29 octubre, 2026

El Milenio

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Mendiolaza: Escuela Waldorf Aromito, a otro ritmo

En El Talar, la Escuela Primaria Waldorf Aromito desarrolla desde hace casi una década una propuesta en la que los contenidos curriculares conviven con el arte, la autonomía y el respeto por los ritmos de cada niño y niña. A través de cuentos, música, actividades manuales y evaluaciones personalizadas, la institución busca que cada estudiante participe activamente de su aprendizaje.

Por: Pedro Frutos y Jazmín Bulgheroni 6° IENM – Salvador Soirefman y Pedro Liesenfeld 6° IMVA


Como el árbol que evoca su nombre, la Escuela Primaria Waldorf Aromito de Mendiolaza crece frente a las dificultades de construir y sostener colectivamente un espacio educativo.  Capaz de erigirse en terrenos adversos y favorecer el desarrollo de otras especies, estos ejemplares representan el espíritu de una institución que construye su identidad en comunidad

Nació del deseo de un grupo de familias de dar continuidad a la pedagogía Waldorf iniciada en el jardín de infantes Nido de Luz y echó raíces con el compromiso de docentes y familias.

El proyecto hoy transita su noveno año y recibe a 82 estudiantes, de primero a sexto grado. Organizada como asociación civil sin fines de lucro, se sostiene con la participación de las familias en comisiones de mantenimiento, economía, administración, eventos, entre otras.

“Para mí, uno de los regalos más lindos es que los chicos nos ven hacer esas cosas. Después uno los encuentra en otras situaciones organizándose, resolviendo problemas o compartiendo. Es una forma de enseñarles que el mundo se construye con otros”, comparte Rocío Domínguez, mamá de dos estudiantes.

Y añade que el colegio, a través de su modalidad, se consolida como “un lugar donde se sienten parte, donde sus particularidades son tenidas en cuenta y donde aprenden a convivir” -en sus palabras-.

Por su parte, Mónica Abramor, maestra de la escuela desde sus comienzos, destaca la experiencia comunitaria como uno de los pilares de la propuesta. “En Aromito, crecer también significa aprender a formar parte de una comunidad”.

El Milenio: ¿Cómo comenzó a tomar forma el proyecto y cuál fue su participación en ese proceso?

Mónica Abramor: Cuando me convocaron, empezamos a estudiar y conversar sobre la propuesta para el nivel primario y cómo llevarla adelante. Las escuelas Waldorf surgen de un grupo de familias y maestros, porque esa construcción colectiva es una de las condiciones de la pedagogía. No funcionan como una empresa ni pertenecen a una persona: se organizan mediante asociaciones civiles o cooperativas. El primer año funcionamos junto con Nido de Luz y después cada institución tuvo su propio edificio y organización. Al principio necesitábamos un espacio para primer grado y, al año siguiente, otra aula para cuando esos chicos pasaran a segundo. Así fuimos gestionando recursos y construyendo a medida que crecían los grados. Las aulas de adobe fueron un gran proyecto: las hicimos entre familias, maestros y niños, que después ocuparon los espacios que habían ayudado a construir.

EM: ¿Cuáles son algunos de los principios de la pedagogía Waldorf y qué la diferencia de otras?

MA: La pedagogía Waldorf fue creada por Rudolf Steiner hace más de cien años. Tiene fundamentos comunes a todas las escuelas, aunque cada proyecto tiene libertad para desarrollarse. Son instituciones mixtas, laicas y sin fines de lucro. Trabajamos con un currículum similar al de las escuelas provinciales, pero cambia la metodología: usamos el lenguaje artístico no solo en Arte o Música, sino también para enseñar Matemática, Lengua y Ciencias. Introducimos los temas mediante cuentos, canciones, relatos y obras de arte para que los chicos se involucren con lo que aprenden.

EM: ¿Cómo se traduce esa metodología en las actividades cotidianas?

MA: Comenzamos cada mañana con una ronda de canciones, juegos y ejercicios de Matemática, Lengua y Ciencias. Después viene la clase principal, dedicada a las materias centrales, hasta las 10.30 aproximadamente. Luego del recreo, las últimas horas se destinan a actividades artísticas: acuarela, movimiento, manualidades y música. Algunos grados aprenden guitarra, piano o violín, y en quinto y sexto tenemos un ensamble musical. También trabajamos el dibujo de formas, una materia propia de la pedagogía Waldorf vinculada con la geometría y la creatividad. Durante los primeros años, los cuadernos son lisos, sin hojas rayadas ni carpetas tradicionales. Los chicos escriben con pastas, un tipo de crayones más duros, y lápices de colores. El color negro, por ejemplo, recién lo utilizan en quinto grado. Sus cuadernos son muy coloridos, con muchos dibujos y guardas. Buscamos producciones propias y cuidadas estéticamente, no solo espacios para copiar información.

EM: ¿Cómo evalúan los aprendizajes?

MA: No usamos notas ni pruebas como instrumentos habituales. La evaluación es permanente: observamos a los chicos, conversamos con ellos y hacemos un seguimiento personalizado. Al terminar una unidad o un proyecto pueden realizar un trabajo de integración, pero no para demostrar todo lo que saben. Detectamos qué necesitan reforzar y lo conversamos con las familias. Procuramos que aquello que todavía no aprendieron no se viva como algo negativo, sino como una oportunidad para seguir trabajando.

EM: ¿Cómo se trabaja la autonomía y qué lugar tiene la tecnología en esta propuesta?

Mónica: En la escuela no tenemos computadoras y los chicos no usan celulares durante la jornada. Para investigar, especialmente en los grados más altos, recurrimos a libros, bibliotecas y otras fuentes. En lugar de completar manuales, los estudiantes elaboran sus propios cuadernos.También buscamos que desarrollen hábitos y autonomía. En primero y segundo, por ejemplo, las tareas suelen ser orales. Si un niño se olvida algo al principio, no necesariamente tenemos que resolverlo por él: aprender a recordar y organizarse también forma parte del proceso.

EM: ¿Cómo es el paso a la escuela secundaria?

MA: Nuestra escuela no es oficial porque elegimos no serlo, por lo que los estudiantes deben rendir un examen libre al finalizar sexto grado para validar formalmente sus estudios. Lo hacen en una escuela pública, como grupo y acompañados por su maestra y sus familias. Es una experiencia que viven con mucha emoción y ganas de compartir. Los contenidos que necesitan ya forman parte de lo trabajado durante el año. También los preparamos para algunos cambios en la forma de estudiar, cómo el uso de carpetas y lapiceras. En general, los conocimientos no suelen ser una dificultad. A veces el cambio más importante aparece en lo social, porque nuestros grupos son pequeños y el vínculo con los docentes es muy cercano, una misma maestra o maestro los acompaña de primero a sexto grado.


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