29 mayo, 2026

El Milenio

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Malvinas en primera persona: Una guerra que el tiempo no pudo silenciar

A través de los testimonios del documental “Malvinas - El palpitar de una guerra”, una producción de Audiovisuales Milenio, veteranos y familiares reconstruyen el doloroso regreso de las islas y la lucha contra la indiferencia de una sociedad que, durante décadas, eligió el olvido y el prejuicio por sobre el reconocimiento.

A más de cuatro décadas del conflicto del Atlántico Sur, la memoria colectiva se reactiva a través del testimonio directo. Basado en el documental “Malvinas – El palpitar de una guerra”, producido por Audiovisuales Milenio, la Fundación Josefina Valli de Risso y el Centro de Veteranos de Villa Allende, este relato reconstruye el rompecabezas de una guerra que comenzó con euforia, se vivió entre el frío extremo y terminó en un regreso marcado por la indiferencia.

El llamado del destino

Para Daniel García, la guerra comenzó con una llamada telefónica desde Comodoro Rivadavia. Tenía 62 años al momento del testimonio, pero en 1982 era solo un joven cumpliendo el servicio militar en el Regimiento de Infantería 8. “Mi papá me preguntó y yo le dije que sí, que sí íbamos a Malvinas”, recuerda.

La partida estuvo envuelta en una extraña mezcla de adrenalina. Andrés Guillermo Kenig describe abrazos y euforia: “Sabíamos que teníamos que cruzar”. Sin embargo, en los hogares, el sentimiento era opuesto. Mercedes Victoria López de Rey, madre de un veterano fallecido tras la guerra, relata el inicio de su calvario: “Recibo la primera carta donde él me dice que estaba recibiendo una instrucción muy cruel”. Mercedes, como muchos, pensó que el conflicto sería con Chile. El 2 de abril, en una panadería, la noticia la golpeó: “¡Nos enteramos, tomamos Malvinas!”, gritaban las mujeres. Ella solo pudo llorar. Su hijo cruzó el 3 de abril.

En el momento de la partida, un padre sostiene a su hijo menor mientras despide al mayor, que emprende viaje hacia las Islas Malvinas. La escena condensa el dolor del adiós, la preocupación familiar y la incertidumbre frente a un destino desconocido. (Foto: Juan Sandoval)

El estruendo de la realidad: 1 de mayo

Durante semanas, muchos soldados no terminaban de comprender la magnitud de su situación. No fue hasta el 1 de mayo que el concepto de “instrucción» se evaporó bajo el fuego. “Hasta el primero de mayo no sabíamos que era una guerra”, afirma García. Los bombardeos de los Sea Harriers sobre la pista de aterrizaje marcaron el bautismo de fuego.

Jorge Mira, suboficial retirado de la Fuerza Aérea, recuerda el horror de aquel día: “Muchos de nuestros compañeros quedaron ahí, entre ellos mi primo hermano”. El peligro era constante y caprichoso. El capitán retirado Carlos Alberto Chanampa relata cómo una tormenta le salvó la vida: intentó trasladarse al buque Isla de los Estados para llegar más rápido a Puerto Argentino, pero el clima se lo impidió. El buque fue hundido poco después; solo dos personas sobrevivieron.

Sentados sobre el pasto, en medio del frío y la espera, los soldados leen los diarios en busca de señales sobre el rumbo de la guerra. En sus rostros se adivinan la tensión, la expectativa y la incertidumbre ante lo que vendrá. (Foto: Román von Eckstein)

El regreso: El hambre y la “amnesia” social

Portada del diario Clarín. 20 de junio de 1982.

Si la guerra fue dura, el regreso fue, para muchos, una herida abierta que tardó años en cicatrizar. Kenig narra su llegada a Córdoba en un colectivo de línea, vestido aún con su campera de abrigo militar. “Subí al 119 y ahí venía mi hermana. No se animó a darme un abrazo, me vio muy flaco… bajó y salió corriendo a avisar a casa que llegaba yo”.

Ese reencuentro familiar contrastó con la respuesta de una sociedad que prefirió mirar hacia otro lado. Los veteranos denuncian una “amnesia de posguerra”. “Estábamos estigmatizados. Tuve que decir: soy veterano pero no estoy loco”, lamenta Mira. Para Martín Salvador Sergio, el reconocimiento sigue siendo insuficiente, tanto en salud como en el trato cotidiano en la calle.

Legado y hermandad

A pesar del dolor, el sentimiento de orgullo prevalece. Para estos hombres, el “malvinizar» es una misión de vida. “Somos la historia viva”, dice Sergio, contrastándola con los próceres de los libros que ya no pueden hablar.

El cierre del documental es un llamado a la unidad y a valorar lo simple: la familia, los amigos y la paz. Chanampa, con la voz firme, concluye: “Los argentinos tienen que aprender que este país tiene que arrancar, tenemos que dejar las divisiones… y pensar en la Argentina”.


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