- Por Juana Maidana
- Colaboración: Mabel Tula
Juana Maidana la una joven judoka (practicante de Judo) y vecina de Mendiolaza, que representó al país en el Campeonato Panamericano de Cadetes 2023, celebrado en septiembre de este año en Canadá.
La joven estudiante del Instituto Nuevo Milenio Unquillo logró traer a casa la medalla de bronce en la división de -57 kilos luego de imponerse a la mexicana Frida Maya.
“El judo me ha enseñado disciplina, paciencia y muchos valores importantes que trato de llevar a mi vida diaria. Agradezco cómo el deporte me ha ayudado a crecer y forjar mi personalidad”, comentó en una reciente entrevista con El Milenio la deportista de tan solo 15 años de edad.
Atendiendo a que el paso del tiempo ayuda a todas las personas a procesar mejor los pensamientos y sentimientos que uno experimentó en momentos clave de su vida, Juana escribió una interesante reflexión de lo que pasó por su mente durante aquel viaje que le permitiría traer una medalla a su patria.

«Me puse el jodogi, entramos en calor y me preparé para la guerra»
Me despedí de mi familia y agarré viaje a Buenos Aires, comenzó lo tan esperado. Nos encontramos con todo el equipo argentino de Ezeiza junto con nuestra técnica y entrenadora Paula Pareto. Fue un viaje largo y agotador de muchas horas de vuelo y escalas pero cuando llegamos fue un alivio. Estábamos tocando suelo canadiense, todo estaba bien. En Calgary, el lugar donde fue mi primer Campeonato Panamericano de Judo.
El día de la competencia, nos llevaron en una combi hasta el estadio. El lugar del torneo era una cancha de hockey sobre hielo pero la habían cubierto con láminas duras y negras, aunque igualmente parecía el Polo Norte estar ahí dentro.
Entré al área de calentamiento escuchando Katy Perry en mis auriculares, me puse el jodogi, entramos en calor y me preparé para la guerra.
Cuando me enteré que iba a luchar por el bronce me abrigué y fui a almorzar mientras hablaba por teléfono con mi papá. No tenía mucha hambre pero era lo mejor, así ganaba tiempo y se digería mejor la comida antes de luchar.
El comedor estaba en el tercer piso, había dos mesas largas y amplias con mucha comida. Me preparé dos sandwiches de atún, papa y queso dado que Paula me había dicho que para recuperar el cuerpo de forma adecuada, necesitaba proteína y carbohidratos.
Había que esperar cuatro horas para las finales y los bronces, así que después de almorzar y acostarme a descansar un rato, arrancó la movida.
Antes de entrar a luchar, Paula me agarró la cabeza y me dijo: “Garra, huevo y corazón, tenés todo eso, aplicalo”.
Cuando salgo de luchar no me la creía todavía, no era del todo consciente de lo que había pasado en cuatro minutos -el tiempo de lucha-¡¡Me llevaba a casa una medalla de la Panamericana!!
Paula me dió un abrazo enorme y me dijo: “Gracias Juanita, cuántas alegrías me has dado!”. Las dos estábamos muy contentas, yo no sabía cómo agradecerle y sentía que cada vez los agradecimientos tienen menos valor a comparación con todo lo que ella hace por nosotros, por el equipo y por mí.
En el momento en el que me estaba por subir al Podio tenía las patas heladas porque estaba descalza. Me entregaron la medalla, me dieron ganas de llorar, estaba tan, tan feliz que me imaginé a mis papás y a mi hermano gritando desde la tribuna, contentos. Ellos estaban viendo y apoyándome desde casa pero sentía que también estaban ahí.
Pensé en todas las personas que forman parte de mi camino de aprendizaje y me incentivan a avanzar. Me sentí plena y en casa, acompañada y cómoda. Era la primera de muchas, me dí cuenta que pertenecía a ese lugar asi que sólo respiré, me relajé y viví lo que estaba pasando.

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