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Cultura Edición impresa

Bitácora de una aventura

En 2019, Melina Alzogaray se lanzó a recorrer varios países del sudeste asiático buscando reconectar consigo misma. A su regreso, decidió plasmar las experiencias de aquel viaje en un libro de crónicas ilustradas, fraguando un estilo desestructurado y, al mismo tiempo, poético. Así nació “El pájaro detrás del pájaro”, primera obra publicada por Fruto de Dragón, una nueva editorial gestada en el corazón de Sierras Chicas durante la pandemia.

Por Carlos Romero y Lucía Argüello.


Colaboración:

Santiago Gómez Coppede y Amparo Calzona.

4to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio.

Abril Defilippo y Nicolás Bono.

4to Año, Instituto Milenio Villa Allende.


Las palabras, columna vertebral de cualquier escrito, generan un vínculo especial entre quien las plasma en el papel (o en la pantalla) y quien las lee después. Esa conexión invisible y casi mágica que ofrece la literatura, permite que los sentimientos y vivencias capturados en un momento particular puedan ser transmitidos y valorados por otras personas en cualquier espacio-tiempo.

Ese es uno de los aprendizajes que la escritora y vecina de Mendiolaza Melina Alzogaray se llevó de su último viaje por el sudeste asiático el año pasado. Para ella, el deseo de plasmar las emociones y reflexiones suscitadas por la travesía fue algo casi inevitable. “Siento como un vértigo cuando estoy de viaje, me urge la necesidad de ponerlo en palabras para terminar de entender lo que estoy viviendo”, confiesa la autora de “El pájaro detrás del pájaro”.

“La escritura siempre fue también una forma de vincularse con la gente que quedaba acá en Córdoba y contarles lo que yo iba viendo y descubriendo”, añade la artista nacida en México, pero criada en Argentina. Con amigos dispersos alrededor del mundo, las cartas fueron para ella uno de los primeros ejercicios de escritura, junto con aquellos poemas que les dedicaba en la infancia “a los chicos que le gustaban”.

Hija de padres historiadores, Melina creció rodeada de literatura. “El estar tan cerca de los libros hace que, además de leerlos, te den ganas de escribirlos. Fue algo muy natural para mí”, recuerda con añoranza, mientras valora el poder creativo de la palabra: “Me parece que cuando uno escribe puede inventar mundos. Imaginás cosas que, de alguna forma, se hacen realidad cuando las expresás en la hoja, como un juego”.

Viverista, artista, escritora y viajera, Melina se define como “una buscadora de aventuras y experiencias”. Estudió Licenciatura en Historia y se dedicó diez años a reconstruir la memoria oral de diversas comunidades. No sólo mantuvo contacto con sus raíces aztecas, sino que también vivió varios años en España, donde empezó a gestarse su gusto por viajar.

Travesía singular

Licenciada en Historia, dibujante y escritora, actualmente Alzogaray gestiona un vivero y espacio cultural en Mendiolaza. Foto gentileza Lali Zanotti.

“El mundo es muy vasto y nosotros solo somos un granito de arena dentro de él. Cuando uno viaja se encuentra con esa inmensidad que supone el universo”, comienza explicando Alzogaray al hablar sobre su experiencia en los remotos países del sudeste asiático, “el otro lado del mundo”.

“Descubrís formas nuevas de cocinar, de bailar, de trabajar, de hacer amigos y hasta de enamorarte. Aunque no hace falta irse del país para viajar, podés hacerlo dentro de tu mismo barrio, si te permitís observar y disfrutar cada cosa que te rodea como un milagro”, sostiene la artista.

En cierta manera, esta reflexión se conecta con su forma de ver la poesía, un componente clave de su obra. “Creo que lo poético es aquello que logra nombrar algo por primera vez, eso que intuías o sentías, pero no sabías cómo expresar”, enuncia la escritora.

“Estoy por cumplir 41 años y lo que tengo para decir no es lo mismo que decía a los 20 o a los 30. Siento que he madurado en algunos aspectos de mi vida. Este libro es el producto de un viaje que hice sola, muy conectada conmigo misma. Es el producto de un momento de mi historia mucho más calmado y eso se nota en la forma de escribir, en los dibujos y en las fotos que contiene”, añade.

“El mundo es muy vasto y nosotros solo somos un granito de arena dentro de él. Cuando uno viaja se encuentra con esa inmensidad que supone el universo y descubre nuevas formas de cocinar, bailar, trabajar, hacer amigos y hasta enamorarse”.

El vuelo del pájaro

El libro incluye ilustraciones de la propia autora y puede conseguirse en Fábrica de Plantas (Av. Tissera 4301, Mendiolaza) o en La Librería (Juan A. Lavalleja 35, Córdoba). Foto gentileza Fruto de Dragón.

Decidida a llevar su aventura al papel, Melina se encontró con Agustina Merro, una amiga que estaba trabajando en el lanzamiento de un proyecto muy particular: Fruto de Dragón, una editorial gestada íntegramente en Mendiolaza en plena pandemia, cuyo objetivo es “captar el latido de las ciudades y las múltiples formas de habitar poéticamente los espacios”.

Mensajes de WhatsApp, poemas, un collage de fotos y varios borradores fueron dando forma a este primer proyecto literario basado en los viajes de Melina por Tailandia, Myanmar y Turquía. Así nació “El pájaro detrás del pájaro”, un libro que combina crónicas, poesía e ilustraciones en una bitácora de viajes con un estilo personal que trasciende las estructuras tradicionales de las grandes editoriales.

“Lo que tienen las firmas independientes es que les dan a los escritores e ilustradores la libertad de expresarse como quieran, sin andar formateando tanto su manera de comunicar”, apunta la autora al explicar el porqué de su decisión.

La obra puede adquirirse en Fábrica de Plantas, un vivero y espacio cultural administrado por la propia Melina en El Talar de Mendiolaza. “Es el vivero de una persona como yo, que estoy muy vinculada al arte desde siempre. Probablemente una persona que no lo estuviese, no hubiera armado un vivero donde se realicen talleres de dibujo botánico, de cuadros vivos, de huerta o de música”, sonríe la viverista, escritora y dibujante.

“La naturaleza me enseña que puedo integrar en mi vida todo lo que me gusta, que no tengo que elegir entre una cosa u otra”, reflexiona Melina y pone el acento en su permanente deseo de trabajar en equipo y generar puentes entre las personas.

En este punto, también rescata el gran potencial de Sierras Chicas para convertirse en un gran polo cultural del interior del país. “Creo que están surgiendo muchos espacios nuevos y me parece que es importante seguir fomentándolos, que tampoco se crea que toda la vida artística y cultural de Córdoba tiene que estar en su capital”, afirma la autora con convicción.

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