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Alcohol y jóvenes: de los mitos al “¿sabías qué?”

Según estadísticas provinciales, son cada vez más los jóvenes que inician el consumo de bebidas alcohólicas a edades tempanas, muchas veces impulsados por falsas creencias sociales. Ricardo Pautassi, investigador especializado en el tema, dialogó con El Milenio sobre cómo afectan las percepciones erróneas sobre esta problemática al consumo verdadero que sucede en los hogares.

Un estudio realizado en mayo de 2020 por parte del Conicet reveló que, durante la etapa más estricta de la cuarentena, el consumo de alcohol entre jóvenes y adultos creció significativamente con respecto al mismo periodo del año anterior.

Según datos recogidos por el Instituto Gino Germani, el aislamiento social, preventivo y obligatorio indujo “una suerte de presente continuo” que se tradujo no solo en una indiferenciación entre jornadas laborales y momentos de descanso, sino también en un aumento considerable del consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas.

“La ingesta de bebidas que antes se daba durante los fines de semana y principalmente a la noche, se empezó a trasladar hacia los días de semana y las horas de la tarde”, confirmó Ricardo Pautassi, quien, junto a otros integrantes del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la UNC, el Instituto Ferreyra y el Conicet, realizó un estudio sobre cómo se modificó el consumo de sustancias durante el aislamiento.

Así, la investigación reveló que, si antes de la cuarentena el 70,5% de los encuestados afirmaba consumir alcohol un sábado y apenas un 10,4% un lunes, durante el aislamiento ese consumo bajó a un 58% el sábado para trasladarse el lunes a un 21,5%. 

Para Pautassi, doctor en Ciencias Biológicas y licenciado en Psicología especializado en neurociencia, esta “deslocalización” de la ingesta de alcohol puede representar un temprano signo de transición hacia un consumo problemático. 

La cuestión se vuelve más sensible cuando se habla de jóvenes y adolescentes, sujetos en los que el Dr. Pautassi concentra su investigación, buscando determinar aquellos factores de vulnerabilidad y sensibilidades ontogenéticas que promueven el consumo de alcohol en este grupo etario. 

De los mitos a la realidad


Dentro de la sociedad existen diferentes “mitos” o creencias colectivas que influyen en las decisiones de cada persona. En el caso de los adolescentes y el alcohol, uno de los mitos más populares es aquel que considera que las “previas” realizadas en el hogar ayudan a que los jóvenes no tengan necesidad de consumir más alcohol en el transcurso de la noche.

“Yo puedo entender que los padres piensen que es mejor que su hijo/a consuma alcohol en casa, un lugar seguro donde pueden ver si le pasa algo. Pues bien, los datos que hemos recabado indican que   los adolescentes que consumen alcohol en casa antes de salir, terminan ingiriendo mucho más alcohol en total que aquellos que también toman, pero no hacen previa”, advirtió Pautassi.

De esta forma, lejos de ser una herramienta de protección, las previas terminan convirtiéndose en un factor de vulnerabilidad. “Es como si le dieras una oportunidad más para consumir alcohol”, sintetizó el investigador y señaló que “los padres deberían buscar otras alternativas que efectivamente reduzcan este consumo”.

Otro mito importante se refiere a los “sorbos o traguitos” que muchas veces los adultos ofrecen a los niños en la mesa familiar durante fiestas o eventos sociales, bajo la idea de que los están introduciendo a la bebida en un ambiente seguro, para que, cuando salgan a la sociedad, “lo hagan de manera más controlada”.

“Pues los datos no indican eso”, expresó Pautassi, “al contrario, cuanto más temprano se comienza a consumir alcohol (y no necesariamente un vaso entero), más probable es que se escale hacia un consumo problemático”.

Como explicó el profesional, esto se debe en parte al “fenómeno de modelado”. “Uno aprende cuáles son las costumbres aceptadas a partir de quién lo hace y si uno ve o activamente recibe bebidas alcohólicas en la mesa familiar por parte de un adulto, todo eso comienza formar parte de nuestros modelos de consumo de alimentos o de costumbres”, expresó el investigador de la UNC.

“Pensamos que nuestros familiares y amigos aprueban mucho más ciertas conductas (por ejemplo, emborracharse) de lo que realmente lo hacen. Ese sesgo cognitivo actúa como factor de vulnerabilidad”

Del “no” al “¿sabías qué?”


Otro punto sensible con respecto a esta temática tiene que ver con las campañas de prevención orientadas a los jóvenes, muchas de las cuales simplifican la problemática del alcoholismo, son demasiado genéricas y/o adoptan una postura basada en la negación, cuya efectividad resulta cuestionable.

Tal es el caso de algunas campañas estadounidenses, como Dare o Say No to Drugs, donde se producía una asociación entre el alcohol y drogas “más pesadas”, disminuyendo la percepción de riesgo hacia estas últimas. “Son campañas generales que hacen énfasis en la capacidad de resistir la tentación, basándose en términos morales”, señaló Pautassi.

Por este motivo, el especialista decidió cambiar el enfoque y, junto a la la Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones de Córdoba, lanzó a fines de 2019 el proyecto “¿Sabías qué?”, un novedoso programa basado en normas sociales que busca romper los “sesgos cognitivos” de los jóvenes con respecto al alcohol.

“Casi siempre uno cree que la conducta problemática en cuestión es más común de lo que en realidad es. Tendemos a considerar que nuestros familiares y amigos aprueban mucho más ciertas acciones (por ejemplo, emborracharse) de lo que realmente lo hacen. Así, es probable que beba para adaptar mi conducta a lo que yo creo que es la norma de mis grupos sociales”, explicó Pautassi.

En este sentido, el programa apunta a decir “¿Sabías que no es así? No todos tus amigos se emborrachan y posiblemente la gran mayoría desaprueba emborracharse un sábado cualquiera”, continuó el investigador. “La idea es disminuir ese sesgo cognitivo que actúa como un factor de vulnerabilidad haciendo que la gente sea más propensa a beber alcohol”, indicó Pautassi. De esa forma, el joven podrá sentirse más seguro y menos discriminado socialmente a la hora de rechazar un consumo excesivo.

Acerca de Carlos Romero

Periodista y docente de Periódico El Milenio y elmilenio.info. Jefe de pasantías web Fundación Josefina Valli de Risso.

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