12 agosto, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Pasatiempo al servicio

La radioafición es un hobby que reúne a muchos curiosos de la electrónica, pero también constituye un servicio de interés nacional ante emergencias de todo tipo. En esa frontera se mueven Tomás Pietri y Gustavo Pérez Delgado, dos radioaficionados de Sierras Chicas que disfrutan experimentar con los equipos y conocer personas a través de la radio. En su recorrido, han llegado a colaborar en la Guerra de Malvinas y otros acontecimientos históricos.
  • Por Milagros Alcántaro. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Josefina Serra y Mía Mastronardi (4to IMVA). Camila Tomé y Francisco Gómez (4to IENM).

Tomás Pietri, vecino de Río Ceballos especializado en electrónica, apenas tenía 14 años cuando consiguió su licencia oficial como radioaficionado. Aun así, ya desde varios años antes usaba la radio de su hermano a escondidas para hablar. Y es que experimentar con equipos y antenas es uno de los principales objetivos de la radioafición, como explicó Tomás a El Milenio.

Fue a través de esta actividad que conoció a Gustavo Pérez Delgado, vecino de Salsipuedes que, siendo electricista, se introdujo hace seis años en el mundo de la radioafición. “Fue trabajando con el municipio que tomé contacto con los handies (transmisor-receptor de radio portátil), en una frecuencia comercial para la Municipalidad y Defensa Civil. Cuando salí de ese trabajo, arranqué con el curso de radioaficionado en Mendiolaza”, contó Gustavo.

Lejos de ser una actividad del pasado, la radioafición sigue vigente y, además de ser un hobby, está regulada por el Estado: para ser un radioaficionado es necesario rendir un curso y así obtener la licencia. 

Este curso dura tres meses y, una vez aprobado, cada estudiante se puede especializar en fonía, código morse, digital y satélite, entre otras opciones. Es que más allá de ser un pasatiempo, la radioafición se define como un servicio de telecomunicación. “Somos como una especie de reserva del Estado”, resumió Pietri. 


Un poco de historia

De acuerdo a la ley 16118/1961, la radioafición es una actividad declarada de interés nacional para el país. Además de beneficios como la exención de impuestos aduaneros para la importación de equipo radioeléctrico, esta ley declara la posibilidad de que los radioaficionados sirvan al país en situaciones de emergencia.

“Anteriormente éramos muy requeridos por la sociedad ya que, al haber pocos teléfonos, ante una emergencia, nos llamaban a nosotros para que pidiéramos ayuda”, explicó Pietri. Uno de los casos que más recuerda fue en 1982, durante la Guerra de Malvinas, cuando numerosos radioaficionados intervinieron llevando su equipo a la zona para brindar cobertura. 

Pietri detalló que la mayoría de estos voluntarios eran cordobeses y tenían equipos portátiles. “En esa época recién surgía la nueva tecnología de equipos y aquí en Córdoba había un representante de la marca de equipos de radio que los fabricaba, que era Yaesu”, comentó. 

En su caso en particular, Pietri mandó un equipo técnico a modo colaboración. El mismo nunca volvió, quedó allí en Malvinas. “Después con los años me reintegraron el dinero del equipo. De hecho, hicieron un radio club ahí en Malvinas, que después la licencia quedó acá en Radio Club Córdoba”, aclaró. 

Así como en Malvinas, los radioaficionados también estuvieron presentes en otras emergencias. Durante el terremoto de San Juan eran los únicos que podían comunicarse, ya que sus equipos funcionan a batería, y así pedir medicamentos y ayuda; al igual que durante el corte de luz de 2019. Y es que, cuando todos los sistemas fallan, los radioaficionados siguen comunicándose. 


La radioafición en Sierras Chicas

Tomás y Gustavo concuerdan en que con la llegada de los teléfonos decayó la actividad, ya que muchos usaban la radio como medio de comunicación habitual. De acuerdo al registro del Ente Nacional de Comunicaciones, en Argentina hay actualmente más de 16 mil radioaficionados, pero, años atrás, eran muchos más. 

Tal es así que antes, cuando entraban a una banda, muchas veces no había espacio para hablar debido a la gran cantidad de radioaficionados presentes. Ahora en cambio, a veces pueden hasta no encontrar colegas. Aun así, ambos sierrachiquenses destacaron que hay mucha gente joven interesada que se va sumando a este hobby.

Contrario a lo que se podría pensar, iniciarse en este pasatiempo no requiere una alta inversión económica. El primer gasto a considerar es el curso para obtener la licencia, el cual tiene un costo de entre 3 mil y 4 mil pesos. Luego, consiguiendo un handy económico (que rondan los 5 mil pesos), ya se puede empezar a hacer radio y comunicarse con otros colegas. Con el tiempo, lógicamente, se puede ir mejorando con equipos más costosos, aunque al principio, como recordó Pietri, los fabricaban ellos mismos, ayudándose mutuamente desde cero.

Esta facilidad de entrar a la radioafición con solo un handy, es posible ya que en la zona existe un repetidor local (un dispositivo que amplifica las señales). De lo contrario, con otro repetidor más lejano, quizás no se conseguiría la misma potencia. 


Tiempo atrás, debido a las dificultades que presenta el espacio geográfico de Sierras Chicas, debían trasladarse hacia Pajas Blancas para abrir las repetidoras, que estaban arriba del Cerro Champaquí y en las Altas Cumbres, recordó Pérez. Aun así, en algunos sectores aparecían conos de sombra que dificultaban la comunicación. 

Por esa razón, los radioaficionados de Sierras Chicas armaron una repetidora local en Salsipuedes, la 145210, un proceso que llevaron a cabo de forma autogestiva y colaborativa. Así empezaron a contactar con más gente de la zona y otras repetidoras, y el grupo de Sierras Chicas comenzó a hacerse más grande, fortaleciéndose la unión entre sus integrantes, como resaltó Pérez.  

Más allá de lo técnico, del poder experimentar con componentes electrónicos, antenas y diales, algo que distingue a la radioafición es la camaradería y el deseo de entablar contacto con el otro. Al igual que una red social, los radioaficionados se pueden comunicar desde cualquier parte del mundo y compartir diferentes intereses u objetivos. Aunque quizás nunca lleguen a conocerse personalmente, el vínculo que se genera al compartir la pasión por la radio termina convirtiéndose en algo único.