12 agosto, 2022

El Milenio

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Recuperando lo autóctono

El Vivero Municipal El Renoval surgió inicialmente para proveer las plantas nativas utilizadas por el gobierno local en distintas plantaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, el proyecto trascendió la producción de especies vegetales para convertirse en un fuerte impulsor de la conciencia ambiental.
  • Colaboración: Lucía González y Lucio García (4to IENM). Alejo Gingins y Simón Canziani (4to IMVA).

En 2018, la Municipalidad de Salsipuedes se propuso una renovación del arbolado urbano con plantas nativas, pero al momento de ejecutar la iniciativa, descubrieron que había una carencia de estos ejemplares en los viveros locales. 

Ante la problemática, recurrieron a distintas alternativas y hasta obtuvieron semillas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, pero estas no lograban adaptarse al clima de la región. Fue entonces cuando decidieron lanzar la producción propia de especies autóctonas del bosque chaqueño serrano, como el molle, el algarrobo, el tala y el espinillo, entre otras.

Así nació el Vivero Municipal de nativas “El Renoval”, con el objetivo de producir todos aquellos ejemplares de vegetación autóctona necesarios para la forestación y parquización de distintos espacios, en consonancia con las políticas generadas desde la Dirección de Ambiente y Planeamiento de Salsipuedes.

El predio se ubica en Capital Federal, entre las calles La Plata y Rosario de Santa Fe. Está abierto de lunes a viernes de 8 a 13 horas y es coordinado por la estudiante de Biología Aylén Achával. Actualmente, además del cultivo de plantas nativas, el vivero cuenta con una huerta y produce otros productos orgánicos, como abono. 

“Con una chipeadora que tritura los residuos de poda, se obtiene el chip que después usamos como cobertor para el suelo”, ejemplificó Aylén en diálogo con El Milenio, mencionando una de las tantas actividades que se llevan a cabo en el espacio.

Además, los promotores del proyecto también apuntan a consolidar la educación ambiental y el intercambio entre los vecinos. Para ello, se han generado programas de articulación con escuelas y diversas agrupaciones comunitarias.


El Milenio: ¿Qué diferencias hay entre El Renoval y un vivero comercial?

Aylén Achával: Creo que nos distinguimos por nuestros proyectos, que a su vez nos relacionan con la comunidad. Ahora, por ejemplo, vamos a abrir un área agroecológica, para que puedan venir los vecinos y hacer huertas comunitarias. También estamos con iniciativas de educación ambiental, en conjunto con las guardaparques de la Reserva Hídrica y Natural Municipal Salsipuedes.

Llevamos distintas actividades a los colegios e invitamos a quienes quieran hacer algo en el vivero a que nos acerquen su propuesta así nosotros planificamos lo que se pueda en torno a eso. En este sentido, hemos hecho plantaciones, salidas con jardines de infantes a identificar especies nativas, cartelería para senderos y muchas otras acciones.

Pensando a futuro, tenemos planteadas pasantías para jóvenes de sexto año del Nivel Secundario. Estamos enfocados en la parte educativa, además de la productiva. Está bueno porque a través de los chicos se llega a las familias. 

EM: ¿Cómo es el trabajo de distribución de lo producido?

AA: Estamos haciendo plantaciones, fundamentalmente en los barrios. Hay muchos vecinos que quieren tener en sus veredas y tenemos una ordenanza municipal que especifica cuáles son las especies que se deben colocar. Así, el interesado se anota y después nosotros vamos casa por casa para plantar los árboles. El ciudadano ayuda en la planeación, hace el pozo y nosotros llevamos el ejemplar, abono y le enseñamos cómo seguir cuidando la plantita.

EM: ¿Cómo es el mantenimiento de las especies?

AA: Todos los días hay que ir viendo cuáles son las que se pueden germinar. También hay que regarlas porque tienen que estar siempre húmedas. Las nativas, por lo general, necesitan una buena cantidad de agua, pero con días distanciados. Además, hay que revisar que no tengan hongos y que no se pongan amarillas porque exceso de sombra. Con la huerta son las mismas precauciones. Si algo germina, hay que pasarlo a la tierra. 


EM: ¿Qué impacto tiene la propuesta en la comunidad?

AA: Hay mucha demanda y es un problema porque el stock es chico. Nos estamos haciendo conocidos, pero contamos con alrededor de 800 plantas, que parece un montón, pero no es tanto. Entonces no podemos vender ni regalar. Las tenemos que guardar para las plantaciones de barrios o predios y gestionarlas bien. En este sentido, la idea sería crecer y aumentar la producción para satisfacer la demanda.

EM: ¿Qué necesitan para poder extender el alcance del proyecto?

AA: Sobre todo infraestructura. Mi mayor inquietud es que el invernadero actual es chiquito y al trabajar con escuelas necesitamos más comodidad. Asimismo, también es algo indispensable para ir aumentando la producción y porque queremos que en un futuro sea un espacio abierto al público, que la gente pueda acercarse a tomar mate, a pasar la tarde viendo como producimos las nativas o ayudar con el trabajo en la huerta.

EM: ¿Tienen otras ideas a futuro?

AA: Ahora presentamos un proyecto para hacer un umbráculo (lugar cubierto de ramas u otros materiales para resguardar las plantas del sol) y tenemos un tanque de agua que está roto y queremos usarlo como domo, para dar charlas y talleres, pero todo demanda plata. Igualmente, al intendente le re gustó la propuesta y estamos viendo cómo conseguir fondos.

Por otro lado, también hay otro plan todavía incipiente que es el diseño de un parque de recolección de agua de lluvia. La propuesta sería que haya prototipos de cómo recolectar las precipitaciones, a modo de muestra, para que el visitante venga y aprenda. Vivimos en una zona con mucha sequía y apuntamos a ideas que puedan trasladarse al ámbito doméstico. Además, sería un circuito recreativo y educativo.