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  • Por Clara Angeletti
  • claraangeletti@elmilenio.info
  • Colaboración: Julieta Panetta y Francisco Mirgone (4to IENM). Magali Sánchez y Abril Monti (4to IMVA).

Unquillo. El constante deterioro que sufre la profesión docente indigna a todo aquel con vocación de enseñar, como así también a los estudiantes que recuerdan con cariño a los mentores que los marcaron dentro del aula. Hoy en día, es moneda corriente que distintos actores sociales resten valor al arte de transmitir conocimiento y experiencia a otros.

Así, los tiempos que corren demandan una lucha constante en defensa de la legitimidad del rol docente, tanto a nivel económico, como a nivel cultural, social y simbólico. Algunos eligen dar esa pelea desde el interior del ámbito académico, en una posición que requiere tiempo, dedicación y perseverancia.

Tal es el caso de Alejandra Iris Gait, docente de aula y directora del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo; quien, a sus dos licenciaturas, dos profesorados y un posgrado, recientemente añadió el título de magíster. Su tesis (aprobada por un tribunal que incluía al Dr. Horacio Ferreyra, Subsecretario de Programación Educativa de la provincia) aborda justamente la figura del docente y se pregunta qué hay detrás de estas percepciones de desprestigio que ha observado a lo largo de su carrera.

¿Qué es ser un buen docente? ¿Qué concepción tienen padres, estudiantes y los mismos profesionales acerca de este oficio? ¿Qué demandas tienen los jóvenes respecto a sus educadores? ¿Qué tensiones y conflictos posicionaron al docente donde se encuentra hoy? Fueron algunos de los interrogantes que dispararon la investigación de Gait.

Su trabajo tomó como referencia a la comunidad escolar del Instituto Educativo Nuevo Milenio (IENM) y al I.P.E.T y M N° 78 Juan Bautista Ambrosetti, ambos de Unquillo. También contrastó los datos obtenidos con la información plasmada en documentos oficiales y ministeriales, delineando así conclusiones que la sorprendieron y le permitieron realizar un aporte a las esferas gubernamentales para el delineamiento de futuras políticas públicas.

Para la directora del Nivel Secundario, ser estudiante y ser docente son dos caras de la misma moneda.

El Milenio: ¿Cómo fue el proceso de investigación y por qué elegiste estas dos instituciones?

Alejandra Gait: El proceso de investigación fue largo y complejo. Lo que diferencia a una tesis de licenciatura de una de maestría, es la profundidad del estudio (que implica mucho trabajo de campo) y la posibilidad de hacer sugerencias al Estado en función de las conclusiones generadas.

Elegí el IENM porque es la escuela de mi vida y realmente quisiera mejorar la imagen del docente que hay en el colegio, sobre todo frente a los padres. A su vez, para hacer una contraposición, busqué una escuela pública, donde la realidad socioeconómica, el lugar de inserción y los educadores mismos, son diferentes.

EM: ¿Cómo evolucionó la figura del docente a lo largo de la historia?

AG: Pasamos por tres grandes momentos o tradiciones. Al principio, el rol del docente era extremadamente valorado, su palabra tenía gran legitimidad. Se trataba de un docente que brindaba contenidos básicos, pero acompañaba, intervenía en cuestiones de salud, formaba el carácter, el comportamiento y perfilaba la imagen de un buen estudiante.

Con el paso del tiempo, pasamos a una mirada donde se medía el valor del docente por cuánto sabía, lo que se denomina “tradición académica”. En esa etapa, lo importante era que el educador brindara sus conocimientos en el aula. Si acompañaba, entendía o resolvía problemáticas del estudiante, era otra cuestión. El manejo de la didáctica no se valoraba.

En este punto, surge una distinción entre los profesionales egresados de la universidad y los del Nivel Terciario. Los recibidos de la universidad tienen un gran saber, pero su dominio de las didácticas suele ser escaso; mientras que el egresado terciario ofrece pedagogía, pero menos profundidad de saberes. A partir del surgimiento de esta brecha, se comienza a desacreditar la figura del docente egresado del terciario.

Hoy estamos en ese lugar de descalificación, aunque con la Ley N° 26.206 de Educación Nacional (sancionada en 2006) comenzamos a subir, en el sentido de que hay un reconocimiento por parte del Estado, no a nivel económico, pero sí a nivel de legitimación. Se nos empieza a dar un lugar diferente, generando capacitación, aunque todavía la visión de muchos padres va en detrimento de esta figura.

“Ser un buen docente es pensar en el otro antes que, en uno mismo, tanto dentro del aula como en cualquier espacio que se habite, porque esta profesión va unida a la persona”

EM: ¿Cuál dirías que es el papel del Estado en la revalorización del rol docente?

AG: Creo que los lugares desde donde se generan las políticas públicas en materia de educación deberían ser ocupados por personas que tengan una trayectoria pedagógica y de aula. Hay que estar capacitado para trabajar, en primer lugar, desde el ejemplo y la experiencia.

Además, es importante que la Ley de Educación Nacional (26.206/06) y la Ley Provincial de Educación (9.870/10) legitimen al docente y que, en el quehacer cotidiano, uno sienta realmente el apoyo gubernamental frente a las problemáticas que se presentan, fundamentalmente con los padres. Es decir, que los estamentos públicos acompañen las normativas y políticas de la escuela, y no se vuelva atrás sobre sus decisiones.

Hoy el fin primordial del Estado y las políticas públicas es el ingreso, permanencia y egreso del estudiante. Hay mucha preocupación por el número de egresados y no tanto por el proceso que lo lleva a ese punto. Para mí, el objetivo fundamental es llevar a cabo un acompañamiento completo del estudiante, preocupándose tanto por su egreso, como por brindarle una trayectoria de calidad.

“Si queremos cambiar la situación actual, tenemos que empezar capacitando, que los profesionales hagan trayectos pedagógicos y las universidades abran sus espacios para interactuar con terciarios”

EM: Según las conclusiones de tu trabajo, ¿qué diferencias hay en el concepto del “buen docente” que tienen padres, estudiantes y educadores?

AG: Algo que a mí me llenó de emoción durante la investigación, fue ver que tanto padres como docentes y estudiantes, habiendo diferencias a nivel socioeconómico y cultural, en las condiciones áulicas, etc., coincidieron plenamente en señalar que el docente es un profesional. Esta delimitación y legitimación pone en un lugar diferente al profesor, inspira a que sea mirado de otra forma. También concordaron que un buen docente hace el acompañamiento respondiendo a las demandas del estudiante y con un manejo de estrategias didácticas que habiliten un espacio diferente dentro del aula.

EM: ¿Qué herramientas son claves para el dominio de la didáctica?

AG: Prepararte, dedicarle tiempo. A mí me lleva muchas horas preparar una clase, porque estoy pensando constantemente en qué hacer con los recursos, cómo puedo lograr que el estudiante vea el contenido desde otro lugar, responder a sus pedidos, ser creativo e innovador, manejar las nuevas tecnologías y no perder la noción de que el docente crea conocimiento. Tampoco dejar de lado lo tradicional, como el pizarrón, porque los jóvenes se aferran a lo que ven, escriben y escuchan.

“Hoy hay mucha preocupación por el número de egresados. Para mí, el objetivo fundamental es llevar a cabo un acompañamiento completo del estudiante, brindándole una trayectoria de calidad”

EM: Para vos, a nivel personal, ¿qué es ser un “buen docente”?

AG: En primer lugar,es tener bien claro que pararse al frente del aula, es pensar en el otro antes que en uno mismo. Cuando entiendo que mi trabajo es para los estudiantes, no hay contenido que no pueda transformar en algo que les guste. Ahí entra en juego la habilidad del docente para darles un giro a los temas y hacerles entender qué les aporta a ellos y a ellas.

Es estar el día completo trabajando, porque una cosa es ser docente y otra cosa es sentir la docencia. Cuando la sentís, te vas de la escuela y tenés el WhatsApp lleno de mensajes, llegás a tu casa y te ponés a preparar la clase del otro día.

En segundo lugar, ser un buen docente implica estar capacitado, pero, nuevamente, no para uno mismo. Más allá de todos mis títulos, lo que más amo en la vida es que fueron obtenidos para estar al servicio de mis estudiantes, para engrandecerlos. Todo lo que aprendo es para ellos y ellas, para devolverles todo lo que me dan a mí.

En tercer lugar, es importante acompañar el proceso educativo, y no solamente pedagógico. Hay que ser docente en el aula y en cualquier espacio que se habite, porque esta profesión va unida al ser de la persona, es algo de lo que no nos podemos desprender. Por eso insisto en que una cosa es ejercer la docencia y otra cosa es ser docente.

“Todos mis títulos son para estar al servicio de mis estudiantes”, señaló Alejandra Gait y anticipó que su próxima meta es el doctorado en Ciencias de la Educación.

EM: Hay una imagen poco optimista de los adolescentes hoy en día. Desde tu lugar, ¿cómo ves a los estudiantes actuales?

AG: Creo que hay un perfil del adolescente marcado por los libros y por la sociedad que le carga todo lo negativo: son abúlicos, despreocupados, desinteresados, vagos, indisciplinados. No encontré ningún libro, con excepción de uno antiguo de Jean Piaget, que hablara de algún aspecto positivo del adolescente. Me parece que, como adultos, tenemos que aprender más de ellos. Está en nuestras manos que ellos sigan un buen camino y desarrollen sus potencialidades. Es complicado, pero se puede. La función de los padres, en este sentido, es acompañar a la escuela.

EM: ¿Sentís que este trabajo superó tus expectativas?

AG: Logré lo que quería: demostrarle a la gente que los docentes son profesionales y que ocupamos un lugar importante en la sociedad. Depende de nosotros mismos, también, cómo nos paramos dentro del aula y qué hacemos para recibir la valoración positiva del otro.

De los datos a la acción

Entre las recomendaciones para políticas públicas que Alejandra Gait considera pertinentes, se encuentra la revalorización de la acreditación de conocimientos en titulaciones legitimadas por leyes, decretos y estatutos.

Además, expuso la necesidad de que los profesionales no docentes realicen trayectos pedagógicos, que habiliten una formación en cuestiones didácticas. En la misma línea, remarca la necesidad de romper la brecha que distancia a profesionales de la universidad y del terciario.

Así, destacó la necesidad de brindar mejores espacios de capacitación desde el Estado, así como nuevas instancias pedagógicas desde los institutos de formación docente, “que permitan superar los motivos de tensión y pongan en acción los marcos referenciales de capacidades profesionales”.

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