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Colaboración: Paulina Zapata y Gonzalo Maldonado (4to IMVA). Ignacio Pagani y Joaquín Carrasco (4to IENM).

Junto al templo los espera el oderio más viejo, el que sabe el ritual de memoria. Él indica que se tomen de las manos y rodeen al dragón, formando un círculo. El dragón espera, echado sobre la arena a que el viejo le cuelgue un collar de alambres dorados que los mayores han engarzado con corales negros. Luego lo coronan con plumas de águila, con flores de amaranto y van frotándole aceites en el pecho. Tan suaves son las manos que debe contener la cosquilla…

Ahora es tiempo de sumergirse y nadar, explica el viejo oderio. Para que el agua te reconozca y te proteja.

El dragón obedece y se zambulle en el mar con el apetito de un pájaro que ha visto una presa bajo el agua. El oderio más viejo es el único que embarca tras él. Es un buen navegante. Va murmurando un rezo, mientras las olas zangolotean al chinchorro como si el mar no perdonara su liviandad.

Desde la orilla los oderios chapotean y hacen ritmos con las manos. Ya han comenzado a celebrar.

Es la primera vez que bendicen a un dragón.

El anterior es un fragmento de “Cuando llega un dragón”, un libro de carácter ficcional, con tono de leyenda, que hunde sus raíces en la cultura de los pueblos precolombinos de Latinoamérica. En 2015, recibió una mención especial del Premio Casa de las Américas en la categoría Literatura para niños y jóvenes.

Su autora, Maricel Palomeque, es Licenciada en Comunicación Social, docente y escritora. Ha publicado cuentos en diarios y revistas e integra las antologías Es lo que hayDora narra y Córdoba cuenta. Desde 2001, coordina talleres de escritura creativa para jóvenes y adultos, trabaja como periodista free lance y participa como jurado en certámenes literarios de la provincia de Córdoba.

Durante la 13ª Feria del Libro de la Fundación Josefina Valli de Risso (FJVR), la actual vecina de Villa Allende fue una de las figuras más destacadas, al brindar numerosos talleres para los estudiantes del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo y del Instituto Milenio Villa Allende.

“Mi placer por la literatura empezó más como una vocación por la palabra escrita”, reveló Palomeque.

El Milenio: ¿Cómo nació tu placer por la literatura?

Maricel Palomeque: Es algo que viene desde siempre. De chica me gustaba escribir poemas con rimas. Después, en mi adolescencia, empecé a ir a talleres de escritura creativa y así me fui formando. Mi placer por la literatura empezó más como una vocación por la palabra escrita.

EM: ¿Qué tipo de libros te gustan?

MP: Me parece que quien escribe tiene que nutrirse de distintas lecturas, así que leo todo lo que llegue a mis manos: cuentos, novelas, ensayos, literatura infantojuvenil, etc. Y así como me gusta leer muchas cosas, también soy de abandonar rápidamente lo que no me gusta.

EM: ¿Sentís que algunos de tus relatos te representan?

MP: No, de hecho, tengo registros de escritura muy distintos. Si a una persona que no me conoce le dan tres textos míos para leer, podría pensar que fueron escritos por autores diferentes. Me gusta jugar con eso, si uno escribe siempre lo mismo es aburrido.

EM: ¿Qué es lo que más disfrutás de la escritura creativa?

MP: Doy talleres de escritura hace 15 años y para mí, el mejor desafío es enseñarle a gente que cree que no puede escribir, que cree que no tiene imaginación suficiente. Todos podemos escribir. En realidad, los escritores estamos sobrevalorados, este es un oficio como cualquier otro. Ser escritora no me convierte en una persona prestigiosa. Es un trabajo y me gusta compartirlo y brindarles herramientas a quienes estén interesados. Quizás no se dediquen a la literatura, pero sí pueden manejar el lenguaje, argumentar, explorar la imaginación y los recuerdos.

Hay gente que comienza los talleres con mucha inseguridad y muchas dudas. Algunos siempre quisieron escribir y no saben cómo. Es increíble ver como, al principio, son textos muy simples, con muchos lugares comunes, y después se van perfeccionando hasta llegar a resultados maravillosos que ni ellos mismos pueden creer. Me encanta acompañar ese descubrimiento constante que es la escritura.

EM: ¿Cuál fue tu sensación cuando obtuviste la mención especial en el Premio Casa de las Américas 2015?

MP: Fue una de las alegrías más grandes que he tenido como autora. Más allá del premio, en el jurado estaba mi escritora favorita, Ema Wolf. Yo siempre bromeaba diciendo “cuando sea grande, quiero escribir como Ema Wolf” y luego de la mención, me enteré que ella había estado en el jurado. Eso me dio más alegría todavía y hasta pude tomar contacto con ella.

EM: ¿Qué satisfacciones te da tu trabajo?

MP: Para mí lo más gratificante es poder reunirme con mis lectores, encontrar gente que ha leído algo mío y me hace una devolución, me cuenta qué le pasó, cómo lo leyó o me dice que el primer libro no le gustó, pero el segundo sí. Ese intercambio es lo más enriquecedor que se puede tener.

“Para mí, el mejor desafío es enseñarle a gente que cree que no puede escribir, que piensa que no tiene la imaginación suficiente. Todos podemos escribir. Me encanta acompañar ese descubrimiento constante que es la escritura”

EM: ¿Tenés nuevos proyectos en marcha?

MP: Tengo lista una novela, pero con la situación actual de la industria editorial, está muy difícil publicar en Argentina, sobre todo si uno lo hace a través de editoriales independientes. Al haber disminuido las compras estatales, las editoriales no tienen dinero y las librerías tampoco. No quiero desalentar a quienes quieren publicar. No es imposible, es difícil. Trabajar con editoriales te garantiza cierta distribución.

A pesar de todo, yo sigo escribiendo. Tengo un montón de textos que están a la espera de salir. Algún día los publicaré o los mandaré a concurso. Para subsanar eso, trato de buscar por otros lugares, no sólo en Argentina. Como la tinta y el papel son muy caros, he publicado algunos audiocuentos, que son más económicos.

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