28 octubre, 2026

El Milenio

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Jazz, música en presencia

Con once discos editados y una trayectoria que lo llevó a compartir escenario con músicos de distintos lugares del mundo, el pianista Eduardo Elia encuentra en su actual trío de jazz -junto a Cristian Andrade en contrabajo y Luis Barzola en batería- una forma de seguir explorando la composición y la improvisación. Mientras tanto, recorre Sierras Chicas, enamorado de un corredor que recupera algo esencial: el valor de la música en vivo.

Por: Catalina Benes 4° IENM – Mía Pensa, Isabella Tantardini y Ámbar Faulhaber 4° IMVA


Hay una escena que Eduardo Elia repite cuando habla de la música en vivo. Sucede en un bar, a pocos metros del público, cuando el bajo deja de ser un sonido que llega desde un parlante y empieza a sentirse en el pecho. Cuando los músicos se miran, se escuchan y reaccionan entre sí. Para el pianista, ahí es donde pasan las cosas.

Eduardo entiende que algo de eso cobra sentido cuando piensa por qué el trío de jazz que integra encontró en Sierras Chicas un lugar especialmente fértil para tocar.

El pianista destaca que, mientras Córdoba Capital le da la espalda cada vez con más frecuencia al jazz y a la música en vivo, en localidades como Unquillo o Río Ceballos el eco es otro. Así, predomina la sensibilidad del encuentro presencial, la intimidad de una audiencia cercana y dueños que disfrutan que la música ocupe sus espacios.

Una música nutrida por experiencias

En el jazz, las estructuras permanentes no abundan. En general, los músicos se reúnen en torno a proyectos puntuales, pero eso no implica que la conexión entre ellos sea superficial. La improvisación y los juegos sobre las escalas musicales hacen de la escucha y el entendimiento del otro un pilar del género.

En el caso del trío, esa conexión es parte crucial del atractivo. Los tres se conocen desde hace más de una década y comparten escenarios hace años. Así, la familiaridad construyó un lenguaje propio: Elia, quien en muchas ocasiones toma el rol de compositor, ya sabe cómo escribir para ellos y sus compañeros entienden rápidamente qué busca cuando reciben una partitura.

La historia musical de Eduardo está atravesada por once discos y una enorme cantidad de variaciones. Hubo trabajos en los que tocó solo, otros en dúo y diferentes combinaciones de músicos. También hubo momentos en los que decidió mirar hacia atrás para avanzar: sus primeros discos buscaron inspiración en distintas épocas de la historia del jazz, hasta que finalmente encontró una manera de escribir que sintió más propia.

Esa exploración lo llevó a encontrar un punto particular entre la composición y la improvisación. En sus obras conviven fragmentos escritos con espacios donde los músicos toman decisiones en el momento, lo cual se refleja fundamentalmente en Las nubes, su undécimo álbum, inspirado en la novela homónima de Juan José Saer.

El disco incluye una suite de unos 25 minutos dividida en cuatro partes, que toma como punto de partida el viaje narrado por Saer entre Santa Fe y Buenos Aires. Es la primera vez que Elia trabaja con este formato musical y admite que, si hay algo que atraviesa todo su material, no es una fórmula musical, sino un cúmulo de influencias que terminan cobrando formas inesperadas cada vez que compone. “Somos un poco todo lo que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida y nos ha influenciado”, reflexiona.

Pero ese recorrido no está forjado solo por lo que el pianista escuchó. También está teñido de lo que construyó tocando con otros. Uno de los puntos clave  fue el Festival de Jazz de Córdoba, una experiencia bisagra.

En esa mixtura entre el talento local e internacional, Eduardo encontró un gran tesoro. A su vez, se destacan encuentros decisivos. El director del sello rosarino Blue Arts Records, Horacio Vargas, los vio tocar y les preguntó si tenían algo grabado. “Le dijimos que no, y él respondió: ‘Bueno, graben. Si esto suena como sonó hoy, quiero ser yo quien lo edite’”, cuenta Elia.

Lo que nació aquella noche se convirtió en un recorrido de siete discos junto al sello, que lo acompañó especialmente en sus primeros años. La escena internacional llegaría después. Durante una época en la que los sellos argentinos acumulaban material y demoraban las ediciones, Elia decidió ofrecer una de sus obras a un sello independiente estadounidense. La respuesta fue positiva y terminó editando allí tres discos.

Escuchar también es estar

Hoy, en un mundo agitado y de consumos fragmentados, escuchar un disco de punta a punta se volvió complejo. La mayor parte del público ha modificado sus hábitos: prestamos los oídos de manera superficial, mientras cocinamos, trabajamos o viajamos en el transporte público.

Elia no reniega de esa transformación ni se queda en la nostalgia. Él mismo escucha música de esa manera. Lo que reclama es otra posibilidad: detenerse alguna vez y escuchar de verdad.

En este marco, hay una diferencia que ninguna plataforma puede reproducir completamente: La música en vivo. Esta sucede en un espacio compartido. Está el sonido, pero también la belleza y la naturalidad del error, la reacción inesperada y la mirada cómplice de los músicos. Allí, dice Elia, la música madura.

Ese lugar de disfrute para el trío que lidera es Sierras Chicas. “Siento que acá la gente tiene una sensibilidad muy especial. Los espacios culturales y gastronómicos están copados por gente a la que le gusta que vayan los músicos a tocar. Pasa en La Minerita, en Planta Baja, en Unquillo, en Río Ceballos y en toda la región”, concluye.


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