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Nutrir el arte desde lo colectivo

La artista visual María Castillo concibe su labor unida inexorablemente a la transformación social. Sus obras buscan generar empatía con el público, al tiempo que reflejan problemáticas, luchas o simplemente la historia en constante movimiento. Desde ese lugar, trata de reinventarse día a día sin caer en el encasillamiento, combinando lenguajes en proyectos multidisciplinarios como ella misma.

El arte puede adoptar tantas formas como artistas existen. María Castillo entiende esta premisa y va un poco más allá, reuniendo diversas expresiones en sí misma. La artista multidisciplinaria -como ella misma se define- navega desde la infancia entre obras de todo tipo, recurriendo por igual al bordado, la pintura, la cerámica, la escritura y hasta la ebanistería. En esta constante reinvención, también se lanzó al ámbito audiovisual y recientemente estrenó una serie en YouTube sobre sus días de aislamiento.

“Trabajo con muchos soportes, voy mutando. El arte contemporáneo impide que nos centremos en una sola dinámica. En varias oportunidades, dentro de un mismo producto, se articulan diversas bases”, reflexionó y amplió: “Uno debe ir aggiornándose”. 

Esta premisa que sobrevuela su actividad tomó más fuerza que nunca en la pandemia, cuando no le quedó más opción que sumergirse en nuevas maneras de crear, difundir y enseñar. Y es que su tarea no se limita solo a la producción artística. Aprendiz incansable con un vasto recorrido académico, hoy cursa un posgrado al tiempo que se desempeña como profesora en la Facultad de Artes y en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba y es miembro de un equipo de investigación de la Universidad Católica.

Así, la cordobesa que eligió Río Ceballos como hogar, alterna sus días entre la inspiración que le ofrecen las sierras y su mundo laboral, concentrado en la capital. Entre los proyectos que sostiene en la región, se destaca “Cuando el río suena”, un evento que María organiza todos los años para conmemorar la gran inundación que asoló Sierras Chicas el 15 de febrero de 2015 (15F).

Confinamiento introspectivo


Para Castillo, quien ama el arte desde que tiene “uso de razón”, la obra debe ir unida al compromiso social. Bajo esa consigna, la artista busca generar conciencia y acompañar en numerosas causas. “El arte para mí es todo. Respirar, abrir los ojos, pensar, crear, bajar la información a la tierra. Es mi vida entera”, aseguró. La incertidumbre que provocó la pandemia devino en una oportunidad inédita en este sentido. 


Corrían días difíciles para ella a nivel personal. La pérdida de un familiar y un accidente doméstico que afectó su pierna, en medio de una crisis sanitaria mundial, obligaron a María a pausar todas sus actividades y reencontrarse consigo misma. “Cuando transcurrieron tres semanas de cuarentena me di cuenta que solo las había pasado curando mis heridas emocionales y físicas. En ese momento, decidí que tenía que hacer algo”, recordó.

En medio de una profunda introspección, se propuso inmortalizar el momento “histórico” que la sociedad atravesaba. De esta manera, fue tejiendo un texto que intentaba resumir la vivencia del encierro. “¿Irrumpir en lo público a través de imágenes rompe mi espacio íntimo? O tan solo es el contacto de quien transita esta pandemia sola, la que fue modificando mis límites…”, aventuraban sus palabras.

Más tarde, Castillo sintió la necesidad de plasmar esas reflexiones en un material que genere identificación. Así nació “Confinada – Aislada – Sola”, la serie que estrenó a fines de marzo en YouTube. “Pensé que la mejor manera de visibilizar la pandemia para quien está solo era mediante un video, así que fui tomando imágenes que iban marcando ese tiempo encerrada”, explicó.

Convirtiendo la debilidad en fortaleza, María se subió a la ola de la expansión digital y su trabajo ganó un alcance inimaginable para ella meses atrás. Entusiasmada, contó que pudo trascender las fronteras y enviar obras a varios países del globo, entre ellos Indonesia y España. 

Asimismo, subrayó la relación entre colegas que se fortaleció a raíz de las complejas circunstancias. “Hubo una generosidad que se convirtió en motor”, remarcó en esta línea y valoró la labor mancomunada para difundir las producciones de cada uno.

Rescatar la memoria


Genealogía, historia y naturaleza son los pilares sobre los que versa el trabajo de Castillo. En este 2021, su perspectiva continúa a través de propuestas clásicas y otros más novedosas. Entre las primeras, “Cuando el río suena” tuvo su edición en febrero, mediante una convocatoria virtual que invitó a la comunidad de Sierras Chicas a compartir dibujos, collages, fotomontajes o grabados alusivos al 15F.

La presentación de lo recopilado será a mediados de año, aunque ya desde mayo se lanzará una nueva invitación para formar parte de la entrega 2022. Castillo confesó que su gran sueño es inaugurar un museo en Río Ceballos que albergue todas las obras vinculadas al 15F que se gestan desde el primer aniversario de la inundación. “Es algo que ahora tengo bajo mi ala, pero que pertenece a todos”, subrayó.

A su vez, junto a Celeste Sánchez Goldar, integrante de Tica Hen, planean exponer el libro “Bien de pueblo”, un homenaje al fallecido periodista Guillermo Lehmann, también vecino de Río Ceballos e íntimo amigo de María.

Por último, aunque su mirada siempre está puesta en las sierras que la cobijaron desde su infancia, la multifacética artista no se olvida de su ciudad natal, Elena, ubicada en el Departamento Río Cuarto. “Quiero hacer un mapeo sobre ese espacio físico, para rescatar la naturaleza y preservarla”, anticipó Castillo, añadiendo que también anhela enfocarse en la fotografía, con la idea resignificar el pueblo a través del retrato de vecinos.

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