5 julio, 2022

El Milenio

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“En el arte y en la vida, las verdades son importantes”

El reconocido artista plástico Álvaro Izurieta hace un repaso por su prolífera carrera. Cordobés de nacimiento y unquillense por adopción, no se siente profeta de esta tierra, pero afirma que Unquillo es su mundo. A sus 77 años, confiesa que cada vez trabaja más y no piensa en el retiro, al tiempo que inaugura una nueva muestra en la Casa Museo Lino Spilimbergo.
  • Colaboración: Lautaro Gómez y Sofía Calcagno (4to IENM). Felipe Sevilla y Brisa Sartor (4to IMVA).

Hace cuatro décadas, el maestro Álvaro Izurieta encontró en Unquillo la paz y la inspiración que necesitaba para desarrollar su obra. Se define como pintor de vocación, padre de cuatro maravillosos hijos artistas y compañero de Gladys, con quien comparte la vida hace 50 años.

A fines del año pasado, se estrenó la película “Álvaro Izurieta, retratos de un maestro”, “una experiencia muy linda y distinta”, en palabras de su protagonista. “Creo que de alguna manera refleja lo que vengo pensando y meditando sobre el arte y la vida. Es mi testimonio”, confiesa el pintor a El Milenio, mientras comparte algunas de esas reflexiones en una entrevista exclusiva.

“El artista expresa su mundo con una gran claridad, sin atajos, sin vanidad, sin hacer artificio para atraer al público. Ir a lo esencial, esa es la verdad del arte”

Álvaro Izurieta

EM: ¿Cuánto influyen los reconocimientos en su carrera?

AI: El arte no es una profesión, es un camino de vida que me permitió entenderme mejor a mí mismo, comprender a los demás y construir un sueño. Yo tuve educación desde muy pequeño, pero cuando descubrí la pintura le dije a mi padre que me dedicaría al arte. Él me dijo que me iba a morir de hambre y me echó de casa a los 19 años. Después se arrepintió cuando vio mis éxitos. Cuanto más sufrís, más aprendés. Mientras más dificultades tengas, más fuerza a favor. No hay fracasos en la vida, todo es aprendizaje. 

Hay un filósofo griego que dice “sellen vuestras vidas como los arqueros que tienen un blanco”. Si uno no sabe a dónde va, seguramente va a fracasar. Hay que saber lo que uno quiere. Eso es lo que les digo a los chicos: cumplan sueños, pero sueños verdaderos, que salgan de su prioridad. Yo sé que tengo un blanco como los arqueros. Siempre digo que cuando uno se encuentra con su camino, los astros se alinean.

EM: ¿Qué quiere decir?

AI: Empiezan a aparecer solas las cosas que uno va necesitando. Cuando entré a la escuela de Bellas Artes, un profesor me dijo que ese lugar no era para mí, que yo tenía mucho talento y que tenía que ir a estudiar a Buenos Aires. Un día un otorrinolaringólogo, que también era pintor, me invitó a verlo. Cuando vio mis dibujos, me dijo que yo debía dedicarme al arte. Él fue quien me ayudó económicamente para poder estudiar en Buenos Aires. Me dejó esa huella profunda, sobre todo me trasmitió la confianza que tenía en mí. 

Eso fue el inicio, después tuve momentos muy complicados. Me vine a Río Ceballos a trabajar con el pintor Henry Aran. Un día, después de muchos tropiezos, fortuitamente apareció un cuadro. Había pintado un cuadro que yo nunca pensé que podía hacer. Fue ahí cuando me llené de confianza. Ahí se abrió el mundo.


EM: Vive en Unquillo desde 1981, ¿se considera profeta en su tierra?

AI: No me siento un profeta. Después de la película yo le agradecí a Unquillo. Es mi mundo, donde quiero terminar felizmente mis días. Vine a vivir acá por un problema de salud. Hoy tengo 77 años, juego al tenis y no me canso. Me recuperé totalmente. 

EM: ¿Cómo influyó este lugar en su arte?

AI: Yo no pintaba paisajes, a pesar de que vivía en un campo. Yo hacía figuras humanas. Cuando llegué a Unquillo supe que debía pintar paisajes. Me iba a Saldán a las cuatro y media de la mañana esperando a que amaneciera para poder pintar. Volvía demolido porque no lograba nada. Pero un día, en Cabana, empecé a pintar con el agotamiento. Un pintor amigo me dijo que ese cuadro era hermoso, entonces comencé a pintar paisajes. Unquillo significó un gran cambio para mí en muchos aspectos. 

EM: ¿Cómo describiría su pintura hoy?

AI: Ahora hago una pintura muy moderna, casi abstracta, que fluye de mi imaginación y mi intuición. Después de observar a artistas como Cera Kaminski, Pau Clear, Picasso y Juan Gris empecé a hacer pequeñas acuarelas, tintas a color. Ese fue el principio de la transformación. Pero de vez en cuando, trato de hacer algo figurativo para mí (ahora estoy haciendo un retrato de mi nietita, por ejemplo). También estoy trabajando un poco de escultura. 

EM: ¿Hay alguna técnica que no haya probado y le gustaría indagar?

AI: Seguramente haya, lo que pasa también es que a esta edad uno ya empieza a pensar que tiene que ir cerrando las cosas y acentuar aquellas que más les interesan. ¿Cuánto más puedo vivir? 30 o 40 años pasan muy rápido. Lo que yo siempre hice fue contar mis cambios, eso se refleja en la pintura. 

EM: La vida sigue siendo corta.

AI: Claro. Pero créanme que el día que me despida me voy a sacar el sombrero. Mi vida ha sido hermosa y la de mis hijos ni les cuento. Ellos también encontraron el arte.


EM: ¿Considera que hay un “gen artístico” entre los Izurieta?

AI: Ciertamente no lo había en mi familia. Mi mamá cantaba bien. Con mi hermano Gustavo leíamos todas las siestas. Era mi gemelo y falleció muy joven. Recuerdo que un día trajo la biblia y me dijo que teníamos que hacer un juramento. Que vinimos al mundo para que el mundo sea un poquito mejor. Gustavo me acompaña todos los días, está conmigo, lo siento.

EM: ¿Y usted?

AI: No, yo trabajo cada vez más. Tengo más entusiasmo hoy que cuando era joven.

EM: ¿Cuál sería su mayor legado a otros artistas?

AI: Todo lo que hago es para alguien, alguien que seguramente no conoceré nunca. Yo pinto para unos pocos contemporáneos y para gente que jamás veré, porque la obra queda ahí. Tengo mucha fe en mi trabajo, creo que he llegado a un nivel muy importante. 

En el arte, en la vida, las verdades son importantes. ¿Y cuál es la verdad para mí? Es el artista que expresa su mundo con una gran claridad, sin atajos, sin vanidad, sin hacer artificio para atraer al público. Ir a lo esencial, esa es la verdad del arte, que también puede ser la verdad de la vida de cada uno. 

EM: No es fácil interpretar tampoco al artista.

AI: El arte no se puede explicar, es todo subjetivo. Tengan fe en ustedes. Aunque estén en el peor momento piensen que tienen mucho por dentro. Creer profundamente es lo más importante.