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El sabor como tradición familiar

Hace 54 años la panadería Ana María Villar abrió sus puertas en la ciudad de Unquillo. Como hija de los fundadores, Ana sostuvo que el secreto para perdurar en el tiempo fue la honestidad. 

Hace 54 años la panadería Ana María Villar abrió sus puertas en la ciudad de Unquillo. Como hija de los fundadores, Ana sostuvo que el secreto para perdurar en el tiempo fue la honestidad. 

Por Amira López Giménez – amiralopez@elmilenio.info

Colaboradores: Carolina Nigro y Lucía Ortiz. 4°B IENM

[dropcap]L[/dropcap]a clásica panadería “Ana María Villar”, anclada en pleno centro comercial de Unquillo, fue fundada en la movilizante década de los ´60. Precisamente en el año 1964 comenzaron a cocinarse los primeros panes y especialidades pasteleras.

Sin ir más lejos, Ana María Villar, hija de Carmen Zangari y Norberto Villar, afirmó que este clásico espacio que lleva su nombre, ya es una tradición familiar. Su abuelo, Victoriano Villar trajo consigo desde España las recetas de la fécula de maíz y los secretos de su cocción. “Nos metió a todos en la misma bolsa de harina”, caracterizó la actual dueña de la panadería.

En un principio, la panadería se encontraba junto a otros comercios como “La Palma” de Don Mario o “Florida”. De a pasos pequeños y con una familia entera dedicada al trabajo entre harinas y hornos, hoy día la “Villar” ostenta uno de los mejores productos panaderos de Sierras Chicas, conservando una herencia de recetas familiares con sabores únicos.

Ana María no sólo es la maestra pastelera elaboradora de recetas, sino que además nada pasa desapercibido ante sus ojos. Todo se fabrica puertas adentro, sólo la materia prima y los sándwiches de miga son adquiridos de otros fabricantes.

El Milenio: ¿Qué modificaciones realizaron para mantenerse en el mercado?

Ana María Villar: En realidad, me tuve que ir achicando con el tiempo para mantenerme. Primero tenía reparto, pero los costos eran cada vez más altos y las ganancias menores. El tema es estar encima de todo continuamente, es necesario prestar atención a todo lo que hacen los empleados, controlar las ventas, buscar precios, consultar directamente con fábricas, no comprar de vendedores para evitar el manoseo y el incremento de los precios.

EM: ¿Ante la llegada de las franquicias de otras panaderías tuvieron que adaptarse?

AMV: Las panaderías no son un problema, porque ellos mismos hacen el pan y lo venden como corresponde. El problema son las reventas de los almacenes, carnicerías y supermercados de alrededor. En una cuadra hay diez negocios que venden pan y para la panadería es muy perjudicial. Ellos se conforman con ganar menos porque cuentan con otras cosas para vender. En un supermercado o un almacén hay miles de productos y no les importa ganar menos con el pan porque es un llamador y la gente lo compra diariamente.

EM: ¿Siente que ha crecido dentro del mercado?

AMV: La verdad que no. Crecí en calidad que siempre fue la misma y crecí en el concepto que la gente tiene de nosotros. Cualquiera que escuche a una persona grande dice que nosotros hemos variado la calidad de las cosas y cuando quieren comprar algo bueno vienen acá con los ojos cerrados. Creo que la honestidad que tuvimos a lo largo de tantos años, manteniendo la misma conducta y atención, hizo que la gente tenga mucha confianza. Ese es mi verdadero crecimiento: la confianza y la honestidad.

EM: ¿Qué es lo más pedido por los compradores?

AMV: Nuestro caballito de batalla es el pan criollo y los panes integrales. Lo que comprende la línea integral se está consumiendo mucho más, porque la gente está dejando un poco el pan blanco. Todo lo que tiene que ver con las harinas negras es lo más pedido en estos momentos, lo que más se vende.

EM: ¿Cómo afectó la tecnología a la hora de producir?

AMV: Tenemos una tecnología a medias, hay máquinas nuevas y modernas, pero no todo es lo último. Con la producción que tenemos no es necesario tener máquinas de alto rendimiento. Una máquina lleva 500 kg de harina y nosotros producimos mucho menos. Tenemos mucha variedad, pero poca cantidad de cada cosa, y no podemos tener alta tecnología. Estamos en un pueblo y nuestras ventas son en Unquillo únicamente, todo vendemos al mostrador. Entonces, con las máquinas que tenemos, que son bastantes nuevas y buenas, nos permiten trabajar mucho más rápido.

→“Creo que la honestidad que tuvimos a lo largo de tantos años, manteniendo la misma conducta y atención, hizo que la gente tenga mucha confianza. Ese es mi verdadero crecimiento: la confianza y la honestidad”.

Ana María Villar.

EM: ¿Tiene algún proyecto a futuro para la panadería?

AMV: No. Podría existir uno. El proyecto siempre está presente, pero, a mí me gusta vender en el lugar donde produzco, no me gustan las bocas de expendio. Cuando se delega es cuando se empieza a deteriorar la calidad de la mercadería. Pienso de la manera antigua: me gusta que las cosas salgan bien y estar encima de lo que se está produciendo para poder verlo. Ya estoy grande, tengo una edad donde necesito descansar un poco. Sí, me gustaría que alguien más lo haga como algunas de mis hijas, pero de mi parte ya no tengo más ganas de trabajar.