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Educación alimentaria: una forma de combatir los malos hábitos


En América Latina, Argentina lidera el ranking de obesidad infantil. Los especialistas apuntan a la educación como arma de combate y la Fundación Josefina Valli de Risso puso en marcha un programa para luchar contra este panorama.

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Frutas, jugos naturales y panificados de harina integral son algunas de las opciones del programa “Educación para una Vida Saludable” que se presentó el 5/08 en el IMVA.

Los resultados de la 4ª Encuesta Nacional sobre Factores de Riesgo (ENFR) publicados a fines de 2018 arrojaron datos poco favorables sobre los hábitos alimenticios de los argentinos, mostrando un significativo aumento de la obesidad y el sobrepeso, así como de las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la mala alimentación y el sedentarismo.

Los números preocupan: el 66,1% de los adultos presentaron exceso de peso y, de ellos, un 25,4% padece obesidad, evidenciándose un aumento significativo con respecto a ediciones anteriores de la encuesta.

“En realidad tenemos un alto porcentaje de obesidad en el mundo. El sobrepeso no significa que la persona esté bien nutrida, al contrario. Debemos hacer hincapié en la calidad nutricional de los alimentos y consumir los que nos proporcionen algo más que sólo calorías vacías”, explicó Andrea Pesasi, docente del Instituto Milenio Villa Allende, Médica Cirujana y Mgtr. en Dietética y Nutrición.

El exceso de peso y la mala alimentación derivan, a su vez, en otras afecciones más complejas, como la diabetes, la hipertensión, el colesterol alto, enfermedades cardiovasculares, insuficiencias renales, trastornos respiratorios, complicaciones traumatológicas y ciertos tipos de cáncer, entre otras.

“Dentro de los principales factores involucrados en el desarrollo de la obesidad, un 30% es genético, pero un 70% es ambiental. Ahí es donde uno puede actuar para cambiar el rumbo con hábitos de alimentación sanos y ejercicio físico”, continuó Pesasi.

Los más jóvenes tampoco escapan al panorama. En América Latina, Argentina lidera el ranking de obesidad infantil en niños y niñas menores de cinco años. Siguiendo los últimos datos oficiales, el sobrepeso afecta al 37% de los jóvenes de 10 a 19 años y crece a medida que aumenta la edad.

«No se trata de prohibir sino de hacer excepciones, que se tome una gaseosa en una fiesta, pero no siempre. Hay que tener una dieta variada y acompañarla con ejercicio físico”

Comida en las escuelas. Durante la presentación de la última Guía de Entornos Escolares Saludables, la directora nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles, Verónica Schoj, advirtió que el sobrepeso y la obesidad infantil en Argentina “son una epidemia que está creciendo y que hoy afecta a más de uno de cada tres niñas, niños y adolescentes”.

Schoj destacó que este preocupante fenómeno tiene gravísimas consecuencias sanitarias, pero también sociales, generando dificultades en la inserción social de los jóvenes, discriminación, bullying y reducción del rendimiento escolar.

Ante la magnitud de la problemática, Andrea Pesasi sostuvo la necesidad de un abordaje interdisciplinario e intensivo en el ámbito educativo. “La escuela puede ayudar a los padres y madres a construir nuevos hábitos. A eso apuntan las guías de la Nación, que combinan el trabajo de varias áreas gubernamentales para promover entornos escolares saludables”, manifestó la doctora.

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“Los chicos tienen que saber qué están comiendo”, afirmó Andrea Pesasi, docente, médica y especialista en nutrición.

Bajo esta premisa, Pesasi encabeza el proyecto “Educación para una Vida Saludable”, que recientemente comenzó a funcionar en las escuelas de la Fundación Josefina Valli de Risso (FJVR): Instituto Milenio Villa Allende e Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo. “Lo que se busca es concientizar a través de la enseñanza, porque para generar un hábito hay que partir del conocimiento”, indicó la especialista.

Para ella, no se trata de prohibir comidas, lo cual no es llevadero ni sostenible en el tiempo, sino de modificar pequeñas costumbres para lograr grandes cambios, sin que esto conlleve un sacrificio. “La idea es que, a partir de la educación, los niños puedan optar por aquello que les hace bien y que, en el futuro, sea una elección natural para ellos. Si a los niños se les ofrece ensalada de frutas, la van a elegir, pero se tiene que generar una predisposición a esa posibilidad», dijo la médica.

Así, el programa apunta a incentivar las buenas prácticas alimentarias a través de diversas medidas, como la habilitación de un día sano, donde la cantina escolar ofrezca frutas y agua, entre otras opciones más saludables, en lugar de galletas y gaseosas. Además, como la sana alimentación surge en el hogar y en las comidas caseras, también se brindarán charlas educativas para los padres, en tanto promotores de la creación de hábitos saludables.

La malnutrición por exceso de peso es el problema más frecuente dentro de la población infantil y adolescente. En Argentina, afecta al 37% de los jóvenes de 10 a 19 años.

El azúcar: una amenaza silenciosa. Contrariamente a lo que muchos creen, la principal causa del exceso de peso no se encuentra sólo en la cantidad de comida ingerida por día, sino también en la calidad de la misma. En este sentido, los datos oficiales revelan que los argentinos consumen un promedio de 114,3 gramos de azúcar por día, más del doble de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Las personas piensan que, si los chicos comen azúcar, atienden mejor en clases, porque es un estimulante. Pero las golosinas tienen mucho azúcar y producen alteraciones a nivel hormonal. Por eso, cuando vuelven al aula después del recreo, tienen problemas para concentrarse y perturban su comportamiento”, indicó la especialista en nutrición, derribando uno de los tantos mitos sobre la sacarosa.

El exceso de azúcar puede ocasionar lo que se conoce como desequilibrio glucémico, un combo de sobrepeso, colesterol alto e hipertensión. Pacientes delgados, pero con panza, un fenómeno muy común en las poblaciones actuales. “Hay que tener en cuenta que más allá de la sacarosa en sí, el azúcar está en todos los productos industrializados y no sólo en los alimentos dulces”, indicó Pesasi.

A esto se le suma el crecimiento del sedentarismo. En Argentina, sólo uno de cada cinco niños y adolescentes cubre la recomendación diaria de actividad física, alerta la Secretaría de Gobierno de Salud.

Asimismo, los frenéticos cambios sociales de los últimos años han modificado muchos aspectos de nuestras vidas y las mesas de los hogares no son la excepción. “En la casa ya no se cocina como antes, uno llega cansado y termina comprando comida hecha o utilizando alimentos ultraprocesados, que tienen un alto contenido de sodio y grasas, lo cual aumenta la presión arterial y el colesterol”, señaló la especialista de la FJVR.

“Aunque para algunos sea difícil de creer, una alimentación saludable acompañada de ejercicio físico logra grandes cambios”

¡Químicos a la mesa! En la producción y venta de alimentos industrializados, los componentes agregados son la principal amenaza. En pos de satisfacer la necesidad de una venta rápida y masiva, se utilizan ingredientes ajenos a la cocina doméstica, como caseína, lactosa, suero de leche, gluten o aceites hidrogenados. «También se usan muchas grasas trans para la conservación, las cuales no pueden ser procesadas por el cuerpo y aumentan el colesterol, entre otras alteraciones”, advirtió Pesasi.

Las gaseosas representan otro de los grandes epicentros del debate nutricional. Resulta que estas bebidas, además de contener grandes cantidades de azúcar, incluyen ácido fosfórico, un elemento que, en exceso, evita la asimilación del calcio y produce la desmineralización de huesos y dientes. “A veces se opta por gaseosas light, pensando en el daño del azúcar, pero no se tiene en cuenta que los demás componentes son igual o más perjudiciales”, apuntó la médica.

Además, los alimentos envasados más populares no sólo son elegidos por una cuestión publicitaria, sino también por efecto de su palatabilidad. “Son productos preparados para agradar y generar una necesidad adictiva, te incitan a seguir consumiéndolos. Son los químicos los que generan ese efecto», aclaró Andrea Pesasi para explicar el extendido consumo de ciertos alimentos como las galletas o las papitas, que no faltan en los recreos escolares.

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Las reglas NOVA, una simple guía de alimentación. Introducir conocimientos y cambiar hábitos no es sencillo, aunque existen técnicas que facilitan estos procesos de revolución culinaria. Tal es el caso de la clasificación NOVA, una guía para la selección de alimentos que los agrupa según su naturaleza, finalidad y grado de procesamiento:

  • Alimentos sin procesar o mínimamente procesados: Son los obtenidos directamente de la naturaleza sin alteraciones (ej. fruta) o que han pasado por procesos sencillos de molienda, prensado, refinado o triturado (ej. aceite).
  • Ingredientes culinarios procesados: Sustancias extraídas y purificadas por la industria a partir de componentes de los alimentos o de la naturaleza que se utilizan en la preparación de comidas (ej. azúcar).
  • Alimentos procesados: Se elaboran al agregar grasas, aceites, azúcares, sal y otros ingredientes culinarios a alimentos mínimamente procesados (ej. pan).
  • Alimentos ultraprocesados: Son formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas. Vienen listos para consumirse y requieren poca o nula preparación culinaria (ej. galletas).

Los productos de este último grupo refuerzan los aspectos positivos de sabor, textura, aroma, etc., pero son poco saludables, ya que contienen menos proteínas, menos fibras, más azúcares libres, más sodio, una alta densidad energética y más grasas totales y saturadas.

“Los alimentos ultra procesados simulan nutrientes, pero están hechos pura y exclusivamente con químicos. Pueden conservar algún recuerdo del nutriente inicial, pero la mayoría utiliza imitaciones que sólo generan calorías vacías «, advirtió la médica Andrea Pesasi.

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