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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“El poncho coscoíno es un mapa”

Fueron las palabras del geógrafo Joaquín Deón que elaboró una curiosa muestra con mapas que lo llevó a descubrir un tesoro oculto.


Por Amira López Giménez | amiralopez@elmilenio.info

Colaboradores: Ernestina Berzon y Sofía Perrella. 4°A IENM. Álvaro Marcial y Gaspar Donemberg. 4°B IMVA


Nacido en Unquillo y radicado en Villa Allende, el geógrafo Joaquín Deón ha dedicado parte de su vida a elaborar una particular presentación de mapas y cartografías históricas, que pueden cambiar para siempre el modo de ver la tierra, el tiempo y el espacio.

La muestra “Mapas del Poder” es el conjunto de una colección de mapas y cartografías que distintas personas han obsequiado al investigador y que muestran las relaciones de intereses en la comunidad serrana. Algunos de ellos provienen de habitantes de antaño que han conservado los registros a través del paso generacional y otros son mapas en desuso por las escuelas.

Sin embargo, a lo largo del tiempo, Deón ha juntado mapas de diversa índole, ya que no todos los diseños de territorios representan lo mismo. Estos registros cartográficos tienen la particularidad de cambiar su impronta y esencia, según el ojo de quien lo haya elaborado y también de quien lo ve.

Algunos mapas representan actividades agrícolas, como los mapas empresariales, y otros representan un ordenamiento territorial que cambia según se desarrolla la composición urbana, como los mapas gubernamentales locales, provinciales, etc. Y también, además de los mapas de los “viejos serranos” como él los denomina, están los mapas obsequiados por asambleas vecinales, orientadas al desarrollo urbano sustentable o a la conservación ambiental.

El poncho coscoíno como un mapa

Pocos investigadores han considerado la posibilidad de una curiosa y particular relación entre las clásicas guardas del poncho coscoíno y los mapas de los pueblos originarios. Este dato despertó en el geógrafo nuevas ideas, poco exploradas. Entre las diversas adquisiciones, Deón encontró un mapa oculto en las guardas de un poncho, también obsequiado.

“En el camino, hubo una serie de dinámicas que me facilitaron los mapas, desde el lado empresarial, empresas que armaron mapas para las escuelas sobre actividades económico-productivas por ejemplo. También mapas del gobierno provincial, donde se muestra con formas distintas a las que conocemos en la actualidad y que fueron entregados a instituciones escolares; de esos mapas sólo quedan unos 25 en la actualidad y servían para conocer cómo era la provincia que de a poco se iba construyendo”, sostuvo y agregó: “También un poncho que me regaló mi abuela, a mí siempre me intrigó la trama que tenía ese poncho. En cuanto me pongo a revisar uno de los mapas que me habían regalado del norte de Córdoba, me encuentro con que esa trama también estaba representada en ponchos. Ahí comenzaron a surgir algunas dudas. Tuve contacto con gente conocedora sobre la elaboración del poncho coscoíno, que tiene una guarda que es un “firulete” que se cierra y se abre y continúa el mismo dibujo en un recorrido”.

De a poco el geógrafo fue desafiando los límites de lo ya conocido. “Empecé a charlar con gente de Unquillo, con Juan Spicogna particularmente, él estaba en la Reserva Los Quebrachitos y con él, tomé conocimiento de la Pirca del Chiviquí. Es una pirca que tiene 67 kilómetros de largo y va sobre lo alto de la sierra. Lo que nos llamaba la atención y que había salido en investigaciones anteriores sobre los usos históricos de la tierra en las sierras, era que cada 16-23 kilómetros hay pircas espiraladas. No es nada cósmico ni extraterrestre, sino que son pircas que hicieron los pueblos originarios en forma de espiral y no cuadrada o rectangular. Lo que ocurre particularmente es que esas pircas están unidas por medio de la Pirca del Chiviquí. O sea, esos espirales se cierran y se abren continuamente, igual que en el poncho coscoíno. Es decir, el poncho es un mapa”.

Para aclarar la situación, Deón explicó el sentido de la tradicional guarda que todos conocen: “No estoy diciendo que todos los tejidos sean mapas, pero el poncho muestra determinadas redes y ahora sabemos el valor que tienen esas pircas. Están mapeadas satelitalmente y también están mapeadas por los pueblos originarios y son la expresión, de otra manera, de ver el tiempo y el espacio. Eso, como geógrafo, me cambió la cabeza, porque cambió el ángulo de cómo ver un mapa. Nosotros podemos tener un mapa que nos represente en la actualidad como las partes altas de las sierras pero, en lo alto de las sierras tenemos otras representaciones que son esas pircas, que cada 23 kilómetros forman espirales que entran y salen y que van configurando la trama de las pircas. Y si nosotros observamos el poncho coscoíno tiene esta estructura”.

Los últimos resultados de la investigación ponen, en relación a las pircas, que muchos las consideran como una forma de división territorial, con otras prácticas de los pueblos que habitaron el corredor. “Hemos descubierto que no sólo están las pircas con los espirales, sino que en el centro de esta trama hay una piedra con un mortero. Esa piedra con ese mortero se utilizaba en las noches de solsticios o equinoccios, cuando empezaba la primavera, otoño o verano, se lo llenaba con agua y era considerado “los ojos al cielo”.

Alberto Assadourián (investigador) se preguntó qué era esto y no era para moler comida. Durante su investigación, un viejo de las sierras le contó que el mortero era llenado con agua y que se esperaba en las noches claves que la estrella más brillante del cielo se pose en el mortero con agua. Simplemente era un espejo, era el calendario de los pueblos originarios de las sierras y cuando una estrella se posaba indicaba el inicio del período de uso de esos corrales. La comunidad iba y buscaba los animales y los encerraba en estos corrales, por ejemplo, en la primavera procedían con la esquila o bien se facilitaba el apareo. En sí, el mortero marcaba lo que para nosotros marca un reloj hoy en día o un calendario. Entonces esta pirca, es algo más que una pirca corral, es parte de un sistema de la cosmogonía de nuestros pueblos y nos muestra una manera distinta de concebir y de medir el tiempo”.

La zona serrana cuenta con una amplia variedad de pircas pero sólo son visibles desde terrenos elevados, en las cimas de los cerros. Asimismo, las diversas tensiones en el proceso de desarrollo y conservación han generado la desaparición parcial de estas pedrosas hileras del monte, según los datos del estudioso. “Ese mapa del poncho coscoíno se está desarmando, como si el poncho se nos estuviera deshilando en las manos, porque hay otros mapas, de otros grupos, empresarios o áreas gubernamentales, que llevan adelante decisiones cerradas en relación a la economía y que es completamente distinto a la relación entre uno y el ambiente”, expresó Deón, entendiéndolo como el concepto que manejaban los pueblos que originaron las pircas, y actualmente sometidas a las nuevas actividades de los habitantes.

Si vemos esta trama en relación al poncho coscoíno, determinamos que ese poncho es un mapa de muchas comunidades, esa relación es como un vaivén que se ve en la pirca. Lamentablemente eso está en un proceso de destrucción muy grande actualmente. Ese mapa que visualizamos ahora lo seguimos investigando y ocurre que paralelamente hay otros mapas o cartografías que desestructuran estas maneras de ver el espacio. Esos espacios, que bien podrían ser patrimoniales y algunos se encuentran dentro de las reservas naturales por suerte, se los quiere con otras intenciones, ya que esas tierras se utilizan para otros propósitos, así como circuitos de motocross o motos enduro o procesos de chacralización como  en Agua de Oro, donde también se están desarmando esas pircas”.

Algo más que mapas


Por tradición, los mapas no sólo han sido utilizados para orientarse en el espacio geográfico sino que además han sido diseñados según los intereses del cartógrafo. En los Mapas del Poder, Joaquín Deón relaciona, el actual estado conflictivo entre distintos “campos” o bien, entre diferentes agrupaciones que debaten sobre los usos del territorio y el desarrollo, que necesariamente debe darse para la sociedad. Por un lado, los gobiernos locales, por otro los emprendimientos inmobiliarios o empresas en general; y también las asambleas vecinales preocupadas por el destino del corredor y que no quieren quedar fuera del tensionado debate.


“En el medio de estos tres hay una tensión constante, diálogos, insultos, denuncias públicas, denuncias legales, juicios, ese es el espacio de tensión llamado: “El territorio de las Sierras Chicas” que se construye con distintos nombres. El estado no le pone Sierras Chicas, sino Área Metropolitana de Córdoba o Gran Córdoba, desde las asambleas se le llama Corredor Sierras Chicas y desde las empresas Área de Desarrollo Inmobiliario. Tres categorías distintas que habla cada una de sus intereses.

Por ejemplo, en mapas viejos del Pan de Azúcar, los antiguos dueños denominaban al arroyo como “Arroyo Reducción”, porque fue la primera estancia de la zona y hubo una reducción de Lules y Vilelas que fueron traídos del norte de Santiago del Estero y los tuvieron en la zona durante muchos años “reduciéndolos” al cristianismo.  El nombre estatal del arroyo es Arroyo Seco ya que se niega la posibilidad de que haya agua y se puede urbanizar, total es “seco”. Y en Villa Allende hay algo muy particular, ya que lo llaman arroyo Zupag Ñuñu o arroyo Pan de Azúcar y esa concepción tiene que ver con una reivindicación de los saberes comunes. Son tres nombres distintos, de tres espacios distintos con posicionamientos distintos”, sostuvo el investigador sobre uno de los enfoques del estudio.


Según el geógrafo, y otros estudiosos sociales, las asambleas ciudadanas en Sierras Chicas tienen un repertorio que alcanzan los diez años, lo que convierte a la región en pionera en cuanto a participación ciudadana en la toma de decisiones de los gobiernos locales y sus respectivos proyectos. En especial, Agua de Oro, Unquillo, y Río Ceballos son ejemplos donde hace tiempo municipios y vecinos forjan un diálogo basado en los modos del desarrollo urbano. Mientras tanto, el geógrafo pudo sacar algunas conclusiones sobre este entramado geográfico y social y las miradas que se construyen para el futuro demográfico de la región Sierras Chicas.


Cabe destacar que las sucesivas inundaciones, en la década del 2000, impusieron un freno al desarrollo urbano, ahora en debate, sobre los modos para alcanzar el equilibrio ideal para los habitantes del corredor serrano. Además, según el especialista, existe un mayor apoyo y una apertura al diálogo entre las organizaciones, empresas y municipios. Algunos casos que se destacan son Agua de Oro, Río Ceballos y Salsipuedes. En esta última ciudad, el municipio abrió sus puertas para delinear los modos de ordenamiento territorial a futuro, ya que cuenta con casi la mitad de los 260 mil terrenos baldíos de la región de Sierras Chicas. Actualmente Salsipuedes apuesta al desarrollo urbano, pero sustentable. Lo mismo ocurre con la ciudad vecina, Río Ceballos, que realizó ordenanzas más favorables para los loteos de Ñu Porá y de Terrazas de Río Ceballos. “El desarrollo a futuro va a depender muchísimo de este interés y del compromiso particular de cada propietario y del estado en poder controlar cada proceso”, terminó sosteniendo el geógrafo de Los Mapas del Poder.

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