5 julio, 2022

El Milenio

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Ropa preamada, una concepción sustentable

En sólo cuatro años, Laura Posada logró consolidar una exitosa propuesta basada en la venta de ropa “con uso”, derribando los prejuicios en torno a estas prendas. Con la marca que lleva su nombre, la emprendedora revaloriza la economía circular y, a su vez, destaca el estilo que puede alcanzarse eligiendo prendas de segunda mano.
  • Colaboración: Simón Canziani y Alejo Gingins (4to IMVA). Alfonsina Villar y Manuel Oberti (4to IENM).

Corría el año 2018 cuando Laura Posada se percató de los “tesoros” que encontraba visitando distintas ferias de ropa. Ya en ese momento, la vecina de Villa Allende, desde siempre apasionada por la moda, utilizaba las redes sociales para compartir sus outfits cotidianos, donde nunca faltaban las prendas “con uso”, como ella las define, buscando dejar atrás la connotación negativa asociada al término “usada”.

Por ese entonces, se dedicaba a la comercialización mayorista de joyas de plata, un rubro al que había llegado años atrás buscando una salida laboral, hasta que la situación económica la llevó a perder rentabilidad. Fue entonces cuando la idea de darle cauce a su verdadera pasión comenzó a tomar forma en su mente. 

“Vino un gran desequilibrio del dólar y no podía recuperar la inversión. Ahí me picó el bichito de hacer algo con la indumentaria. Además, había hecho un viaje a Estados Unidos que me llevó a investigar sobre el tema, porque allá lo vintage es tendencia”, rememoró en diálogo con El Milenio.

Un domingo como cualquier otro se dispuso a limpiar su placard y apartó 150 prendas que había dejado de usar hacía tiempo. “Había ropa, calzados, accesorios, carteras, de todo. Entonces, agarré un pallet de madera, lo ubiqué en mi patio con una planta al costado y empecé a sacar fotos para subir todo a Instagram”, contó.


Así, tímidamente, comenzó a gestarse un emprendimiento que en poco tiempo se expandiría hasta sumar cuatro sucursales. “Familiares y amigos que me seguían en redes sabían que tenía buen vestuario, así que me fueron comprando o reservando y así se fue pasando la voz entre la gente. Algunos también me empezaron a dar para que venda lo suyo”, contó la emprendedora.

Tras este arranque virtual, Posada abrió un pequeño espacio en el salón de fiestas de una amiga, con sólo cuatro percheros. Sin embargo, en pocos días el lugar le quedó chico y debió trasladarse al patio de su propia casa para continuar con el negocio, en constante crecimiento.

En este marco, decidió dejar su trabajo en joyería para apostar todo a la venta de ropa de segunda mano, lanzando así la marca Laura Posada Estilo. “En septiembre de 2018 abrí el primer local en la calle Río de Janeiro y al año siguiente me animé a ir por otro, en Avenida Del Carmen. Mantuve ambos hasta la pandemia, cuando tuve que cerrar el primero, que era más chico”, relató Posada.

En 2021, su emprendimiento ya casi devenido empresa pegó un nuevo salto con la apertura de tres nuevos locales: uno en Av. Recta Martinolli, otro en Espinosa Mall (zona sur) y el más reciente en Villa Allende, al pie del Golf Club. Al mismo tiempo, Laura Posada Estilo abrió su primera franquicia en San Luis y próximamente desembarcará en Valle Escondido y Río Ceballos.

“La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta. Hacemos hincapié en cómo se puede ayudar al ambiente comprando una prenda usada en lugar de una nueva”

Laura Posada

El Milenio: ¿Cómo definirías el concepto de tu proyecto?

Laura Posada: Es básicamente venta de ropa con uso, ropa preamada. La llamo así porque ha sido amada por una persona, quien ha dejado de utilizarla, y hoy alguien más puede darle una segunda oportunidad, reinventarla con su estilo.

Sin embargo, ha cambiado mucho el concepto en estos cuatro años. En un principio se trataba de encontrar prendas económicas para vestirse con estilo. Ahora me estoy enfocando mucho más en la idea de sustentabilidad.

Hago mucho hincapié en que la industria de la moda es la que más contamina el ambiente, después de la del petróleo. Le explico a la gente, por ejemplo, que para hacer un jean nuevo se necesitan 7500 litros de agua y para una remera, 2500. Agua que, además, se llena de tintura. 

Hay algo que no hemos hecho bien en estos años y, si seguimos en esta línea, nos va a ir cada vez peor. Por eso, mostramos al cliente cómo puede ayudar al ambiente comprando una prenda usada en lugar de una nueva.

EM: ¿Qué otras ventajas hay en este modelo de mercado?

LP: También está la cuestión económica. En Latinoamérica siempre conviene comprar más barato. Una campera en uno de mis locales cuesta como mucho 6 mil pesos, y en un shopping puede salir 50 mil pesos. De las personas que ingresan al negocio, diría que el 70% lo hace para ahorrar.

A nivel estilo hay muchas cosas positivas, porque las prendas son únicas y tenés que encontrar lo que te define. A su vez, esto permite que todo el tiempo tu placard se esté renovando, porque algo que usaste este invierno, lo podés cambiar tranquilamente el próximo.


EM: ¿Cómo definís a tu público?

LP: Es amplio y depende mucho de la zona donde se ubica la sucursal, cambia mucho entre una y otra. Se nota hasta en el ticket promedio de lo que compran y lo que llevan para vender. Pero diría que en general son personas de clase media, aunque cada vez hay más clientes de alto poder adquisitivo con cierta conciencia sobre la sustentabilidad, que a su vez también aportan cosas hermosas para vender.

En un primer momento hacía ruido el proyecto y la gente entraba a escondidas. Hoy en día, si bien me doy cuenta que vienen sin ningún tipo de pudor, noto que todavía hay mucha estructura mental que romper y está muy instalado el prejuicio hacia la ropa de segunda mano, el “andá a saber quién se puso esto”.

EM: ¿Qué puntos crees que diferencian tu propuesta?

LP: Creo que el formato de los locales es muy diferencial, son como de ropa nueva por así decir. Están limpios, acomodados, bien iluminados y perfumados. No se siente como si estuvieras abriendo el placard de tu abuela. Está todo distribuido en perchas por colores, gamas, estación y estilos. 

Además, abrimos de lunes a sábado, no es que somos un showroom que sólo está los fines de semana, con cita previa. También creo que soy muy estructurada y transmito seriedad. Esto requiere más orden que un local con prendas nuevas, porque se vende por un lado y se recibe ropa por otro, hay que entregar las comisiones, manejar redes, etc. Hay mucho trabajo administrativo.