombres y mujeres, fue una mujer. Fue algo muy llamativo. A mí me fascina todo eso, no sé si voy a poder hacerlo algún día, pero ahí te das cuenta de que no hay nada imposible. Yo creo que los límites los ponemos nosotros, porque empezás a correr un poquito, otro poquito, y te das cuenta de que todo es posible; en el deporte y en la vida en general.

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