Martín Breccia es el autor de los nuevos murales que luce la Terminal de Unquillo. Desde sus cuatro columnas, los rostros de Carlos Alonso, Lino Spilimbergo, Guido Buffo y Leonor Allende contemplan a quienes circulan por el remodelado espacio. Vecino de Sierras Chicas, pero oriundo de Puerto Madryn, el artista contó cómo se enfrentó a este desafío de siete metros de altura.

Colaboración:

Emeli Arenas

4to Año. Instituto Milenio Villa Allende

Victoria Greco y Valentina Oliva

4to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio

Lucía Argüello 


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Unquillo cuenta con varios murales dispersos por sus calles, algunos escondidos barrio adentro y otros a plena vista en el centro, pero su icónica Terminal de Ómnibus aún no gozaba de ninguno. En el marco de las obras de puesta en valor encaradas por el municipio, Martín Breccia se lanzó al desafío de pintar las columnas, que ahora lucen los rostros de emblemáticas figuras de la ciudad.

Al principio parecía una locura, ya que el soporte es hueco en dos de cinco partes y no permite el desarrollo de una continuidad visual, pero era tan osada la idea que me propuse lograrlo. Me gusta mucho encarar cualquier desafío artístico y siempre aprendo con cada nuevo trabajo”, afirmó el artista oriundo de Puerto Madryn, pero actual vecino de Unquillo.

La fluidez domina la elección de sus temáticas, aunque el eje de sus obras está en el rostro y la figura humana. Licenciado en Pintura egresado de la UNC, Breccia se define a partir de múltiples facetas (artista plástico, muralista, dibujante, pintor, docente) aunque, “en esencia”, se considera a sí mismo un retratista. En este sentido, el estilo artístico con el que más se identifica es el realismo impresionista, siendo “Balseros” la serie de obras que mejor lo refleja.

De la herencia familiar al camino propio


Amante de los retratos, Martín suele realizarlos en vivo y ya lleva más de cuatro mil obras de ese tipo. Foto E. Parrau/El Milenio.


Como suele suceder, el arte le llegó casi como un legado en una familia plagada de dibujantes, pintores e ilustradores de renombre. Su tío abuelo, Alberto Breccia, fue uno de los dibujantes más revolucionarios de la historieta argentina y un maestro indiscutido del cómic mundial.

El Viejo”, como lo apodaban, se convirtió en un ícono que desparramó su influencia sobre el resto de la familia y llegó hasta al padre de Martín, que incluso se llama Alberto en su honor. “Para mí fue normal crecer junto a un padre cuyo trabajo era el dibujo y la pintura. Mi viejo pertenece a la ‘vieja escuela’ de ilustradores y es un gran artista”, destacó.

Así, desde niño, Martín comenzó a participar en concursos y encuentros de artistas, estudió y se acostumbró a observar y aprender en un constante proceso autodidacta. En su juventud, despertó una pasión intensa por el retrato. “Siempre me gustó retratar personas y lo hago ‘en vivo’ desde los 17 años. Estuve en ferias de Carlos Paz y Río Ceballos, ya llevo más de cuatro mil retratos realizados y siempre es una hermosa sorpresa cruzarme con alguien que me muestra uno que hice hace 10 o 25 años”, contó el artista.

Desde chico tuve en claro lo que quería ser y siempre me desesperé por crecer”, confesó Breccia.  A los 18 empezó a dar cursos en Córdoba y a exponer en diversas galerías, como Cerrito y Fusión. Paralelamente, se dedicó a dictar talleres particulares de dibujo y pintura, actividad que viene sosteniendo hace 22 años.

Cuenta con murales icónicos en diferentes espacios cordobeses, como el famoso bar Pétalos de Sol, y también ha intervenido artísticamente las paredes de Güemes, París Bar, Mirando al Cielo y Galería del Ángel. Además, sus obras están expuestas de manera permanente en el restaurante Cantina de Papaíto (Mendiolaza) y en el estudio jurídico Murúa y Asociados (Cerro de las Rosas).

Desde lejos no se ve


“La escala hace la diferencia. Es a través de la mancha (y no del detalle, como ocurre en un cuadro) que se logra la impresión realista. El mural es, en esencia, una ilusión que completa el espectador”. Foto E. Parrau/El Milenio.


Convocado por el Ingeniero Alan Bassi, secretario de Obras Públicas y Privadas de la Municipalidad de Unquillo, Martín Breccia aceptó la propuesta de intervenir artísticamente la terminal. Las obras habían comenzado antes que se decretara el aislamiento y continuaron durante la cuarentena. Entre otras tareas, se recuperó el techo metálico, se creó una Oficina de Turismo y se refuncionalizaron espacios como el bar, que contará con una nueva propuesta gastronómica.

Me siento privilegiado por la libertad que tuve para trabajar y crear”, dijo Breccia sobre su relación con el municipio. Su meta consistió en plasmar los rostros de cuatro grandes referentes de la cultura unquillense: Carlos Alonso, Lino Enea Spilimbergo, Guido Buffo y su esposa, Leonor Allende. Además, detrás de cada columna, Martín reprodujo algunas de las obras más icónicas de cada uno de los artistas retratados.

Soy estucador y hago restauración de paredes con mantenimiento de murales. El realismo y la destreza técnica, así como la adaptación y la capacidad de resolver problemas de pinturas en gran escala, me han abierto muchas puertas”, indicó Breccia. En el nuevo mural que luce Unquillo, el artista aplicó una mezcla con Klaucol blanco para “lograr variedad tonal y resistencia símil piedra”.


Foto E. Parrau/El Milenio.


En cuanto al aspecto cromático, el pintor reconoció que “la elección de colores es fundamental para generar ‘climas’ y adaptar la escena a su entorno”. “Si bien, entre lo que uno quiere controlar y lo que internamente surge se da un promedio, se puede conducir una idea tonal para que la obra, en su conjunto, cumpla una función visual determinada”, comentó.

Al nivel técnico, Breccia explicó que el detalle es el gran enemigo de los murales, a diferencia de los cuadros, donde predomina la prolijidad en la lectura de la obra. “La escala hace la diferencia. Hay que acostumbrar al ojo a imaginar las escenas vistas de lejos, ya que el detalle se pierde en la distancia. Es a través de la mancha que logramos la impresión realista. El mural, en esencia, es una ilusión que completa el espectador”, sostuvo.

Dibujando a pincel, con medidas mentales y una cuadrícula hecha a ojo, utilizando el extensor antes que la escalera para alcanzar la altura máxima, Breccia adaptó su expresión al entorno con rapidez, desafiando lo imprevisto. “El ‘plan’ se diluye hasta que sólo queda el adaptarse a cada paso, mi única seguridad es confiar en mi capacidad y experiencia”, señaló. “Creo que no tiene sentido hacer nada desde una postura cómoda. Lo difícil y complicado alimenta mis ganas de seguir”, concluyó el artista.


Fotos E. Parrau/El Milenio.