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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

La indignante desvalorización del arte en las sociedades actuales

OPINIÓN 

El arte plástico, es el único elemento físico que sobrevive al paso del tiempo y al devenir de las sociedades, convirtiéndose en el vestigio vivo de todo aquello que respecta al ser humano, la única huella capaz de plasmar en el futuro absolutamente todo lo que respecta a aquel que tiene la ineludible voluntad de producir el efecto de la creación de las formas que simbolizan emociones y características humanas.

“El arte es la red fatal que captura esos momentos extraños, como si fueran mariposas misteriosas que huyen de la inocencia y distracción de los hombres comunes”, Giorgio De Chirico *1

Nos encontramos en una época compleja, en la época de la contemporaneidad ya explotada, creemos conocerlo todo, haberlo descubierto todo. Ya no nos impresionamos tan fácilmente, no hay muchos esquemas que romper, prevalece la monótona repetición de patrones y conceptos ideados por otros.

Hoy en día todos pueden ser artistas, lo cual no es algo totalmente malo, por fin logramos despegarnos de la idea del arte elitista y solo apto para consumo de las clases altas, de la idea de “artesanía” o “arte menor” referido a las producciones de pueblos originarios, entre otras. Hoy decimos que todo vale, el ser artista es una decisión personal.

El problema surge cuando, en medio de toda esta alocada liberación, nos encontramos frente al desprestigio del trabajo. En general, se premia con un incoherente reconocimiento a aquellas producciones que requieren del menor esfuerzo posible, aquellas que quizás, en otra época, sí hubieran generado un impacto porque su función sería otra: la de romper con patrones hegemónicos preprogramados.

Pongamos un ejemplo simple, muy probablemente un lienzo en blanco con una mancha de pintura en el centro,-realizado por una persona de apellido, o con contactos de gran poder adquisitivo-, se venda por un precio muchísimo más elevado que aquella obra que requirió de horas de estudio, técnica y trabajo. No hablamos de números chicos, sino de cifras exorbitantes. Dinero, dinero es lo que está moviendo el mundo ahora, respaldado por el sistema capitalista. Pero, ¿de qué estamos hablando?

De bienes de consumo para satisfacer una supuesta necesidad y así poder generar un beneficio económico. En muchos casos hablamos de una necesidad que el mismo sistema crea, nos vende la idea de que realmente necesitamos algo para vivir, cuando muy probablemente la realidad no sea esta.

El capitalismo otorga influencia social a quienes controlen la propiedad de los medios de producción: la burguesía, la cual por lo general es la que consume y hace apología del consumo del arte contemporáneo ,teniendo gracias a su capital, el derecho a determinar si una pieza de arte es tomada como tal o no, y del valor de la misma. Esto crea a su vez una sociedad de clases en relación con el éxito o fracaso económico en el mercado de consumo, para que luego puedan entrometerse y modificar la cultura, además de generar numerosas desigualdades socioeconómicas.

Entonces, ¿el dinero nos da el poder de influir y dictar nuestro mayor medio de expresión y su valor? El capitalismo y todo su alienado séquito de ignorantes incultos, logró convertir al elemento más preciado y que reúne toda la esencia del ser humano, en sólo otra pieza en su tablero comercial.

Además, creo que las grandes multinacionales son responsables de la desigualdad y dependencia del tercer mundo respecto al primero, ya que debido a su gran depósito de capital, se ven en la posibilidad de asfixiar a aquellas empresas que no tienen los recursos para competir contra ellas, por ejemplo, una multinacional puede reducir el costo de un producto y acceder más fácilmente a que este sea consumido, porque puede respaldar esta insignificante pérdida.

En cambio una PYME por ejemplo, nunca podrá reducir el costo de la misma forma, creando una dependencia a la voluntad de este productor reinante; así es como se consigue también que éstas PYMES solo puedan acceder a la materia prima producida por la gran empresa. Sin ellas no pueden fabricar y por culpa de ellas no pueden expandirse, las mantienen a raya y en un constante y completo estancamiento.

Lo mismo ocurre con los que tienen la osadía de crear: un/ una artista salido/a de la nada nunca podrá competir contra alguien cuyas obras están muy sobrevaluadas, por gracia y mérito de la burguesía, no importa cuánto se desviva trabajando, si no cuenta con esta falsa aceptación. Aquí está el problema, las clases altas tienen inevitablemente un cierto control o poder sobre el resto de la sociedad, por lo que, si éstas determinan que algo no debe ser aceptado, comenzarán con una serie de efecto dominó que conllevará al inevitable desprestigio y rechazo. El propio sistema nos aliena y nos coloca directamente por debajo del preciado capital que tiene el poder hasta de cambiar nuestro criterio.

Cada uno de los actores del mercado actúa desde un individualismo puro, buscando la maximización del beneficio propio por medio de la acumulación y reproducción de capital. Así es que a ciertas personas que se hacen llamar artistas no les importa el deterioro inminente de  los valores culturales, con tal de enriquecerse con el menor esfuerzo posible.

El capitalismo nos sumerge en una cultura de consumismo desenfrenado, no solo de aquello que les compramos a estos grandes productores, sino también lo que, en su afán de propaganda expansionista, nos imponen de parte del sistema. Así es como surgen estereotipos y patrones hegemónicos que al parecer son indiscutibles porque así lo dictan los que reinan este sistema.

Sabemos que ciertas marcas de ropa realizan su producción gracias a talleres clandestinos, y de igual forma consumimos, -sólo por el hecho de consumir-, porque el sistema dicta que debemos hacerlo y que sólo así alcanzaremos la supuesta aprobación social. Claro que existen excepciones idealistas, pero en mi caso no conozco muchas.

Nos enceguece, nos aliena, nos hace olvidarnos de nuestra propia humanidad, (siendo un poco dramática).No solo nos hace olvidarnos de que existe el otro, si no que nos perdemos a nosotros mismos.  Gracias a este inmenso deseo de consumir, es que terminamos siendo consumidos nosotros.

*1: Cita del pintor italiano Giorgio de Chirico, -fundador del movimiento artístico “scuola metafisica”-, del libro “¿Qué es el arte?” , siendo una recopilación de definiciones de una multiplicidad de voces autorizadas del campo del arte y la estética ,compiladas por Guido Indij, editorial la marca, junio 2018.

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