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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Siete Colores y un pincel

Siete colores es el seudónimo del muralista y pintor Marcos Sánchez en honor a su experiencia con la naturaleza de Sierras Chicas, motor de su inspiración plasmada en sus reconocidas pinturas.

Por Amira López Giménez – amiralopez@elmilenio.info

Colaboradores: Paloma Argüello y Abril Piedecasas​. 4°A IENM

Siete Colores se convirtió en un referente de los murales en Sierras Chicas. Con residencia en Salsipuedes, este artista explica que desde niño su pasión fue incontrolable. A partir de los seis años de edad ya asistía a dos escuelas artísticas, aparte del colegio primario y en su familia encontró el apoyo incondicional de sus padres y una abuela, apasionada y frustrada, a la vez por el dibujo.

Oriundo de San Francisco, pero enamorado de la vida en Sierras Chicas, este muralista y pintor llegó a los frondosos bosques de las sierras invitado por un amigo, luego de transcurrir varios años en la Maestría de Artes Visuales. Recorrió el mundo y en cada lugar ganó admiración y amor, aprendizajes y conocimientos.

Enamorado del paisaje serrano, Siete Colores se califica a sí mismo como un traductor del paisaje y su naturaleza. “Siento que todo esto existe porque está el monte y las sierras que me alimentan visualmente y todo es un aprendizaje de cómo se mueven las aves, cómo crecen los árboles, eso tiene mucha fortaleza”. Ha dejado pinceladas de su arte por toda Europa y Latinoamérica. Fue llamado especialmente desde México para llevar su creatividad. Una vez allí elaboró un mural que mostró la colorida cultura y los secretos del pueblo mexicano.

→“El arte me da libertad. Puedo llegar (a un lugar) con treinta pesos en el bolsillo y saber que el arte me va a proveer de alimento, casa, comida, todo. Tengo muy en claro que esas cosas llegan y hay que estar atento. El arte me ha salvado muchas veces y le agradezco la libertad de saber que no voy a morir”. Marcos Sánchez

El Milenio: ¿Hay como un amor especial al mural?

Marcos Sánchez: Sí, igual pienso que hay una cosa con el mercado del arte y su elitismo. Es un contexto en el cual me siento un poco incómodo. Además de pintar obras en mi taller, cuadros que se van a vender y alguien va a tener en la pared de su casa, me parece una manera un poco exclusiva, en el mal sentido de la palabra. Entonces, esto de ver murales y que sean para todos es más inclusivo. No todo se tiene que comprar, ni todo se tiene que vender. Y lo que sucede en un mural, aparte de la gente que lo va a ver cotidianamente, son varios factores. El tamaño es uno, por ejemplo. En esas dimensiones yo puedo hacer todo un despliegue de ideas y cosas que en un cuadro no podría hacer. Entonces, el formato da libertades para explorar.

EM: ¿Cómo es el tema de elegir lo que pintas?

MS: En ese sentido siempre trabajo con libertad. Soy medio cabrón, no me gusta que me anden diciendo cómo hacer las cosas y a su vez, soy permeable y atento. En México me dijeron ‘hacé lo que quieras, te sugerimos que trabajes con la cultura del pueblo’. Cuando investigué me encontré con una cultura muy rica y me convencí, porque lo que me interesa es la vida, el color, la fuerza, lo nativo, lo que está perdido y en realidad está ahí, sucediendo todo el tiempo.

Tengo libertades para trabajar y depende de los lugares y las paredes. Así me sucedió también en el Cerro Colorado donde hay muchas pictografías y cada punto representa la piel del jaguar que utilizaban los chamanes. El mismo Cerro Colorado me dio la temática.

→“Cuando vivía en Colanchanga había un pajarito siete colores o naranjero que en ciertas épocas del año me picaba el vidrio. Creo que él se reflejaba y se veía y a mí me permitía verlo un rato largo de cerca y ver lo bello que es ese pajarito con todas esas plumas. Uno se siente tan torpe, Dios hizo muchas criaturas del planeta y a nosotros nos reservó algo muy básico. Sin embargo, cuando uno ve algunos insectos o algunos pájaros uno dice ¡wow qué diseño, se tomó más trabajo para hacer esto! Y de ahí viene el nombre siete colores”.

EM: ¿Crees que hay una impronta distintiva en tus trabajos?

MS: Sí, hace un par de años que eso está sucediendo. Está la cuestión del trabajo en color, la naturaleza, la temática, el tratamiento más complejo de los fondos y me parece que ahí es donde le sacan la ficha. Mi intención es trabajar figura y fondo en casi todas las obras, sin embargo, no le doy más importancia a una o a la otra. Creo que las dos cosas tienen importancia, es como el aire que está entre nosotros, que, aunque no se ve, en él suceden cosas y cromáticamente también, sólo que son más imperceptibles. Y nosotros no somos más importantes que el aire, todo es importante para que exista. Me interesa eso: darle la misma importancia a la figura y el fondo.

EM: ¿Se elige eso de no querer vender cuadros?

MS: Yo voy terminando el cuadro y decido qué se queda. Cuando era más chico vendía todo y un artista de Cabana me dijo ‘hacés mal, cada tanto tenés que elegir uno y dejártelo para que sean parte de tu colección personal’, y ahí empecé a reservarlos.

Más allá de que me guste más o menos una obra, las que elijo dejar en mi casa es porque representan puertas. Como Alicia En el país de las Maravillas que está en una salita donde hay muchas puertas y tiene que decidir por cuál de todas ir.

De vez en cuando me encuentro en esa situación y es muy estimulante tener muchas puertitas, son como inicios de algo.

→“Es muy extraño encontrar en mi trabajo elementos inorgánicos, todos son personas, animales o plantas o combinaciones de todas esas cosas”, sostuvo el muralista Marcos Sánchez.

EM: ¿Cómo es el proceso creativo?

MS: Ayer pinté dos cuadritos. Elegí colores intensos de fondo. A uno lo pinté de un azul violento y al otro de naranja. Cuando le di color de fondo, el mismo color me tiró la data de qué podía estar habitando en ese lugar. Al naranja le apareció un cactus verde con espinas y una florcita a punto de estallar, me pareció que todo el verde del cactus hacía un buen contraste con el naranja. Uso mucho los contrastes de los colores. Como tratamiento de fondo le hice unas burbujas como muy imperceptibles, porque sentía un diálogo entre esas burbujas y las espinas del cactus. Se generaba una mini tensión porque si una de ellas caía, explotaba por la espina. Y no llega a esa instancia, quedó en el instante previo en el cual, al mismo tiempo, la flor iba a estallar. Me interesa mucho ese segundo previo antes de que estalle todo.

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