Se trata de evento que comenzó como una juntada familiar y terminó convirtiéndose en un acontecimiento cultural gastronómico unquillense. Este año, lamentablemente por la situación de pandemia no pudo llevarse a cabo, pero están puestas todas las energías para que el próximo 2021, sí sea posible.

Por Andrés Chavarini y Franco Solis

4to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio


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Cada 1 de mayo, Daniel Gjurkan y un grupo de amigos llamados “Los Guardianes del Locro”, organizan un encuentro popular donde se reúnen, desde hace 16 años, amigos y amigas para compartir una comida tradicional, junto a la música y a la danza, pero sobre todo para disfrutar el poder encontrarse para celebrar juntos.

El Milenio: ¿Cuándo comenzó esta idea y cuál fue el motivo?

Daniel Gjurkan: Todo empezó cuando me propuse hacer un locro para la familia, amigos y amigas cercanos; allá en el 2004, nos encontramos al mediodía. Luego de comer, se armó la guitarreada y hasta el baile. La noche nos encontró de ese modo, por lo que volvimos a encender el fuego para calentar la olla.

Al año siguiente, algunas de las personas que allí estuvieron me preguntaron si se iba a repetir la jornada locrera. Hablamos con Laura, mi esposa, y decidimos convocar nuevamente. Esta vez, aquellos concurrentes ampliaron la invitación a sus amigos con la intención de renovar y compartir la vivencia de la jornada del año anterior. Fue un día lleno de alegría, amor y encuentro, bailamos, reímos, nos abrazamos.

El locro nos llenó la panza y la música el alma. Años tras año, esa energía de la primera llama se fue expandiendo junto con el número de amigos que invitaban a los suyos, conformándose una gran red de boca en boca y así ampliándose el número de participantes del encuentro.

De quince personas en la primera juntada a 3000 aproximadamente en el último locro, en 2019.



EM: ¿Dónde lo realiza y en qué horario?

DG: Lo hacemos en el patio de nuestra casa, en Unquillo. Vivimos en una zona de un frondoso monte nativo con una vista privilegiada a las Sierras Chicas.

A partir de las 11 horas comienza a llegar la gente, con sus banquitos, reposeras o mantas y la canasta con utensilios para pasar el día. La jornada se extiende hasta la caída del sol, que se esconde detrás de las sierras, siendo parte de la escenografía natural.

EM: ¿Cómo consigue los recursos necesarios?

DG: En ese primer locro, uno de los invitados manifestó su deseo de colaborar económicamente con los gastos que yo había tenido, por lo que tomó la iniciativa de pasar una olla que funcionó como alcancía o “gorra”. Así, se solventaron los costos de la comida. Con el correr del tiempo y al crecer tanto el encuentro, implementamos ese modo de aporte voluntario y consciente, para solventar los gastos que ya no solo eran del alimento, sino de infraestructura. Esto hace posible la realización del locro del año venidero.

No se cobra una entrada para participar del encuentro y desde un principio hemos decidido que dentro del predio no se venda nada, es decir, que no haya espacio para el lucro. La idea es que la gente traiga lo que vaya a consumir.

EM: ¿De qué lugares viene la gente?

DG: Vienen personas de todos lados, es una fiesta que convoca a muchísima gente del pueblo, pero también de otras localidades, provincias y hasta eventuales turistas extranjeros.


“El locro nos llenó la panza y la música el alma”.


EM: ¿Quiénes son los artistas que acompañan su propuesta?

DG: Tratando de conservar las lógicas de la improvisación musical que se dio en un principio, la propuesta del escenario es abierta. La idea es que quien quiera tocar se anote ese mismo día, y vayan subiendo y con ellos sus diversas actuaciones. Han participado y participan en cada encuentro mucha diversidad de artistas, músicos de la zona y de otros horizontes, hasta reconocidos.

EM: ¿Cómo se logra el ambiente placentero que los asistentes comentan?

DG: Creo que se logra por varias cuestiones y lo hemos charlado muchas veces con “Los y las Guardianes del Locro”, ya que nos llama mucho la atención.

Primero que nada, creemos que quienes asisten al locro, ya vienen con una predisposición a pasarla bien y a compartir. 

Después, como al locro mismo, se le van sumando algunos condimentos que hace que se potencie esa predisposición, y que el encuentro sea placentero y armonioso para quienes asisten. Algunos de esos condimentos son:

-El paisaje y la postal al ingresar al patio genera en la gente una fascinación enorme.

-Otra cuestión es la gran preparación y trabajo de días previos que llevamos adelante “Los Guardianes del Locro”, donde se ordena y decora el patio con mucho amor.

-La puesta en escena de la cocina, conformada por el fuego, el humo, las grandes ollas, los cocineros con sus delantales, y la alegría de quienes están trabajando.

-El ambiente familiar y la diversidad de personas que asisten.

-Las rondas de danza colectiva y compartida que reinan en el centro del patio y giran al compás de la música, tejen lazos y transmiten las energías de ambiente de felicidad y celebración.



EM: ¿Cuenta con un equipo de ayudantes?

DG: Hace muchos años ya se fueron acercando amigos y amigas para colaborar en las jornadas previas de trabajo, y con el crecimiento del encuentro, se fue conformando un equipo sólido y la creación de un colectivo que recibe el nombre de “Los Guardianes del Locro”. Somos un grupo de 50 personas aproximadamente.

EM: ¿Cuál es el destino de los fondos recaudados?

DG: Los fondos recaudados en cada locro a través del sistema de aporte voluntario consciente que se hace es para solventar los gastos invertidos en la movida.

EM: Teniendo en cuenta la situación de la pandemia. ¿Qué sucedió con la jornada este año?

DG: Este año lamentablemente por la situación de pandemia no pudimos realizarlo. Lo que estamos viviendo mundialmente nos hace reflexionar y querer redoblar la apuesta.

EM: ¿Lo realizaría en otra fecha importante más adelante?

DG: Nuestra intención es realizarlo el 1 de mayo del año que viene.