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Un sueño de 35 mil kilómetros

Nicolas Pérez y León Trincheri son apasionados de la aventura en dos ruedas, desde el trayecto cotidiano para ir al trabajo hasta la travesía más ambiciosa. Hoy en día, su proyecto “Andar Liviano” los impulsa en un viaje que va desde Río Ceballos hasta Ushuaia, para luego remontar el continente rumbo a Alaska.

Colaboración: Mateo Spika y Bautista Scaramuzza (4to IMVA). Lorenzo Ceballos y Carmela Fazzio (4to IENM).

¿Cómo comienza un viaje de 35 mil kilómetros en bicicleta? ¿Empieza el día que toca despedirse de familiares preocupados ante la tremenda osadía de atravesar el continente sin motores ni grandes planificaciones? ¿O arranca con una primera aventura en la infancia?

Probablemente para León Trincheri (27) y Nicolás Pérez (28) el viaje comenzó mucho antes del día en que salieron pedaleando de Río Ceballos. Quizás todo sea una cuestión de actitud, una manera de ir construyendo un nuevo estilo de vida, poco convencional, pero muy gratificante. 

León es contador público y Nicolás es tripulante de cabina, aunque hoy su trabajo está en tierra, con menos herramientas y mucho más disfrute. “Me dedico a conocer lugares, a viajar en bicicleta y a experimentar constantemente. El trabajo también es ver cómo uno se la puede rebuscar para seguir persiguiendo este sueño”, cuenta el rioceballense en una parada de la travesía, junto a su compañero.

León y Nicolás son amigos desde la infancia y comparten la pasión por la bicicleta como medio de transporte sustentable. Foto gentileza Andar Liviano.

Ambos son soñadores valientes, pero fue el impulso mutuo lo que finalmente llevó a estos dos amigos a lanzarse a las rutas, con pocas certezas y mucho por descubrir. Andar en bicicleta es para ellos una mecánica de vida adquirida a través de años. Se conocen desde el colegio, tienen una pila de tardes arriba de la bici y hasta trabajaron juntos. 

Desde hace algunos años, la bicicleta comenzó a tomar un papel cada vez más protagónico tanto en la vida cotidiana de ambos, como en la definición de una nueva manera de plantearse objetivos y mirar al futuro. “Lo que nos vuelve locos de la bici es la independencia, el poder llegar por tus propios medios a cualquier lugar. Es una opción hermosa, no solo para viajar como hacemos nosotros, sino como medio de transporte cotidiano, para ir a estudiar o trabajar, sin gastar dinero, sin contaminar, haciendo ejercicio, despejando la cabeza”, destaca León. 

Los jóvenes pasaron por Mendoza rumbo a la Patagonia cordillerana, donde planean pasar el invierno antes de poner rumbo al norte. Foto gentileza Andar Liviano.

Hoy el sueño de llevar la bicicleta como estilo de vida es una realidad tangible en el día a día de León y Nicolás. El 10 de marzo salieron de Río Ceballos con la idea fija de llegar a Ushuaia, para poder, desde el punto más austral del continente, empezar otro gigantesco camino hasta Alaska.

“Nos mueve la satisfacción de fusionar dos pasiones: andar en bici y descubrir lugares nuevos. Nos interesa transmitir desde el proyecto un estilo de vida más relajado, más sano y con impacto positivo sobre el ambiente. De ahí surge esta aventura», resume Nicolás. 

El Milenio: ¿Con qué criterio planearon la ruta?

León Trincheri: La ruta fue planeada muy a grandes rasgos. Semana a semana vamos replanteando el camino, pero la verdad es que hacemos una evaluación diaria, lo cual hasta el momento nos viene saliendo bien.

Nicolás Pérez: En cuanto al primer trayecto dentro de Argentina, el criterio general podría ser ir hacia el sur por la Cordillera de Los Andes y subir por la costa del Atlántico. Como emprendimos este viaje en plena pandemia y es difícil entrar a otros países, decidimos no volvernos locos e ir a paso lento para conocer a fondo el sur de nuestro país, que es precioso. 

Después, en la diaria, vamos viendo qué lugares nos copan o nos recomiendan. Lo que sí planeamos es dónde quedarnos a pasar la noche, dónde comprar comida, recargar agua, etc. Todo eso sí hay que analizarlo antes, para al menos tener un refugio cerca.

EM: ¿Entonces no hay una fecha estimada para llegar a Alaska?

LT: No, no tenemos una fecha estimada y eso es lo mejor que nos puede pasar. Le calculamos unos dos años, pero nada muy concreto. Nosotros partimos desde Córdoba al sur porque el objetivo es ir desde el punto más austral del planeta hasta Alaska. 

Desde Mendoza venimos bajando por la Ruta Nacional 40, para luego retornar hacia el norte por la Ruta 3. En el panorama más próximo, vamos a hacer una parada importante en la zona de Villa La Angostura, Bariloche y San Martín de Los Andes. La idea es pasar ahí el invierno, aguantar el frío y buscar algún trabajo en la temporada. No tenemos tan armado el itinerario.

Andar Liviano cuenta con el apoyo de la marca Venzo. Foto gentileza Andar Liviano.

EM: ¿La planificación flexible tiene que ver con la filosofía de “Andar liviano”?

NP: Sí, es en parte lo que intentamos transmitir. Es una consigna que por un lado tiene que ver con lo material, pero también nos referimos a las culpas y barreras mentales que cargamos todos los días. Las mochilas que llevamos no son solo físicas, y nosotros realmente buscamos andar livianos.

EM: ¿Tienen antecedentes de viajes más cortos o decidieron largar directamente con este enorme desafío? 

NP: Es nuestro primer viaje largo. Hicimos alguna que otra salida de pocos días, como para saber de qué se trataba, pero siempre relativamente cerca de Córdoba o Río Ceballos, nada parecido a este desafío. Sí hicimos un viaje más extenso juntos, pero sin bicicleta.

EM: ¿Qué tipo de preparación física tuvieron que poner en marcha para realizar este viaje?

NP: Siempre es interesante tener algún tipo de preparación física antes de emprender un viaje con semejante desgaste. También es cierto que el estado te lo va dando un poco la misma experiencia de andar con la bici cargada toda la jornada, dormir y volver a arrancar. Nosotros venimos dándole a la bicicleta todos los días desde hace al menos dos años. En cierta forma estamos acostumbrados, pero nunca sabemos qué nos depara el camino. 

No pensamos que sea necesario salir con una preparación física extraordinaria. Quizás sí es importante investigar y averiguar cómo es la vida viajando en bicicleta, saber qué elementos hacen falta en el viaje. Al mismo tiempo es necesario optimizar, para no gastar tanto y cargar lo menos posible. En ese sentido, la clave es llevar herramientas indispensables, polifuncionales y en lo posible livianas.

EM: En estos dos meses que llevan de viaje, ¿se replantearon en algún momento la aventura ante la exigencia diaria? 

NP: No, a mí lo que me pasa es que me voy dando cuenta que en realidad son pocas las cosas que necesito tener sí o sí todos los días. Aunque otros elementos te dan comodidad, empezás a sentir que ciertas cosas no son necesarias y que con mucho menos te alcanza para vivir bien y estar feliz y a gusto.

EM: Hasta el momento, ¿qué clase de inconvenientes tuvieron durante el viaje?

NP: El inconveniente más común es pinchar la cubierta. Y eso nos sucede al menos una vez por semana con el nivel de exigencia que solemos mantener, de entre cinco y siete horas de pedaleo diarias. 

LT: Sobre todo en Mendoza, que nos recibió con suelos bastante complicados en ese sentido, con muchas rosetas, que tienen espinas por todos lados. 

NP: Otro inconveniente común es que al no tener nada demasiado planificado, a veces te agarran las siete de la tarde y todavía no tenés claro dónde vas a dormir o en qué lugar vas a armar la carpa. Eso creo que se va trabajando a lo largo del viaje, pero cuando te sucede que llega esa hora y no sabés dónde caer, es un inconveniente.

LT: El clima también puede ser un problema. A veces te puede sorprender la lluvia o un viento fuerte. Son cosas que te dejan muy expuesto. Pero nosotros no vamos con ningún tipo de apuro, entonces podemos apaciguar algunos de esos factores buscando un lugar donde parar hasta que frene la tormenta. Si un día vemos que se complica y recién llevamos dos o tres horas de pedaleo, no importa, seguimos al día siguiente.

EM: Aunque planean la ruta semana a semana, ¿saben por cuáles países quieren pasar?

LT: En ese aspecto sí tenemos algo más planificado. La idea sería salir de Argentina por Bolivia, para luego hacer Perú, Ecuador, Colombia y de ahí cruzar en barco o en avión a Panamá. Una vez lleguemos a Centroamérica, queremos atravesar Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y quizás algún otro país. Luego llegaremos a México y a Estados Unidos.

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