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Mateo Klimowicz: Pichón de granadero

18 años y uno de los futuros más prometedores del fútbol cordobés. Mateo Klimowicz, delantero de Instituto de Córdoba, crece cada día en primera y se afianza para plasmar su propia impronta en la cancha.
  • Colaboración: Lucrecia López y Florencia Sánchez. Instituto Milenio Villa Allende.

Hijo de un tanque de área, de esos que superaban a los rivales por demolición y convertían en base al buen posicionamiento, Mateo lleva el fútbol en la sangre, pero prefiere impulsarse en base a virtudes completamente distintas.

El delantero de 18 años ha demostrado a su corta edad capacidad para desenvolverse en buena parte del frente de ataque, sin perder efectividad por la modificación de posiciones. A diferencia de su padre, su juego se expande con libertad a partir del final de la mitad de cancha y el comienzo de la zona de ataque.

“Mis ídolos son Messi y mi viejo”

Su naturalidad para vincularse en la gestación de juego, tanto en pases cortos como diagonales a espaldas de los defensores, lo vuelven un jugador elusivo y muy difícil de encontrar para los defensores rivales.

Desde lejos se puede observar la técnica y los recursos de un chico que creció teniendo la oportunidad de aprender del mejor profesor. “Mis ídolos son Messi y mi viejo”, afirma Mateo entre risas.

“Pienso que mi juego mejoró rodeándome de jugadores experimentados y de un nivel superior, en inferiores sentía en el último tiempo que era más de lo mismo”

El pequeño Klimowicz siente a Instituto como su propia casa. Ahí dio sus primeros pasos grandes arribando a La Agustina, cuna de glorias mundiales, con solo diez años. Un año atrás fue elevado al plantel de primera, espacio que ocupa con la tranquilidad de quien lleva años mamando el ambiente. “La verdad es que todo está saliendo muy bien en cuanto a la adaptación. Más allá de la diferencia de edad, todos se interesaron en que me sienta bien y así se vuelve mucho más fácil salir a la cancha”, explica Mateo.

“La verdad es que todo está saliendo muy bien en cuanto a la adaptación a primera. Más allá de la diferencia de edad, todos se interesaron en que me sienta bien y así se vuelve mucho más fácil salir a la cancha”, subrayó el atacante de Instituto.

El delantero de Instituto admite que esta nueva etapa exige al máximo su rendimiento, sacándolo de la zona de confort en la que se encontraba en las inferiores. “Pienso que mi juego mejoró rodeándome de jugadores experimentados y de un nivel superior, en inferiores sentía en el último tiempo que era más de lo mismo”.

Klimowicz asume la responsabilidad y describe al lugar que ocupa como una “vidriera importante” haciendo hincapié en la probada calidad de los jugadores del equipo de Alta Córdoba en las ligas más relevantes.

Su ilusión claro está es jugar en Europa; no obstante, el atacante entiende que primero debe fortalecerse y consolidarse como jugador de primera, acumulando partidos y ese “oficio” que solo le dará el roce constante con jugadores de trayectoria, en canchas donde no hay tiempo para pensar y los resultados apremian.

Diego y Mateo Klimowicz, padre e hijo, dos generaciones familiares que comparten la pasión por el fútbol. Archivo.

“No tengo reproches para mi primer año completo en primera, solo hubiese querido jugar más partidos y anotar más goles”, afirma al respecto el rubio delantero.

Con un nombre importante a cuestas, Klimowicz destaca nunca haberlo sentido como una carga, aunque a su vez tiene claro que poco importa sino demuestra sus virtudes en la cancha. El verde césped brindará su veredicto, mientras tanto Mateo crece a pasos agigantados.