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Guillermo Liendo se sube a la nueva ola


Lejos de la popularidad del fútbol o el creciente apoyo económico del rugby, el waterpolo se presenta como una práctica de estructura pequeña y gran potencial colectivo. Guillermo Liendo, profesor de Educación Física y entrenador de esta singular disciplina, se tiró a la pileta para ahondar en torno a un deporte diferente.

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Guillermo Liendo afirma que el waterpolo es un deporte mucho más vinculado a la fuerza que a la resistencia.

Colaboración: Tomás Bertocco y Tomás Bronstein (5to IENM). Tomás Touriño y Augusto Destéfanis (5to IMVA).

Dentro de una pileta, en un espacio delimitado de treinta metros de largo por veinte de ancho, tiene lugar un deporte cuya práctica fue iniciada hace 150 años en espacios abiertos como lagos y ríos. Así, el waterpolo moderno nace de la unión de prácticas acuáticas anteriores, que iban desde jinetes sobre barriles de madera, a pequeños lapsos de distracción con pelota para practicantes de natación.

A contracorriente y sin demasiado apoyo gubernamental, en nuestro país esta disciplina atraviesa un reverdecer a pasos pequeños, pero constantes. Su cultura amateur y el reto de moverse con gran fortaleza en el medio acuático, lo vuelve un deporte tan interesante como desafiante.

El joven profesor de Educación Física, Guillermo Liendo, es parte de una generación que trabaja para dar impulso al waterpolo, aprendiendo sobre la marcha, nutriéndose e investigando sobre una práctica que supo congregar a grandes equipos en Córdoba más de cincuenta años atrás.

Para Liendo, al igual que para otros profesionales de la Educación Física, el waterpolo era un terreno a explorar deportivamente. “Yo hice natación durante toda mi vida, me especializaba en eso, pero tomé contacto con el waterpolo en un curso de guardavidas y comencé a practicarlo a partir de un proyecto que llevamos a la facultad”, contó Liendo en diálogo con Radio El Milenio.

Guillermo supo desde el principio que sería complejo. Arrancar de cero, recorrer lugares buscando referentes, armar equipos, revisar libros y videos para entender los movimientos, las tácticas y su enseñanza. Sin embargo, nunca bajó los brazos y hoy es un referente del polo acuático en el ámbito cordobés.

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“El waterpolo es muy comparado con la natación y también tiene elementos del hándbol, aunque otros lo llaman ‘rugby bajo el agua’, porque hay mucho contacto físico”

El Milenio: ¿Con qué otras disciplinas compararías este deporte?

Guillermo Liendo: El waterpolo es muy comparado con la natación obviamente y también tiene elementos del hándbol, aunque otros lo llaman ‘rugby bajo el agua’, porque se trata de un juego de mucho contacto físico.

El deporte te permite tener siete jugadores en cancha. Los partidos tienen cuatro tiempos de ocho minutos. Al igual que en el básquet, existe un cronómetro, en este caso para tirar al arco. Son treinta segundos. Si no finalizás la jugada, la posesión pasa a ser del otro equipo. Los descansos son de dos minutos, salvo el del medio que es de cinco. En total los partidos duran alrededor de una hora y media.

EM: ¿Qué tan demandante es físicamente?

GL: Existe una tendencia a pensar que es durísimo, la gente ve al waterpolo como un deporte de resistencia. Pero, si bien puede llegar a tener alguna similitud en ese sentido con la natación, en realidad este es un deporte de fuerza, más que de resistencia.

Acá no podés tocar el fondo, ni aferrarte a los costados de la pileta. Para eso se ejecutan distintas técnicas de flotación, en las que siempre se debe tener una mano libre para sacarte la marca rival de encima. Para eso también es necesaria mucha fuerza de piernas. Va en contra de todas las leyes de la natación, porque lo que buscamos en esa flotación no es la dinámica, sino la estabilidad dentro del medio acuático.

En este momento, estoy trabajando con seis personas que apenas llevan algunas semanas entrenando y ya saben flotar, desplazarse y manejar la pelota. Cuando se trata de principiantes, comenzamos a mostrarles cómo va a defender el rival, con una mano arriba, sin tocarlos. Luego, paulatinamente, les enseñamos a jugar cada vez con más presión en la marca. La clave es el trabajo progresivo. En cuatro meses un alumno puede adaptarse a la disciplina.

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Buscando el control del cuerpo en un medio distinto, el waterpolo apuesta a técnicas muy diferentes a las de la natación.

EM: ¿Qué técnicas se necesitan?

GL: Acá buscamos el dominio del cuerpo. Si vamos a algunos ejemplos, la patada crol se utiliza muy poco, apenas en los casos en los que necesitamos picar. Utilizamos mucho la patada de pecho y otra que se llama batidora, que es una patada alternada con las rodillas muy arriba. Si bien con esta patada no tenemos velocidad, sí tenemos estabilidad, y un jugador logra saltar hasta que incluso parte de sus piernas quedan fuera del agua.

Esa es la patada base del deporte. Es la forma de establecernos en una posición. El arquero además hace un movimiento de batido con las manos, que le permite estar mejor preparado para atajar o tapar al atacante. Tener las manos en esa posición le permite al portero sacar una brazada y moverse rápido hacia distintos lugares.

Después utilizamos una patada tijera, que suele utilizarse en rescate, y la patada pistón. Son movimientos fáciles de aprender (la batidora es quizás la más compleja al requerir mayor coordinación). El batido de manos es parecido al que se usa en nado sincronizado, de afuera hacia adentro, como las hélices de un helicóptero.

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La clave es el trabajo progresivo. En cuatro meses un alumno puede adaptarse a la disciplina.

EM: En cuanto al posicionamiento y las distintas destrezas, ¿cómo funciona el waterpolo?

GL: La forma de juego a veces es similar al hándbol, en el modo de armar una estructura para atacar y defender. Tenemos un armador al centro, dos tiradores al costado y dos puntas, que son los más abiertos en la cancha. Al medio está el boya, que representaría lo que en el fútbol es el centro delantero. Es el único jugador que casi siempre se planta de espaldas al arco.

Los que están más cerca de las bandas, generalmente, son los jugadores más rápidos. Los postes son los que tiran más rápido y el boya es la posición más física de todas. Todo el tiempo debe estar en contacto con el jugador rival, luchando con fuerza para mantener el lugar, darse vuelta o contener al adversario. Es una posición donde todo el tiempo se generan expulsiones y un puesto muy importante, ya que dominar ahí te permite imponer buena parte de tu juego.

EM: ¿Se trata de un deporte costoso?

GL: No, para nada. Es uno de los deportes acuáticos más baratos, de hecho, es más barato que la natación en muchos casos. Lo caro es la compra de materiales: el arco flotante, la pelota, los gorros, etc. Son muchos elementos importados. Pero en general no es un deporte caro, con cuotas de mil pesos o menos hay grupos que entrenan todos los días.

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“Yo hice natación durante toda mi vida».

EM: ¿Por qué pensás que el waterpolo no es tan popular en nuestro país?

GL: El año pasado, el equipo nacional de waterpolo máster, con un grupo de jugadores de Mar del Plata, salió campeón mundial. La noticia no salió publicada casi en ningún lado, es decir, en primer lugar, hay una falta de difusión.

Luego está el tema de la rentabilidad. En natación, poniendo andariveles en la pileta, podés generar más dinero, ya que necesitás menos espacio que en el waterpolo.

A su vez, no hay formación docente en este deporte. En el profesorado, deportes como el waterpolo o el hockey sub-acuático ni se tocan. Más allá de los conocimientos acerca de la dinámica de un juego colectivo, hay cuestiones técnicas muy específicas que hay que adquirir sobre esta disciplina.

El waterpolo masculino debutó a nivel olímpico en los Juegos de París 1900, mientras la rama femenina recién hizo su aparición en las Olimpiadas de Sídney 2000.

Por último, creo que hay una tendencia a pensar sólo en la natación a la hora de iniciar a un niño en el medio acuático. Los padres mandan a los chicos de cuatro años a aprender estilos de nado, cuando en realidad a esa edad es importante que adquiera otras destrezas como, por ejemplo, el manejo de su cuerpo dentro del agua.

Estos factores terminan segregando a deportes como el waterpolo, que además es dejado para los últimos horarios, de noche, ante la mayor ganancia que genera la natación.

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Fotografía: Gustavo Sobschik.

EM: ¿Existen competencias en nuestra provincia?

GL: Justamente el año pasado se realizó una liga cordobesa de waterpolo, que invitó a todos los equipos de la provincia. Fue una experiencia muy positiva y novedosa. También las escuelas van armando pequeños torneos entre ellos, a veces en una versión más reducida, con cuatro jugadores por equipo. La cancha es más pequeña y los partidos son muy dinámicos. De a poco estamos logrando juntar varios equipos y extender esto en el tiempo.

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