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Por Antonella Monguzzi y Valentina Solís

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio


Como es sabido, en muchos centros de salud los suministros y elementos para hacer frente al SARS-CoV-2 se agotan rápidamente. Gerardo Bogni notó que en el hospital donde su esposa se desempeña como médica, el personal estaba muy expuesto a contraer el virus, por no contar con la protección necesaria.

Así, decidió trasladarse del campo de la industria y la agroindustria, donde habitualmente trabaja como ingeniero en sistemas, al campo de la salud, y empezar a producir máscaras reutilizables con tecnología 3D.

En un principio, buscaba proveer desinteresadamente al equipo de su esposa, pero gracias a la colaboración de la comunidad (que aportó haciendo donaciones) y el entusiasmo de sus camaradas (Fabián Monguzzi, Facundo Olmedo y Tomás Canepa), el alcance del proyecto se amplió a todos los trabajadores de la salud que lo requieran.


El soporte de las vinchas se produce con una impresora 3D y el plástico protector puede ser fabricado con acetato, PET o placas radiográficas desteñidas.


El Milenio: ¿En qué se diferencian estos protectores de los barbijos que se consiguen en el mercado?

Gerardo Bogni: La diferencia más marcada es que cubren toda la cara (ojos, nariz y boca). Este modelo se venía usando en Europa y se considera que es lo más efectivo a nivel de protección. La utilización de esta máscara no quiere decir que no se deba usar barbijo, es más, el mismo se utiliza debajo del protector.

Otra diferencia es que estos elementos se pueden reutilizar. Ante una eventual rotura o mancha, se puede cambiar y renovar el plástico cobertor, sin necesidad de tirar la vincha. En cambio, el barbijo solo se puede usar unas horas y luego hay que descartarlo.

EM: ¿Quiénes participan en este proceso?

GB: Somos cuatro integrantes, principalmente. Apenas empecé, se sumaron unos amigos que estaban interesados en el proyecto: Fabián Monguzzi es quien se encarga de lavar las placas radiográficas, desteñirlas, cortarlas y perforarlas, Tomás Canepa junta las donaciones que nos hicieron para lograr imprimir esas vinchas, y Facundo Olmedo y yo estamos a cargo de imprimir los soportes para los protectores.

EM: ¿Qué se necesita para la confección de estas mascarillas?

GB: Todos los materiales que se utilizan para la producción de estos protectores vienen de donaciones. Primero se necesita PLA (ácido poli-láctico), un polímero que se usa para la impresión 3D de la vincha. Una vez confeccionada, pueden utilizarse tres tipos de protección.

Lo más económico son las placas radiográficas, las cuales se lavan con agua y lavandina, se cortan en una medida ya determinada, se perforan y se instalan. La desventaja es que les queda un color liliáceo o azulado que, si bien permite ver a través, distorsiona un poco.

También se puede utilizar acetato, que es mucho más transparente y es bastante maleable a la hora de trabajarlo. Por último, se puede usar el plástico PET, que es similar al acetato, pero con mayor cuerpo y aún más transparencia.

EM: ¿Cuáles son las medidas de higiene que toman al fabricarlas?

GB: En todo el proceso de producción del protector procuramos mantener las condiciones de bioseguridad. Como el material es donado y desconocemos su procedencia, sobre todo las placas, remojamos todo en agua con lavandina. En el caso de los rollos de PLA, vienen con un envoltorio cerrado al vacío, lo cual facilita la tarea de sumergirlo cerrado en un balde con lavandina, para eliminar cualquier agente patógeno que pudiera tener.

Durante el proceso (que se va desarrollando en distintas casas, ya que no podemos unificar el espacio de trabajo, lógicamente), cada vez que se termina una parte del producto, se lo rocía con una solución de agua y alcohol o agua y cloro. Una vez que está terminado, sale en una bolsa que se rocía por dentro y por fuera con la misma solución.


Los protectores son fabricados con donaciones y se destinan exclusivamente al personal sanitario, de forma gratuita.


EM: ¿Cuántas máscaras pueden producir por día?

GB: Veníamos trabajando con un modelo que se utiliza en España, con el cual hacíamos, usando las dos impresoras que tenemos, entre 20 y 25 vinchas por día. Pero recientemente, el Ministerio de Salud de la Nación aprobó un nuevo formato de vincha para imprimir, que demora más tiempo y consume más material, pero es mejor a nivel de seguridad, así que ahora estamos haciendo entre 10 y 12 vinchas diarias.

EM: ¿A quiénes están destinados los productos que fabrican?

GB: Inicialmente, la idea era hacer protectores para el personal de la guardia donde trabaja mi esposa, pero se consiguieron tantas donaciones, que la cantidad de vinchas que se podían imprimir eran muchísimas más de las necesarias, entonces empezamos a distribuir en todos los centros de salud que estaban a nuestro alcance.

Los protectores fueron pensados como una donación y ese fue el concepto que se mantuvo y se mantiene en todo el proceso productivo. No pretendemos comercializarlos ahora ni en un futuro, por más que sería un negocio totalmente viable en un nivel de producción más grande.

Son insumos que van destinados a los centros de salud de Córdoba, aunque si surge la necesidad, podríamos enviar a otro lugar. La única condición es que se destinen al personal sanitario, que son los más expuestos al contagio.

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