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Lucas Recalde, vecino de Agua de Oro, es uno de los reconocidos valores del rugby en Sierras Chicas. El hombre del Tala, que también pasó por el seleccionado argentino juvenil y tuvo su momento en el deporte italiano, charló con El Milenio sobre su carrera, su visión del rugby argentino en la actualidad y el incipiente Mundial de Japón.

“Yo veo a Australia con posibilidades, porque siempre llega a los mundiales con algo revolucionario”, afirmó Lucas Recalde.

Colaboración: Tiziano del Boca y Fabrizzio Márquez (4to IENM). Valentina Chávez y Catalina Gago (4to IMVA).

Se dice que el rugby es un deporte que brinda oportunidades a todos y que hay un lugar especial para que cada uno se destaque en una función que enriquezca al equipo. Vale tomar el caso del seleccionado sudafricano, entre miles de otros ejemplos, que combina en su escuadra para el Mundial de Japón 2019 al pequeño medio scrum Herschel Jantjies, con el gigante de 2,04 metros y 125 kilos, Eben Etzebeth. Es que el rugby es una disciplina que necesita, indefectiblemente, de la capacidad evasiva y la explosión de Jantjies, pero también de la increíble potencia del enorme segunda línea de Stormers.

Algo de eso supo Lucas Recalde, de largo recorrido cerca de la ovalada. “Del rugby me gustó el hecho de poder jugarlo siendo gordo y bajo. Yo jugaba al básquet, me encantaba, pero mis condiciones físicas no me dejaban practicarlo del modo que yo quería”, contó el hoy vecino de Agua de Oro.

Sin embargo, su carrera en el rugby tampoco estuvo exenta de obstáculos. Hoy, en el recuerdo, aparece un episodio en el que un entrenador intentó convencerlo de que tampoco tenía la capacidad para jugar y desempeñarse como primera línea en esta disciplina.

“Volví a mi casa llorando y al otro día me inscribí en el gimnasio para demostrarle que sí podía. Lo que hizo ese técnico en ese momento hoy podría considerarse bullying, pero despertó algo en mí que me obligó a dar más”, explicó. Por eso, para Lucas, su principal talento siempre fue la ambición para “esforzarse y dejar todo”.

Parte de la durísima cantera del Tala, Lucas Recalde pasaría a ser uno de los forwards más aguerridos del rugby cordobés, captando la atención del seleccionado nacional juvenil. Allí se volvería eje y sub capitán de una camada de grandes jugadores entre los cuales aparecía el talentosísimo puma de bronce, Lucas Ostiglia.

“Del rugby me gustó el hecho de poder jugar aun siendo gordo y bajo. A mí encantaba el básquet, pero mis condiciones físicas no me dejaban practicarlo como yo quería”

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El Milenio: ¿Qué sentiste cuando te convocaron por primera vez para jugar en el seleccionado nacional?

Lucas Recalde: Mi primer seleccionado nacional fueron Los Pumitas M19. Creo que fue la convocatoria más impactante para mí. Entrené de una manera muy especial durante dos años para llegar a tener esa posibilidad. Ya a los 16 comencé a prepararme físicamente todos los días y subí 25 kilos.

Todavía tengo guardado el fax de la convocatoria. Llamaron sólo a tres cordobeses, fue increíble. Lo cierto es que fue algo planeado y buscado. Todo lo que hice los años anteriores fue para intentar llegar ahí. Alcanzar esa meta fue la frutilla del postre, pero disfruté mucho el proceso. Aún hoy recuerdo la emoción que sentí.

EM: ¿Crees que el rugby es un deporte que premia el trabajo en equipo por encima de las individualidades?

LR: Sí, no cabe duda. Es una disciplina compleja, que recompensa más a la estructura colectiva que a la individualidad. Esa complejidad te permite generar estrategias o potenciar virtudes que no dependen de un solo jugador.

EM: ¿Siempre jugaste como hooker?

LR: No, en menores de 19 era pilar todavía. En Los Pumitas era pilar izquierdo y, como era chico de tamaño, me aconsejaron pasar a ser hooker, para poder mantener una carrera más larga.

De nuevo empecé a modificar mi cuerpo, porque yo intentaba ser lo más grande posible y no me daba. En ese momento los hookers eran mucho más parecidos a los de tercera línea y yo me caracterizaba por tener un estilo de juego muy similar a ellos, corriendo mucho, barriendo la cancha y tackleando.

“Mi primer seleccionado nacional fueron Los Pumitas M19. Fue la convocatoria más impactante para mí. Entrené especialmente dos años para tener esa posibilidad”

EM: ¿Qué características debe tener alguien que juegue en esa posición?

LR: El hooker cumple un rol dentro de la columna vertebral del equipo. En esas funciones indispensables está el dos, el octavo, el medio scrum, el apertura y el fullback. Un hooker tiene que ser más inteligente de lo que fui yo. Es un puesto que requiere cierta visión estratégica y noción de cómo dar juego al equipo.

Físicamente, hay distintos estilos de hooker, algunos con más tamaño, como por ejemplo Malcolm Marx, un referente de la posición en la actualidad. Es un puesto que requiere liderazgo, sobre todo del pack de delanteros. En mi época, se decía que un hooker no podía ser capitán y, sin embargo, hoy hay tres o cuatro que están entre los mejores jugadores del mundo en cualquier posición.

De largo recorrido por el rugby de clubes, Recalde fue uno de los principales referentes del Tala.

EM: En ese lugar, ¿se busca un perfil de jugadores que marquen una diferencia en la pesca de pelotas o mayor movilidad en el juego suelto que el resto de los de primera línea?

LR: Sí, es una búsqueda en todos los jugadores. Hoy hay una evolución en el rugby que requiere fundamentos generales y funciones específicas. Hay hookers como Agustín Creevy, que es un gran recuperador de pelota y mejoró mucho con el entrenamiento, pero que también tiene una capacidad innata para el manejo de los tiempos.

EM: ¿El timing es la clave de los grandes recuperadores?

LR: Sí. Los grandes pescadores evalúan muy bien dónde va a caer el rival luego de un tackle y cómo meterse a buscar la pelota, aunque apenas tienen décimas de segundo para realizar esa tarea.

Hoy en día, todos los movimientos, los tackles, las carreras, se miden. Los aparatos que lleva cada jugador generan estadísticas objetivas sobre cada rol. Cuantos más datos tengo en ese sentido, más puedo exigir y mejores estrategias puedo armar.

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EM: ¿Qué creció en el juego de Los Pumas a partir de la participación de Jaguares en el Súper Rugby?

LR: Lo primero es el crecimiento natural que genera la aparición de un primer equipo profesional en Argentina. Por más que, anteriormente, algunos jugadores estaban becados, el marco no era el mismo. Yo jugué afuera y sé muy bien los cambios que genera en tu cuerpo y mente dedicarte exclusivamente a un deporte.

Es muy distinto al contexto de hace pocos años, cuando incluso los jugadores becados afrontaban la realidad de cualquier jugador de club en Argentina: personas que tienen que estudiar y trabajar aparte de entrenar y, por lo tanto, encuentran un techo mucho más bajo en su rendimiento. Los Pumas, antes, se enfrentaban en inferioridad de posibilidades a equipos conformados por deportistas que trabajan desde el ultra profesionalismo.

EM: ¿Cuáles pensás que son las grandes ausencias en la lista de Los Pumas para este mundial?  

LR: No creo que haya ninguna, acepto el criterio del entrenador. No es fácil ponerse en sus zapatos y tomar decisiones de ese tipo. Para mí la lista es la correcta.

«El rugby es una disciplina compleja que premia el trabajo en equipo por encima de las individualidades. Eso permite generar estrategias y potenciar virtudes que no dependen de un solo jugador»

EM: Más allá de las ausencias de Juan Imhoff y Santiago Cordero, que compiten en un puesto plagado de jugadores de alto nivel, ¿qué pensás de la falta de un ball carrier como Facundo Isa?

LR: Todo depende de cómo se analiza el juego. Si uno lo piensa matemáticamente y suma las condiciones, probablemente Facundo Isa sea un jugador superior, al menos en lo que tiene que ver con romper la línea de ventaja desde esa posición.

Lo interesante es ver que la mayoría de los factores que pesan en el rugby son subjetivos. Quizás en esos detalles que analiza el entrenador, desde lo que él quiere para el equipo, las necesidades de Los Pumas en el puesto de octavo están cubiertas.

EM: ¿Entonces la decisión no está atada al sistema de la Unión Argentina de Rugby que marca la prioridad de los jugadores que militan en Argentina?

LR: No, yo creo que tiene que ver más con el sistema de juego. Mario Ledesma tiene que elegir, pensando en el juego, en base a tres cuestiones: una es la individualidad (las destrezas que tiene y su peso específico), otra es a qué viene jugando esa individualidad y, por último, cómo se adapta al equipo.

Si el juego de Javier Ortega Desio, por hablar del octavo titular de Los Pumas, se vincula mejor al sistema que hoy están implementando, entonces es probable que Isa no tenga lugar y lo mismo aplica a los winges que quedaron afuera. Facundo es un gran jugador para romper la línea de ventaja, pero en los dos partidos que pudo participar, no se destacó.

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EM: Inglaterra es el rival al que Argentina se encuentra obligado a vencer para pasar a cuartos de final. ¿Qué se puede esperar del equipo británico?

LR: Inglaterra tiene a Eddie Jones, un entrenador que entiende el rugby como pocos y puede hacer mutar mucho el juego de su equipo. Es un líder que se adapta al rival, tiene una capacidad brutal para eso y, dentro de la inagotable cantera de jugadores ingleses, ha elegido a los que no sólo reúnen una gran jerarquía, sino que también pueden modificar el esquema según la necesidad.

Por eso es muy difícil encontrar puntos débiles o referencias en un equipo que cambia tanto de un partido al otro. Creo que van a plantear una manera específica de jugar, un plan para romper el sistema de Argentina.

Además de integrar el seleccionado nacional juvenil, Recalde pasó por el Amatori Catania Rugby, club italiano que tiene el único equipo profesional en Sicilia.

EM: ¿Cuál creés que es el candidato a quedarse con el Mundial? ¿Siguen siendo los All Blacks el equipo a vencer o aparecen equipos como Inglaterra o Gales para cambiar la tendencia?

LR: Yo veo a Australia con posibilidades, porque siempre llega a los mundiales con algo revolucionario. Cuando todos tenían terceras líneas gigantes, ellos fueron al mundial pasado con alas pequeños, capaces de enlentecer el juego de cualquier rival.

Desde mi punto de vista, son innovadores, y el rugby internacional los sigue. Australia tiene una gran virtud que es sacar lo mejor de sí cuando todos creen que es un equipo endeble. Hace apenas dos meses, estando golpeados, derrotaron con claridad a los All Blacks. Son una nación de rugby peligrosa.

EM: ¿Seguís jugando en la actualidad?

LR: Sí, en veteranos, para los encuentros de “classics” en los que participa mi club. Pero hoy en día lo hago con otro motivo, de pura diversión.

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