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¿Qué pasó con… el centro vecinal P.A.S. de Río Ceballos?


A principios de los años 90, un grupo de vecinos incentivados por Luis Carnero decidió conformar este espacio en común para los barrios Pietri, Amistad y Sábato. Si bien el centro ya está disuelto, Luis Carnero –hijo- rememora anécdotas que ilustran la entrega desinteresada y permanente que su padre tuvo para con su comunidad.


El Milenio: ¿Quiénes crearon el centro vecinal P.A.S.?

Luis Carnero: Mi viejo junto a Jorge Varela, Marcelo Negretti y otros vecinos que tomaron el compromiso de empezar con el Centro Vecinal PAS, integrado por los barrios Pietri, Amistad y Sábato. Hoy en día, tanto Amistad y Sábato ya tienen su Centro vecinal propio y ha quedado pendiente la conformación del de Pietri.

EM: ¿Y qué impulsó a su padre a ser parte de ello?

LC: Mi viejo siempre ha sido una persona comprometida socialmente, sobre todo con los vecinos y el barrio. Si bien viene de la rama del deporte, del fútbol, él siempre tuvo una arista social. También las circunstancias del barrio, las necesidades, demandaban un nexo entre algún referente barrial y el Estado Municipal. Al principio fue una gestión individual, por tener conocimientos en política, y luego consideró propicio armar el centro vecinal, una comisión en donde más vecinos pudieran estar involucrados para conseguir cosas para el barrio, según las necesidades que surgían en ese momento, por ejemplo, el alumbrado, la seguridad, el mantenimiento de las calles, el río limpio, que la recolección de basura fuera la óptima, que tuviéramos el servicio urbano de pasajeros. Logramos tener una oficina de atención a los vecinos donde ellos llevaban sus reclamos y nosotros los derivábamos después a las áreas pertinentes del municipio.

EM: ¿Dónde funcionaba la oficina?

LC: La oficina estaba en Anchorena, en la esquina con Roma, donde tiene actualmente el predio el centro vecinal; es un terreno donde funcionaba el Club Ñu Porá, del que mi papá era dirigente de fútbol con Don Luis Montivero y Don Negretti, ellos donaron ese espacio de tierra, que el centro vecinal después se lo da al municipio para que lo administre como espacio público, pero con sesión al centro para que lo pueda usufructuar como propio.

EM: ¿Y el predio de la Plazoleta?

LC: La Plazoleta “Combatientes de Malvinas” también es un espacio público donde antiguamente funcionaba un bombeo de agua para el barrio y que la Municipalidad se lo cedió al centro vecinal para que pudiéramos hacer una plaza ahí. La biblioteca es del año 2002 y el predio es de fines de los 90´

EM: ¿Por qué se decidió conmemorar a los ex combatientes de Malvinas con este espacio público?

LC: Yo estuve en Chubut para la época de las Malvinas, si bien no llegué a estar en la guerra, fui un conscripto en el 82, tenía 18 años. Mi viejo era un patriota y trató de lograr un espacio para los combatientes, los caídos -que en Río Ceballos son muchos- y un poco en la solapa para mí.

Cuando se hacía el acto protocolar en la plazoleta de Malvinas, que tenemos cerca de la Shell, mi papá se iba de ahí a la plaza Combatientes de Malvinas donde les ofrecía chocolate y todo lo que la gente les había dejado. Allí se hacía un pequeño acto y los que podían, hacían una recepción -los chicos me decían que a veces eran más lindos los actos en la plaza del barrio que los protocolares-. Ahí se vivía otro momento, un poco más emotivo, más propio al esperarlos con el chocolate caliente, con torta y facturas, lo que generaba algo lindo.

Mi viejo pintó en una pared a las Islas Malvinas y se logró armar en otra de las paredes un relato o una poesía, se trabajaba también en conjunto con escuelas. Todo estaba muy lindo, mi papá lo mantenía así; cada mañana se iba con el tarro de pintura…

En el último acto de Malvinas pude hacer contacto con los ex combatientes –hablé con Daniel Alcántaro que es uno de los referentes- donde les propusimos la idea de armar un proyecto para que se pudieran “apoderar” de la plaza, que la sientan como propia; que el espacio donde está la biblioteca pueda ser un lugar para reunirse o para preparar cosas en común ya que como no hay centro vecinal, ellos pudieran seguir sosteniendo esta costumbre; quedó pendiente el tema.

EM: También tenía un significado más cultural o sentimental…

LC: Mi papá no se perdía acto de la bandera, (siempre llevaba escarapelas de más, para ponerle a quién no tenía), amaba el himno nacional, si se cortaba el sonido cuando se estaba cantando, él no paraba. Mi mamá siempre decía: “tu viejo es único, no sabés la que hizo esta vuelta”.

Y bueno, mi viejo era así; también creó la biblioteca que llegó a tener 3000 fascículos de libros y enciclopedias. Se hablaba con instituciones y colegios y se hacían actividades en la plaza y la biblioteca.

EM: Cuando fallece su papá en 2015 ¿Ya se había disuelto el Centro Vecinal?

LC: Cuando él fallece el centro ya no estaba vigente.

EM: También aportó en gran medida al deporte, en particular al fútbol para los niños del barrio…

LC: ¡Con el deporte mi papá fue una cosa increíble! Quedan recuerdos en muchos jóvenes que jugaron fútbol o que practicaron deportes con él. Mi papá iba casa por casa y subía a los chicos al Falcon, llevaba chicos hasta en el baúl, en la época que se podía (risas). Es más, cuando estuvo enfermo -empezó con una demencia senil- veía a los chicos y decía: “me están esperando”. Me preguntaba si había puesto los sándwiches, la fruta, porque él quería ir y acompañarlos. Yo creo que soy una continuidad de él, pero no le ato ni los cordones.

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