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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Entre cámara y acción

Cine Comunitario es un grupo de vecinos y profesionales que pasaron de ver películas a producirlas en el propio corazón de Unquillo.

Por Amira López Giménez

amiralopez@elmilenio.info
cine

Desde que el pueblo unquillense recuperó el Cine Teatro Rivadavia, muchas historias empezaron a gestarse tras sus puertas. Desde el invierno del 2014, un grupo de vecinos de distintas localidades decidieron formar lo que se dio a conocer como Cine Comunitario y que hoy día tiene una fuerte presencia en el escenario de Sierras Chicas.

La aspiración, en un principio, fue proyectar películas al viejo estilo del cine club. Sin embargo, el paso del tiempo generó la expansión del pequeño grupo que pasó de proyectar películas a producirlas. No menos importante fue la creación de un cine express, consolidado con los propios vecinos que, sumado a la presentación de ciclos cinematográficos destinados a la reflexión social sobre ambiente, derechos humanos, termina poniendo en la pantalla grande las historias gestadas en el interior de las Sierras Chicas.

Se trata de un espacio voluntario y abierto a la ciudadanía que convoca a vecinos de todas las localidades desde Saldán hasta Salsipuedes, Río Ceballos, Villa Allende, entre otras y con la fuerte presencia de los unquillenses. “Es un espacio que formamos porque entendemos que es el modo en que tiene que circular el conocimiento y la cultura, entendemos que el conocimiento de bienes culturales debe ser sociabilizado, por eso presentamos este espacio de intercambio, para encontrar la circulación de la palabra y de la opinión”, aclaró Matías Deón referente de Cine Comunitario y especialista en medios audiovisuales que le cuenta a El Milenio la historia de un equipo de película.

El Milenio: ¿Cómo surge el proyecto de cine comunitario?

Matías Deón: El proyecto del cine contó con dos instancias muy importantes que fueron constitutivas. La primera fue en julio de 2014 donde nos juntamos con Pablo Foglia, Ezequiel Ayala, Luca Areli, Gabriel Loyber y yo, a formar un espacio para pasar películas desde una perspectiva más de cine club. Pasábamos películas que teníamos ganas de ver y estaba abierto a toda la comunidad. Lo que movilizaba era lo que programábamos para ver. Después fuimos creciendo y se armó un grupo estable, de unas quince personas que iban siempre al cine. Ese fue el primer antecedente que le dio la forma al cine Comunitario.

Ese mismo año, tras el encuentro de cultura viva comunitaria, se nos propone realizar una película en modo express. El cine express se trata de hacer una película en muy poco tiempo, con personas espontáneas, con o sin experiencia.

Por lo general hacer una película lleva meses, pero esta modalidad permite una rápida producción y hace que la gente pueda ver los resultados inmediatamente. Pueden verse en la pantalla y también pueden pensarse de otras formas, porque muchas veces estas modalidades se utilizan con una índole más social. En ese marco surge una película, se fueron sumando vecinos y terminamos siendo como unos treinta filmando.

La verdad que eso dejó una experiencia súper grata y quedamos tan contentos que a mediados de enero nos volvimos a juntar para lanzar otra película. Así nace el grupo de cine comunitario.

EM: Hoy por hoy ¿cuáles son los objetivos de este proyecto?

MD: Los objetivos del proyecto tienen esas dos patas que son las experiencias previas. Por un lado, sostenemos un espacio de cine semanal que a veces toma forma de ciclo cinematográfico y a veces pasamos películas sueltas, que se conectan con el aprendizaje del lenguaje audiovisual, con el montaje, la fotografía o tienen que ver con cuestiones que están en la agenda pública. Es una dialéctica constante entre el aprendizaje del lenguaje y el uso del mismo para la comunicación, donde surge el contexto social.

“Creo que el cine como arte es una forma de acercarse a esa verdad que no podemos recibir de otra forma” Matías Deón 

EM: ¿Reciben apoyo de algún tipo?

MD: A excepción de que el municipio nos presta la sala y los equipamientos para algunas proyecciones, como grupo tratamos de defender siempre nuestra independencia y es algo que no negociamos con ninguna gestión municipal.

EM: ¿Qué han logrado y qué les falta lograr como grupo?

MD: Como grupo hemos logrado una dinámica de trabajo que  pudimos sostener y reproducir a lo largo de dos años. Creo que nos falta más visibilidad y más integrantes en el grupo. Mi deseo personal es que se puedan producir más películas todo el tiempo.

EM: A lo largo de este proceso de cine en comunidad ¿han juntado historias que quedaron como anécdotas?

MD: Si, hubo muchas. Una fue cuando hicimos el primer cine express que salimos a filmar a la calle y algunos vecinos miraban curiosos a ver qué estábamos haciendo y en un momento, filmamos en el bar, al lado de la Municipalidad (Unquillo). Había dos señores tomando café y de repente salen en una toma. Les contamos que la íbamos a pasar en el cine y les preguntamos si se animaban a actuar. Nos dijeron que sí y lo gracioso fue que se terminaron incorporando al rodaje de prepo.

EM: ¿Cómo definirías al cine luego de filmar películas de esta manera particular, junto a los vecinos?

MD: Siempre pensé al cine desde una perspectiva semiótica, como un lenguaje, pero si se me permite una definición un poco más poética, el cine es una forma de acercarse a la verdad, entendiendo a la verdad como ese imposible de alcanzar, porque somos sujetos sujetados. Creo que el cine como arte es una forma de acercarse a esa verdad que no podemos recibir de otra forma. La forma más cercana a esa verdad es la relación con el colectivo y el cine comunitario es una vía más rápida para el intercambio con los pares, que nos definen en un modo de ver y hacer las cosas.

 

 

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